miércoles, 28 de febrero de 2018

México puede convertirse en una democracia populista y demagógica: Vargas Llosa


MADRID (apro).— El Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, alertó este miércoles que un triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones de julio próximo en México, significarían “un retroceso para México”, ya que lo convertiría en “una democracia populista y demagógica”.
“Tengo la esperanza de que haya lucidez en México, ante el populismo, la demagogia y las recetas fracasadas como en el caso de Venezuela, donde ahora el 90 por ciento quisiera salir de esa sociedad frustrada y fracasada”, dijo el escritor peruano durante la presentación de su libro “La llamada de la tribu”, una autobiografía intelectual y política.
Se cuestionó “si van a ser los mexicanos tan insensatos de votar por eso, teniendo el ejemplo de Venezuela enfrente”.
“Algunos países prefieren suicidarse, espero que eso no ocurra porque sería muy trágico para México, donde algunas cosas andan mal, pero otras bastante bien. Esperemos que el populismo no gane en México”.
Al término de la presentación de su libro en la Casa de América, el escritor cuestionado directamente por un posible triunfo de López Obrador, el candidato de Morena, respondió, “yo espero que no gane López Obrador, creo que sería un retroceso para el país”.
Vargas Llosa criticó las elecciones convocadas en Venezuela, que consideró “una farsa, porque hay mucho que no hay elecciones libres allí”.
Aseguró que serán unas “elecciones manipuladas y un fraude monumental, por la impopularidad del gobierno de Nicolás Maduro”.
En este sentido, el autor de La Fiesta del Chivo criticó al expresidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, a quien calificó de “ingenuo”, al llamar a los venezolanos a participar en esos comicios.
“(Esas elecciones) son una mentira flagrante, con la que Maduro persigue eliminar a la Asamblea Nacional”.

Fuente: PROCESO.

viernes, 23 de febrero de 2018

Germán, senador de Morena

Pablo Hiriart

23 de febrero 2018 El Financiero.
Hace algunos meses recorté (trabajo a la antigüita) un artículo de Germán Martínez Cázares que me pareció particularmente brillante, sobre la cobardía y abyección de los que se pasan a Morena porque ven inevitable el triunfo de López Obrador.
'Obediencia anticipatoria' se llama el texto de Germán Martínez, publicado en Reforma el 29 de marzo del año pasado, que arranca con una pregunta:
“¿López Obrador ganó, ya, la presidencia? Una mezcla de inevitabilidad histórica, derrota anticipada, cobardía cívica, cargada política, cuidado de negocios y trasiego de privilegios se siente en el ambiente. El rey se pasea, sus súbditos salen a vitorearlo”.
Al final del artículo Martínez Cázares da el antídoto para no irse a la cargada y conservar el decoro. Cita un texto de un profesor de Yale, titulado 'Sobre la tiranía', del que transcribe una de las lecciones del siglo XX: “No obedezcas por anticipado… la mayor parte del poder del autoritarismo le ha sido otorgado libremente… La obediencia anticipatoria es una tragedia política, significa adaptarse instintivamente, sin reflexionar, a una nueva situación”.
Y aplica el párrafo anterior a AMLO: “Ese ‘prontismo dócil’ no pregunta ‘qué cambió’ en quien presume haber cambiado; es la rana de Esopo, dispuesta a cargar al escorpión, con la simple promesa de que no lo picará… ja-ja-ja”.
Con ese rasero juzgó a Miguel Barbosa, en el texto referido, cuando éste se pasó a Morena para obtener una candidatura: “El senador Barbosa sin complejos ejecutó en lo alto de su circo el vuelo en el trapecio, intentó brincar de la barra horizontal del PRD a la de Morena, pero ¡sin soltarse de ninguna! (ni del dinero de la coordinación)”.
Apuntó algo digno de aplauso: “Es una herejía periodística exigirle (a López Obrador) aclarar sus nexos en Guerrero con los gobiernos manchados con la sangre de estudiantes de Ayotzinapa. Nadie tampoco le cuestiona que en la era de las energías renovables, quiera construir una refinería de petróleo”.
Del próximo senador de Morena también recorté un texto que es de una claridad meridiana acerca de su ideología: 'Cárdenas ha muerto', publicado en el mismo periódico cuando se aprobó la reforma energética. Dice:
“Un funeral. Con asombroso tino los diputados perredistas organizaron en el Palacio Legislativo unas pompas fúnebres por la muerte de Lázaro Cárdenas. ¡Acierto total! Efectivamente, la reforma energética ‘lo mató’; ojalá, su obra, jamás resucite!” .
Sustenta su dicho: “Aunque sea difícil entenderlo por tantos años de culto público, biografías acríticas y fanatismo político, el general Cárdenas representa muchas de las causas del atraso del país. La reforma energética representa reparar una de ellas. Verdadera hazaña derribarlo de su pedestal mitológico. El logro es del presidente Peña, pero también, y en gran medida, de la oposición socialmente útil del PAN”.
Remató su texto con una imagen fuerte –que no comparto: “Divinizar a Cárdenas le costó mucho al país. El régimen priista poco a poco se alejó de su pasado. El PAN le dio una victoria al futuro y a la modernización. La izquierda, huérfana de su Tata Lázaro, ¿por qué no propone expropiar los medios de producción, reanudar la lucha de clases y colectivizar los esfuerzos laborales? Hay conceptos políticos repugnantes, y difuntos que apestan”.
Lázaro Cárdenas no apesta en la historia del país, pero Martínez Cázares tiene todo el derecho a decirlo y López Obrador en hacerlo su candidato.
Pues ya tenemos a Germán arriba del trapecio, con el alacrán en la espalda. Suerte al momento del aguijonazo.
Suerte a Germán en su nuevo partido. Y una felicitación a quienes votarán por él.

martes, 20 de febrero de 2018

Candidatos de Morena, ¿la esperanza de México?

Pablo Hiriart
20 FEB. 18
La lista de candidatos de Morena al Senado es veneno para López Obrador. No hay teflón que aguante poner juntos a Napoleón Gómez Urrutia, Nestora Salgado, Félix Salgado Macedonio, apoyados por Elba Esther Gordillo y su familia.
¿Ellos son 'la esperanza de México'?
Puesto de otra manera: si no puedes con “la mafia del poder”, alíate a ella e incorpórala a tus listas.
A eso le llaman tener principios.
Gómez Urrutia, el líder del sindicato minero que jamás ha entrado al socavón de una mina (su padre sí) y que está acusado de quedarse con 50 millones de dólares de los trabajadores, va a ser senador por Morena porque AMLO lo puso en un lugar preferente de sus aspirantes plurinominales.
Desfalcó y se fue a vivir a Canadá bajo la protección de los poderosos dirigentes de sindicatos metalúrgicos de ese país. Obtuvo un amparo en México y al parecer por ello no podría ser detenido en caso de que regrese al territorio nacional.
Si lo aprehenden cuando vuelva al país, sería visto como una maniobra de venganza política por aliarse a López Obrador. Eso no va a ocurrir porque enturbiaría el proceso electoral y convertiría en víctima a su jefe.
Y ya en México, Napoleón Gómez Urrutia va a ser senador. Es decir, va a tener fuero, que es igual a impunidad. Ya la libró.
Otra candidatura de Morena al Senado es la de Nestora Salgado, que armó un grupo paramilitar en la costa chica de Guerrero, donde secuestraban y extorsionaban, maoísta, con estrecha cercanía a la guerrilla.
Ella estuvo presa por el delito de secuestro. Salió libre porque hubo irregularidades en los procedimientos al momento de su aprehensión, no porque fuese inocente.
También va al Senado, por Morena, Félix Salgado Macedonio, quien fue alcalde de Acapulco y se dedicó a la farándula en yates de lujo que quién sabe quién pagaba, mientras al puerto entraron para siempre los más peligrosos cárteles criminales del país.
Acapulco se vino abajo con Félix Salgado Macedonio, entre fuertes versiones de sus ligas con grupos de narcotraficantes que hasta el día de hoy no dejan en paz a esa plaza que debiera ser una mina de oro para los guerrerenses.
Todos ellos, y su candidato presidencial , cuentan con el apoyo de la exlideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo, su yerno, su nieto y su incondicional Rafael Ochoa, exlíder formal de ese sindicato, y que ahora arma las 'redes progresistas' para el apoyo cibernético de la campaña de López Obrador.
Así, con esa compañía, AMLO se propone liberar a México de la corrupción, de la violencia, y darnos un país mejor a todos.
Se presentan como “la esperanza de México”.
Y sin duda, ganen o pierdan, estarán en los puestos directivos en el Poder Legislativo de la República.
Si ganan la presidencia, tendrán el poder total.
Pero no es seguro que ganen. La señal de duda la mandó la también candidata plurinominal al Senado por Morena, la exministra Olga Sánchez Cordero, que sería secretaria de Gobernación en caso de que triunfe AMLO.
Su postulación al Senado nos indica que no creen en la victoria de López Obrador.
Ella misma lo dijo, “la elección es incierta”, por lo que prefiere pájaro en mano: una senaduría plurinominal. Y si ganan, venga pues la Secretaría de Gobernación.
Ahí está parte del abanico que va a acompañar a López Obrador en la conducción del país desde el Poder Legislativo.
Ellos son el soporte intelectual de lo que viene… si es que gana.

AMLO: intolerancia a la crítica

7/02/2018. Jorge Fernández Menéndez. No creo en las versiones AMLove porque el candidato de Morena lleva demasiados años demostrando que es un hombre irascible e intolerante.
Su incapacidad para aceptar una crítica la conocen todos los que han trabajado con él: Andrés Manuel ordena, no pregunta, no acepta jamás una entrevista con un crítico porque el sólo hecho de serlo lo convierte en enemigo; si llega a un acuerdo con un medio, por ejemplo, y algún columnista o comunicador lo critica le reclama a los dueños de que violaron los acuerdos que habían alcanzado (y más de una vez pedido, no sé si logrado, que sus críticos dejaran ese medio). Puede admitir entre los suyos a todos los que acusó en el pasado de corruptos (y muchos lo eran y lo son) simplemente porque se acercaron a su persona, pero no puede aceptar un diálogo fluido con alguien que lo contradiga. 
No suele aceptar tampoco conversaciones con alguien que no haya sido "filtrado" previamente por alguno de sus hijos, sobre todo Andrés. Incluso uno de los principales disidentes del PRD que se fue por una candidatura a Morena reconoce en privado que durante largos meses no pudo ver a Andrés Manuel porque  no lo recibía y que el único contacto con el líder vía Andy. 
Para nadie es un secreto que tengo diferencias importantes con López Obrador desde hace años, pero no siempre fue así: cuando Andrés Manuel fue presidente del PRD tuve, como muchos otros, una relación profesional intensa y pública con él. Cuando ganó la jefatura de gobierno de la ciudad de México, me concedió (yo trabajaba entonces en MVS y Milenio) una de las primeras, quizás la primera entrevista desde que había asumido el cargo. Fue muy cordial, de más de una hora, se trasmitió por MVS sin corte alguno. Todos, aparentemente, estábamos muy satisfechos. Pero a Andrés Manuel no le gustó. Nunca supe por qué, no recuerdo si fue César Yáñez el que me lo comunicó, más como un comentario que como una advertencia. Pero desde ese día, que debe haber sido el 8 o 9 de diciembre del 2000, López Obrador nunca ha vuelto a darme una entrevista, misma que he pedido innumerables veces.
Fui muy crítico durante su gestión sobre todo cuando traicionó a Cuauhtémoc Cárdenas (un hombre con el que se puede tener desacuerdos, pero que es un paradigma de verticalidad y respeto) y a Rosario Robles, y cuando se terminaron de exhibir los actos corruptos de sus más cercanos colaboradores, como René Bejarano y Gustavo Ponce Meléndez. Todos los que preguntamos entonces qué sabía el jefe de gobierno de las actividades de dos de sus más cercanos colaboradores nos convertimos en parte  de la mafia del poder.
Unos años después publiqué un texto que sigo considerando absolutamente legítimo que se tituló De qué vive López Obrador. El mismo terminó circulando durante años en la red y medio mundo le ha agregado cosas de su cosecha, pero en el original simplemente nos preguntábamos de qué vivía, una pregunta legítima para quien durante cinco años no había tenido ninguna actividad productiva remunerada (y que desde fines de los 80 hasta ahora, salvo su periodo al frente del gobierno capitalino, tampoco la había tenido). Se desencadenó la ira de Andrés Manuel y sus allegados por haber osado realizar esa pregunta que cualquiera hubiera podido responder con toda tranquilidad. Decíamos entonces que no se podía tener una vida política intensa y activa, mantener a sus hijos en universidades privadas y en el extranjero, haber formado otra familia, tener un niño pequeño, sin ingresos. Preguntábamos de dónde provenían, porque Andrés Manuel insistía que nunca ganó más de 60 mil pesos mensuales entregados por su partido. Nadie ha visto jamás su declaración fiscal, su declaración de bienes no dice nada. Aseguró, muchos años después que vivía de las regalías de sus libros algo que los que hemos publicado y mucho sabemos que no puede ser cierto en México. Saber de qué vive un candidato, un político, es una pregunta tan legítima como preguntar ahora de qué vivió Marcelo Ebrard los pasados cinco años en París, Nueva York y Houston, ya que no trabajó durante todo ese período.
Así llegamos al día de hoy donde López Obrador acepta gustoso a Alfonso Durazo, a Gaby Cuevas, a la familia de Elba Esther, a Greg Sánchez y los suyos, a Cuauhtémoc Blanco y a tantos más que hasta hace unos días eran parte de la mafia del poder. Pero fue suficiente que Jesús Silva Herzog Márquez, al que nadie puede calificar como un defensor del actual gobierno, criticara en un texto absolutamente respetuoso esas incorporaciones diciendo que habían llevado a Morena hacia el "oportunismo", para que le llegara la condena desde la alturas y López Obrador colocara a Jesús y a Enrique Krauze en el carro de los corruptos y mafiosos del poder. Imposible un debate con él, imposible una diferencia. Ahí, cuando pierde el control es cuando muestra su verdadero rostro. El que asusta y preocupa. Y eso no cambiará hasta que Andrés Manuel acepte dialogar con sus críticos, no sólo con sus incondicionales.
Y ni hablemos de la idiotez suprema de uno de sus ideólogos, John Ackerman, insultando a todos los que vieron el domingo el súper bowl, un "deporte capitalista" (sic).

Germán, ¡político del montón!


México
Lo primero, reconocer que me equivoqué. ¿Por qué?
Porque a Germán Martínez sí le llegaron al precio. Y, como suele ocurrir, el tiempo lo puso su lugar.
Y es que el ex presidente del PAN está entre los políticos que olvidaron ideología, ideales e ideas por un vulgar “hueso”. Vulgar clase política.
Y viene a cuento porque en el Itinerario Político del 1 de febrero recordamos dos ocurrencias del presidente Álvaro Obregón que son parte de la picaresca de la clase política mexicana.
La primera, cuando Obregón dijo que sería el presidente más honesto… “Porque solo tengo un brazo para robar”. La segunda, cuando acuñó lo que hoy se considera epítome de la corrupción: “Nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos”.
El tema surgió luego que Germán Martínez reveló “una joya de la forma y el fondo” utilizados por Andrés Manuel López Obrador para estimular la cooptación, traición y deslealtad a partir del reparto de cuotas.
Es decir, AMLO estimula la codicia e impunidad —con la entrega de cargos públicos— y con ello dobla ideas, ideales e ideologías.
Como recuerdan, el ex presidente del PAN reveló que AMLO lo había invitado a ocupar la Fiscalía General en su hipotético gobierno, cargo que el ex jefe del PAN dijo rechazar.
Por eso, aquí dijimos que Germán Martínez “es uno de los políticos con la más sólida educación y con los principios mejor colocados. En realidad es un ideólogo del PAN y uno de los demócratas más acabados”.
Y es que en su momento, el jefe panista también renunció a la dirigencia de los azules, por vergüenza, luego de una escandalosa derrota.
Al final dijimos que lo importante no era “si Germán Martínez cree o no en López Obrador, tampoco si López Obrador engaña a Germán Martínez o engaña a todos los ciudadanos. No, lo importante es la revelación de la metodología empleada por Obrador para despertar la codicia de los políticos”.
Queda claro que la codicia se desata con los cañonazos de AMLO, al mejor estilo de Álvaro Obregón; “cañonazos que resistió Germán Martínez”, rematamos.
Sin embargo, me equivoqué. La realidad terca e inflexible demostró que el implacable tiempo siempre coloca a todos en su lugar.
Y es que Germán Martínez se dobló ante los cañonazos de López Obrador; olvidó ideas, ideales e ideología del PAN por un plato de lentejas.
Me equivoqué porque Germán Martínez no es el político con los principios mejor colocados, tampoco es un ideólogo del PAN y menos uno de los demócratas más acabados. Tiró al bote de basura toda su historia partidista, a cambio de una plurinominal de Morena en el Senado. Un plato de lentejas.
La realidad mostró que Germán Martínez es un político del montón, de los que se derriten al calor de un pequeño hueso, de los que se acuestan como férreos defensores de los principios que Gómez Morín convirtió en partido político —el PAN— y despiertan bañados por el populismo de izquierda y el servilismo “chabacano” al mesías.
Dilo si no la siguiente declaración: “Estoy listo para apoyar lo que ordene el candidato… Soy de los que con orgullo va a entregar volantes de López Obrador porque quiero que sea presidente… Porque con López Obrador habrá un mejor mañana”.
¿Qué debió pasar en la cabeza de Germán Martínez para producir un cambio ideológico de 180 grados? ¿Dónde quedaron lecturas, ideas, doctrina, congruencia, principios…?
Aquí documentamos la cachaza de “los políticos basura” que han saltado de un partido, a un segundo partido, a un tercer partido sin hacer gestos por tragar sapos y serpientes. Y hoy se confirmó que “el hueso” derrite lo mismo la fortaleza ideológica del más iletrado, que del llamado “intelecto de angora”.
Lo curioso es que Germán Martínez ratificó su amor a Morena y a López Obrador, justo cuando el tres veces candidato presidencial nos regala, a los mexicanos todos, la más acabada pieza de su ambición dictatorial.
Y es que en su discurso de aceptación de la candidatura presidencial, Obrador no solo regresa a lo más viejo del PRI, sino que construye su retórica al más puro estilo de Goebbels, el teórico del nazismo criminal de Hitler.
¿A qué nos referimos?
Solo los ciegos como Germán no la ven; López Obrador convierte las peores aberraciones de su personalidad en méritos de campaña y de gobierno, como la locura, la necedad, la tozudez y las ocurrencias. ¿El Hitler mexicano?
Habrá entendido el inteligente y culto Germán —derretido por un escaño— que detrás “de las nuevas virtudes” de AMLO; de “la locura, la necedad, la tozudez” y el fanatismo, está Goebbels?
El tiempo pone a cada cual en su lugar. El tiempo puso a Germán Martínez en el bote de basura.
Al tiempo.

martes, 6 de febrero de 2018

Los hijos de Andrés Manuel



El Estado Mayor de Andrés Manuel López Obrador es sanguíneo. La cúpula real de Morena, el partido que bautizó como Movimiento de Regeneración Nacional para que la masa lo vinculara subliminalmente con la Virgen de Guadalupe, y quienes están en la línea de sucesión de su control por la vía de la herencia política, no son sus compañeros de trabajo político de décadas, sino sus hijos. López Obrador tiene cuatro, tres de su primer matrimonio con Rocío Beltrán, quien falleció en 2003 -José Ramón, Andrés y Gonzalo-, y uno más, menor de edad, de su segundo matrimonio, con Beatriz Gutiérrez –Jesús Ernesto-. Los tres primeros forman el cinturón que rodea al candidato presidencial, y ante quienes todos tienen que someterse y pasar sus aduanas para llegar a él.
Andrés es el más importante, en todos los sentidos. Es el preferido de López Obrador, que tiene un lenguaje de cuerpo muy expresivo y no puede ocultar su preferencia por “Andy”, como lo llaman en el entorno más cercano del tabasqueño. “Andy”, el único de sus hijos mayores a quien López Obrador saluda de beso, controla la agenda de su padre –él decide a quién ve y cuándo-, y tiene bajo su responsabilidad la Ciudad de México. La precandidata de Morena al gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, no hace nada que no tenga la aprobación de “Andy”, o que no haya pasado por él. Andrés y la presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, integran lo que cuando perdió una encuesta secreta ante Sheinbaum para la candidatura capitalina Ricardo Monreal calificó, sin mencionarlos como “la nomenklatura”.
José Ramón, el mayor, es el coordinador estatal de Morena en el estado de México, donde el partido ha tenido un avance significativo y fue una pieza central en la pasada elección por la gubernatura para que Delfina Gómez, la candidata morenista, derrotara por 56 mil votos al candidato priista, Alfredo del Mazo, quien se levantó con la victoria por los votos que le dieron los partidos coaligados al PRI. José Ramón fue el responsable de formar seis mil 500 comités seccionales del partido en el estado, que sirvieron como defensa del voto aunque, dicho dentro de los órganos de poder de Morena, no fueron suficientes para cumplir el objetivo. Cuando menos en cuatro municipios, explican internamente, el voto rural priista fue completamente atípico y clave en la victoria de Del Mazo.
La experiencia del estado de México ha sido el ejemplo tomado por Gonzalo, el tercer hijo de López Obrador, para hablar de la importancia de los comités seccionales, cuya coordinación le entregó su padre. Estos comités son una distribución territorial de defensa del voto que López Obrador, dicho por él mismo, nunca pudo armar en el PRD. La estructura de defensa del voto fue instaurada en 2015, casi un año después de que Morena obtuvo su registro como partido en 2014. Cuando López Obrador se la encargó a Gonzalo, le exigió que cada una de las 68 mil secciones electorales del país estuviera compuesta por cuando menos ocho personas, que incluirían a un RC (representante de casilla) y a un RP (representante de partido); que debía haber un coordinador por cada 10 secciones urbanas, y otro más por cada cinco rurales. En junio del año pasado, Gonzalo cumplió la tarea.
Si bien el trabajo que realizan Andrés y Juan Ramón es fundamental para mantener el bastión lópezobradorista en el Valle de México, el de Gonzalo es esencial para aspirar realmente a la victoria en las elecciones del primero de julio. “Hay que avanzar como la humedad”, decía López Obrador al describir cómo debía ser el armado de esos comités seccionales, que fueron fundamentales para que Morena fuera apareciendo como partido en comunidades, regiones y estados donde no había figurado nunca. La confianza en él es tan grande, que los cinco coordinadores regionales nombrados por López Obrador la semana pasada –Bertha Luján, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Rabindranath Ramírez y Julio Scherer-, tienen a Gonzalo como su jefe directo.
El carácter endogámico del liderazgo real y formal en Morena no ha sido analizado dentro del partido. De hecho, se le considera como algo natural, derivado de una decisión de facto de López Obrador. Nadie lo cuestiona, ni nadie la reclama en la actualidad. Esta estructura de poder sería impensable en otro partido en México, donde la sola incorporación de personas cercanas a los liderazgos es motivo de ácidos cuestionamientos, curiosamente, mayoritariamente de las trincheras que defienden a López Obrador. Paradójicamente, en el caso de López Obrador, su palabra es absolutista.
Si los partidos en el mundo no son democracias sino estructuras verticales, en el caso de Morena su conformación es monárquica. La verticalidad es autoritaria –las asambleas a mano alzada y las encuestas secretas para designar candidatos son una de sus expresiones más públicas-, y los cimientos para la transición de Morena después de López Obrador, encuentran su modelo en las viejas casas reales europeas, donde el poder no se entrega mediante el ejercicio democrático o derivado de un sistema de méritos, sino que se cede a la misma sangre. El heredero de López Obrador es, como primero en la línea de sucesión, “Andy”.
López Obrador puede hacer todo lo que quiere con Morena porque el movimiento es él. Nadie le alza la voz; nadie objeta estas decisiones. Los hijos, aunque inexpertos en muchos momentos, tampoco le han fallado. El control vertical lo reproducen cabalmente, legado claro del pensamiento del candidato.