lunes, 28 de septiembre de 2020

CARTA DE UN CARDIÓLOGO AL PRESIDENTE AMLO:

Señor presidente AMLO; 

Me enorgullezco de ser lo que Usted  insistentemente  vitupera y desprecia desde su corta y sesgada visión del mundo.  Soy producto del estudio y del esfuerzo, del sacrificio y el tesón, no de la dádiva interesada y ventajosa que Usted dilapida con sombrero ajeno sin ningún pudor,  intentando comprar la voluntad y la simpatía de aquellos que,  por su condición de pobreza y obligados por la necesidad, son proclives a caer en sus redes de engaño y de mentiras.  

He servido a la Cardiología de este país durante más de 30 años, en el Hospital General de Mexico, orgullo de esta nación por estar destinado desde siempre a resguardar y a devolver la salud al sector más desprotegido y vulnerable de este país. A pesar de que ser lo que soy ha implicado  dedicar al estudio formal 25 años de mi vida, puedo gastar sin vergüenza cada peso que me llevo al bolsillo, producto natural de un trabajo honesto y de una actividad productiva que, aunque Usted lo dude, contribuye más al progreso que su discurso incendiario y resentido, cuyo único propósito es descalificar, dividir y confrontar a los mexicanos.

 No pretenda señor presidente endosar al gremio médico, al que desde su retorcida concepcion ideológica y su profundo resentimiento político a tachado de mercantilista, la responsabilidad de esta desgracia sanitaria; en el delirio megalómano de sus proyectos, de muy cuestionable utilidad para el desarrollo de nuestra nación, desoyó la voz de los expertos que lo conminaban a tomarse en serio la amenaza que se cernía sobre la población,  desatendió con insistentes  recortes al presupuesto sanitario a esos pobres que asegura defender, y condenó a miles de familias al sufrimiento de una enfermedad en medio del desabasto y las carencias materiales. 

La vida espiritual que exige en los demás, no cuadra con su ambición política desmedida ni con el desprecio y la falta de empatía que ha mostrado por las mujeres vulneradas, por las victimas de la violencia o por los enfermos que, golpeados por la pandemia, esperan entre el dolor y el sufrimiento el respeto, la seriedad y la preparación que corresponden a un verdadero jefe de estado. 

No se engañe señor presidente, no hay bienestar posible donde falta la salud, ni puede surgir espiritualidad alguna en quienes padecen hambre y pobreza al verse  empujados por sus ineptas decisiones al vórtice de una economía decadente. 

No señor, en el epicentro de una crisis educativa y social, o en medio de la tensión y el miedo que han generado la violencia y la inseguridad, que tan mediocremente ha combatido, la única transformación posible no transita por el camino del progreso sino por el sendero del desamparo, el abandono y la miseria. 

Sr Lopez Obrador:

A veces cuesta trabajo creer que sea Usted el presidente de un país, de esta nación generosa y magnífica que no se merece su ignorancia supina. Déjeme decirle que luego de haber completado una especialidad médica en México, estudie en el extranjero una alta especialidad, con los ahorros de dos largos años de trabajo ininterrumpido y con una pequeña beca que me concedió un Consejo Medico por mi desempeño académico. Gracias a esa formación, he podido ayudar a miles de mexicanos a recobrar su salud durante casi 30 años de carrera. ¿Y por haber completado mis estudios fuera de mi país afirma Usted que debería avergonzarme? Fue sin duda un tiempo difícil; Yo no me hospedé en hoteles de lujo, ni rente un jet privado, ni viaje a cuerpo de rey como lo hacen sus hijos con el dinero del erario. ¿Pero qué se puede esperar de las declaraciones de un presidente que busca a toda costa dividir a la nación? ¿Qué puede venir de un presidente que en vez de comportarse como un estadista y de gobernar sin distingos para todos los mexicanos, fomentado así el progreso y el logro productivo, atiza el rencor, aviva el resentimiento y siembra el encono entre sus huestes?

¿De dónde saca Usted la autoridad moral para juzgar a quienes, como yo, contribuimos al crecimiento del país? ¿Usted que se ostenta como el combatiente de la corrupción, tolerándola con descaro entre sus leales y serviles? ¿Usted que en sólo dos años acabó con el empleo y con la inversión extranjera y que sumió al país en la peor crisis económica de la que tengamos memoria? ¿Usted que entre los miles de muertos causados por la pandemia, entre los cada vez más numerosos ejércitos de sicarios que matan y masacran sin piedad a nuestra gente, y ante los cadáveres  de esas 30 mujeres que a diario son asesinadas en este país, dedica sus mañanas a promociones partidistas y a ocurrencias electoreras? ¿Usted que aplica la ley a discreción o que la sujeta al capricho del pueblo, y que no tiene reparos en condonarle sus delitos a un delincuente confeso con tal de que se comprometa a enlodar a sus enemigos? ¿Usted que llamándose demócrata pretende a toda costa infiltrar a sus esbirros en los organismos electorales? Mentira!.....A usted no le importan los pobres, pues a su visión mezquina y anacrónica de la realidad le cuadra perfecto la expansión de la miseria; ahí es donde compra sus lealtades y donde subyuga con su dádiva la voluntad de los desamparados. Los expertos estiman que sus desatinos y su mal gobierno añadirá a las filas de la pobreza, solo en este año, a 23 millones de personas (1366 nuevos pobres por hora) que le pasarán factura en el juicio de la historia. ¡Antes de juzgar con ligereza a los demás, reflexione en sí mismo; a diferencia de Usted y de los políticos mediocres que han gobernado este país, los verdaderamente grandes rectifican el rumbo en la desgracia antes que sacrificar a una nación entera en el abismo de la megalomanía, la terquedad y la torpeza!


Atentamente

Dr. Javier González Maciel

jueves, 24 de septiembre de 2020

Nosotros no entendemos

Jorge Suárez-Vélez  en MURAL 24 Sep. 2020

Quien lee esta columna probablemente piensa más o menos como yo. Es lógico. El problema está en que cada vez nos encerramos más en herméticas cámaras de eco -las redes sociales- donde nos aturdimos oyéndonos a nosotros mismos. La estridencia crece de la mano de algoritmos, cada vez más efectivos, que nos alimentan contenidos que refuerzan lo que ya pensamos, sin importar que estemos lejos de la realidad.

En Estados Unidos, por ejemplo, quien ve Fox en la tele, lee el Wall Street Journal y escucha podcasts conservadores no comprende por qué quien ve CNN, lee el New York Times y escucha a liberales rechaza a Donald Trump. Para el primero, el éxito del Presidente es tan "evidente", como para el segundo lo es su fracaso. En México, el mismo argumento cabe: quien lee La Jornada cree que AMLO no va mal, y el lector de Reforma se siente al borde del precipicio.

El problema es que conforme más dudemos de la salud mental e inteligencia de quien piensa distinto, más dispuestos estaremos a justificar que se tomen medidas extremas -o incluso ilegales- para detener a quien está "obviamente" equivocado. Así, la brecha entre ambos bandos crece hasta volverse irreconciliable. La razón es desplazada por la víscera.

Nos estamos metiendo en camisa de once varas cuando un movimiento de clase media, no particularmente numeroso, toma la calle pidiendo la renuncia de un Presidente que arrasó en una elección legítima, y que mantiene el apoyo de la mayoría de los mexicanos. La petición es no sólo absurda, es arrogante y peligrosamente antidemocrática.

¿Queremos remover a López Obrador? Unámonos. Organicémonos. Derrotémoslo en las urnas. Así funciona la democracia. Pero más aún. Todo mundo tiene derecho a protestar. Las manifestaciones cacerolistas desde un automóvil subrayan que todavía no entendemos por qué AMLO ganó la elección. Desde la perspectiva de quien no tiene automóvil y las está pasando negras en esta bestial crisis, esa protesta carece de sentido; provoca un lógico y enérgico rechazo.

Reconozcamos de una vez qué tan ajena nos es la realidad cotidiana de millones de mexicanos inmersos en la pobreza, de quienes sufren violencia frecuente, de quienes son discriminados diariamente, de aquellos a quienes no volteamos a ver a no ser que tengan una pistola en la mano, de quienes no sueñan con que sus hijos tengan oportunidades, de los que pueblan esas encuestas PISA -que tanto nos avergüenzan- pero que no afectan a nuestros hijos, de quien no tiene claro cómo pondrá pan en la mesa o techo sobre los suyos.

Si no somos capaces de entender qué tanto no entendemos, a este gobierno flagrantemente inepto lo relevará otro similar. Eventualmente,

la brecha de la desigualdad se cerrará en México porque la clase pudiente se irá, o porque se logrará empobrecerla tanto que estará más cerca de quien seguirá siendo igual -o más- pobre. Porque este atroz gobierno sigue siendo el único presente en las plazas, el único que articula mensajes elocuentes; el que le habla a quien, con toda razón, está harto y perdió la fe; a quien, en una de esas, no está descontento con el desempeño de AMLO porque, por primera vez, comparte ese enojo con las clases medias que se manifiestan desde su automóvil. Al menos, ahora nos tocó parejo.

Nuestra protesta tiene que cambiar de rumbo y de objetivo. No debe ser para arrollar a nuestra democracia, ciertamente perfectible. Debe orientarse a blindarla; a exigir respeto a las instituciones, a la libertad de expresión, a la separación de poderes, a los órganos autónomos. Debe insistir en que discutamos soluciones serias para los graves problemas que enfrentamos y que jamás se resolverán con el simplista voluntarismo del Presidente.

Pero, sobre todo, debemos dejar de descalificar a quien no piensa igual. Entendamos de una vez por todas que su perspectiva es diametralmente distinta. Si no aprendemos a respetar y a comunicarnos con quien ve las cosas distinto, jamás volveremos a ganar una elección. Si no somos capaces de encontrar propósitos comunes, este cruel deterioro se hará permanente.

@jorgesuarezv

martes, 22 de septiembre de 2020

El déspota

 Francisco Martín Moreno en MURAL 22 Sep. 2020

El déspota, según lo establecen los diccionarios de política, debe apartarse de la insolencia, del desprecio y de la autocracia o deberá enfrentarse al pueblo en las calles, enfrentamientos que ya existen: basta con asistir hoy mismo a la Avenida Juárez o a las ciudades y pueblos visitados por AMLO para demostrarlo. El déspota es aquella persona que al abusar de su autoridad, al despreciar a sus subordinados, a quienes no considera ciudadanos, sino súbditos, cae en mismo tipo de relación que un patrón intolerante tiene con sus empleados. ¿El lector ya se percató de las palabras que definen a AMLO? Aquí voy: polarización, autoritarismo, desconfianza, desorden, ilegalidad y descalificación y, por lo mismo, desprecia los acuerdos, la conciliación, el diálogo, la certeza, la prudencia, la armonía y el verdadero respeto. ¿Ya fue a Chihuahua? ¡No! ¿Ha tomado las llamadas del gobernador Corral? ¡No! ¿Se apresuró a surtir de medicamentos a los hospitales infantiles públicos para salvar la vida de pequeños enfermos de cáncer? ¡No! ¿Negoció con la iniciativa privada? ¡No!

Para AMLO, su voluntad, la del patrón ciego y sordo, es su única ley. Es el mismo líder tiránico que mandó "al diablo a las instituciones de la República". El Presidente siente tener el derecho de suprimir la libertad de los ciudadanos sin dignarse a explicar los motivos de su conducta. Estamos frente a la posición del déspota que ejerce su poder inatacable al distribuir a su antojo el presupuesto federal de egresos en términos de sus caprichos incuestionables, ante una sociedad adormecida que va surgiendo de su histórico sueño letárgico. ¡Claro que el déspota piensa que sus decisiones no pueden ser anuladas y quien se atreve a anularlas es un enemigo del pueblo, en todo caso un conservador, un bote de basura, de indeseables, en donde arroja a sus opositores, ya sean liberales de viejo cuño, pensadores de vanguardia o críticos luchadores por las más caras causas de la democracia!

Mientras el tiempo va descubriendo el auténtico rostro de AMLO como el gran déspota de México del siglo XXI, más empiezo a extrañar la magnífica atmósfera de libertad que nuestros padres y abuelos nos legaron después de conquistarla a sangre y fuego. Me niego a ser parte de la "generación de la vergüenza" que entregará cuentas desastrosas a nuestros descendientes por cobardía, incapacidad o impotencia. ¿Tú sí estás de acuerdo en integrar dicha "generación de la vergüenza"? ¿Qué le explicarás a tus hijos? ¿Te declararás inocente?

El resentimiento social de AMLO, propio de sus lamentables carencias infantiles y juveniles, sus pavorosos vacíos emocionales, los está pagando la nación en su conjunto. El desprecio ejercido por los déspotas es la forma más sutil de la venganza. Quienes desprecian al hombre no pueden ser grandes seres humanos, en el entendido que quien se sienta despreciado hará todo lo posible para ser odiado, objetivo, este último, que AMLO está alcanzando con creces, si no se pierden de vista las decenas de miles de asesinados, de desaparecidos, de fallecimientos por el manejo suicida del Covid, de feminicidios, de millones de desempleados y de compatriotas que perdieron sus ingresos informales en los últimos meses.

Un déspota debe infundir temor. Basta con comprobar el manejo obsceno de la UIF, que congela cuentas bancarias a quienes se oponen a las arbitrariedades cometidas por el Presidente, para ya no hablar del SAT, un arma poderosa para someter a los rebeldes opositores y críticos con arreglo al terrorismo fiscal, como lo son las mañaneras orientadas a dividir a la sociedad y a incubar el odio entre todos nosotros. El déspota, tarde o temprano echará mano de la fuerza para imponer sus designios porque considera que su autoridad no se encuentra limitada por las leyes. Cada día un mayor número de nuestros jueces van mereciendo el calificativo de héroes de la patria. Mis respetos. Para Montesquieu, el gobierno despótico es aquel en el que "uno solo, sin leyes ni frenos arrastra a todo y a todos detrás de su voluntad y de sus caprichos", solo que según Constant, dichos gobiernos no están destinados a durar

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@fmartinmoreno

lunes, 21 de septiembre de 2020

Decir lo obvio

Denise Dresser en MURAL 21 Sep. 2020

- En una democracia, el Presidente no se burla ni se ríe de las víctimas de la violencia. No usa la investidura y el púlpito más poderoso del país para humillar, denigrar, difamar o cuestionar la legitimidad de sus críticos o de la oposición. No promueve desafueros ni se molesta porque no le aplauden ni ve complots o golpismo en cada cuestionamiento. No se victimiza para después victimizar.

- En una democracia, el gobierno no utiliza la publicidad oficial para beneficiar a medios afines y castigar a medios críticos. No compra conciencias ni induce cobertura favorable ni permite plataformas pagadas con dinero público a sicofantes silenciosos. No financia a intelectuales orgánicos que varían de sexenio a sexenio, conforme cambia el Mecenas o el Ogro Filantrópico.

- En una democracia, el gobierno no subordina la salud a la política, o la ciencia a la popularidad. No manipula los datos o desvía recursos para hospitales que nunca se construyen o sustituye quimioterapias por agua oxigenada o culpa a otros por la escasez de medicamentos o utiliza distractores para minimizar los estragos de una pandemia y una crisis económica.

- En una democracia no hay pueblo "bueno" o pueblo "malo". No hay "nosotros" beneficiados ni "ellos" vilipendiados. Hay simplemente ciudadanos con derechos consagrados en la Constitución. El Presidente gobierna para todos y no sólo para su tribu o sus cuates o su base electoral o la mutante mafia en el poder.

- En una democracia, el gobierno tiene la obligación de rendir cuentas sobre cada peso recabado, y transparentar su uso de acuerdo con el presupuesto aprobado. No puede desviarlo para fines políticos, partidistas, personales, o en beneficio de élites impunes que se rotan de sexenio en sexenio, dependiendo del partido en el poder. No puede ignorar su responsabilidad fiduciaria para comprar aviones de lujo o financiar rifas ridículas. No permite conflictos de interés para Casas Blancas o hermanos piadosos.

- En una democracia, las instituciones judiciales y de investigación financiera no funcionan a partir de agendas políticas ni instrucciones presidenciales. Actúan de oficio. No son utilizadas para perseguir o amedrentar a los adversarios o para proteger a los amigos. No cierran los ojos ante los casos de corrupción o abuso cometidos por sus colaboradores o presidentes pasados, sólo para abrirlos en función de una consulta popular o un imperativo electoral. No aplican la justicia selectivamente, ignorando casos como la Guardería ABC o el papel del Ejército en Ayotzinapa o los cómplices de Lozoya o los esqueletos en el clóset de Manuel Bartlett.

- En una democracia, el Presidente no puede saltarse la Constitución para militarizar al país, y simular que las Fuerzas Armadas están bajo un mando civil cuando no es así. No puede otorgar contratos ni prebendas ni negocios a los mandos militares sin vigilancia ciudadana o límites constitucionales. No puede permitir que la Guardia Nacional perpetre masacres contra civiles sin sanción, como ha ocurrido desde el sexenio de Calderón.

- En una democracia, el gobierno no malgasta recursos en proyectos faraónicos mal diseñados, mal ejecutados, que cobijan la corrupción de la mafia en turno, como ha ocurrido con la Estela de Luz, el tren México-Toluca, el aeropuerto de Texcoco, y ahora la refinería de Dos Bocas.

- En una democracia, el gobierno no puede otorgar contratos por adjudicación directa a los multimillonarios de siempre, protegiendo sus prebendas de manera transexenal. No pacta con los poderes fácticos tradicionales, ofreciendo la extracción de rentas a los consumidores, a cambio de colaboración en los proyectos preferidos del Presidente. No bendice a los plutócratas mientras produce más pobres o mina a las clases medias.

Como advirtió Orwell: en tiempos de posverdad, reafirmar lo obvio es la tarea de toda persona inteligente. Nuestra democracia ha sido disfuncional, incompleta, intermitente. La tarea transformadora que le tocaba a AMLO era componer una transición trunca, no agravar los errores. No sustituir la cleptocracia por la kakistocracia. No reemplazar el gobierno rapaz por el gobierno incompetente. No pasar de la palabra privatizada a la palabra estatizada. No suplantar lo incorrecto y lo injusto por lo falso y lo arbitrario. No relevar el sueño democrático por la aspiración autocrática. No traicionarse ni traicionarnos.


jueves, 17 de septiembre de 2020

México no es Venezuela

Stephanie HenaroStephanie Henaro

17 de septiembre de 2020, 17:55

Decir que México no es Venezuela, se ha vuelto una especie de mantra cada vez más recurrente. Porque nos invita a creer que todo estará bien, y que jamás llegaremos al desolador estado en que se encuentra uno de los países más ricos del mundo. Sin embargo, creo que más allá de repetir el mantra, la cuestión aquí sería preguntarnos :¿Qué vamos a hacer para no ser Venezuela?

La historia mundial ha demostrado que la soberbia es traicionera, y si hoy vemos a los venezolanos en apuros, solamente es necesario regresarnos un poco más de veinte años en el tiempo, para recordar como decían tranquila y orgullosamente, “Venezuela no es Cuba.”

De ahí mi preocupación, por el creciente amor del presidente por las consultas populares, que no son otra cosa más que el fin y el medio, para “realizarse” y convertirse en “la voz del pueblo”, sin que existan intermediarios.

Porque más allá de transferirle la responsabilidad al “pueblo”, de algo para lo que fue electo, y pasarse por el arco del triunfo a nuestra Carta Magna, que no es otra más que la garante de la ley que nos hace a todos iguales, esta simulación de democracia participativa, es en realidad el inicio de una protagónica.

Tal y como lo hizo Chávez en Venezuela a partir de 1999, en donde su “hiperdemocratización” de la vida política, sometería a Venezuela en la crisis política que hoy arrastra. Iniciando en ese mismo año, con la consulta popular sobre la creación de una nueva constitución, diseñada “a modo”, que le permitiría consolidar su poder.

Extendiendo su mandato, permitiéndole buscar la reelección, cerrar el Congreso, cambiar el nombre del país a República Bolivariana de Venezuela, e incluyendo en el artículo 72, la revocación de mandato de “todos los cargos y magistraturas de elección popular.”

¿Nos suena familiar?

Desde entonces, las pasiones políticas han gobernado, y las soluciones responsables han estado ausentes. Dando paso a un experimento político, de concepción mesiánica, en donde la consultas se vuelven en una especie de salvación, en donde el presidente gobierna directamente con las masas, evitando todas las demás instituciones.

Se fueron al diablo.

Mientras que las opciones políticas moderadas, han quedado obsoletas, y la democracia se ha vuelto una práctica religiosamente redentora. Como si se tratara de un estado de consciencia, permanentemente alterado.

Es casi una experiencia religiosa que, sin embargo se acepta, porque la confianza en las instituciones y la democracia, ha sido extraviada.

Lo que trae al tema, el último informe de Latinobarómetro. En el que se muestra que tan sólo el 38% de los mexicanos, apoya a la democracia, y se cree que la región latinoamericana, ha llegado al fin de la tercera ola democrática.

Por este motivo, es importante recordar que lo que la ley estipula, no debe ser sustituido por el resultado de consultas populares, y que la esencia de la democracia, no está ligado al de la redención.

Teniendo también presente que la “hiperdemocracia”, no es sinónimo de más democracia. Sino que es el síntoma, de una enfermedad, que se alimenta de los excesos, y que conlleva a la autocracia.

Si los expresidentes en México deben ser juzgados por actos de corrupción, la justicia debe llegar por medio de la ley, y no mediante un acto de redención.

México no es venezuela.


¿Qué vamos a hacer para no ser Venezuela?


El último en salir apague la luz.

Para qué son buenos los expresidentes

 17/09/2020 Raymundo Riva Palacio

Las cosas pintan tan mal para el presidente Andrés Manuel López Obrador en el número creciente de fallecimientos por Covid-19 que hacen trizas su chocarrería de lo bien que lo ha hecho su gobierno, y como consecuencia la profundización de la crisis económica, que se comió sus palabras y presentó la solicitud para que se lleve a juicio político a cinco expresidentes. Lo necesita para hacer una campaña electoral paralela en 2021 y recrear el rencor al pasado que le granjeó 30 millones de votos en la elección presidencial que le entregue una nueva mayoría en el Congreso.

Es absurda la consulta por definición, porque pide a la Suprema Corte que le autorice hacer su trabajo. Para eso se le paga, para que el mandato que tiene lo asuma. Pero el Presidente no es un ignorante ni un irresponsable. Plantearla es una estratagema política para seguir ganando tiempo, porque el yo acuso de Macuspana quiere enjuiciar públicamente un sistema económico al que llama “el periodo neoliberal” y vincularlo con corrupción, que le sirva como guía en su narrativa electoral. El ministro de la Suprema Corte de Justicia, Luis María Aguilar, revisará la petición para determinar si la pregunta propuesta para la consulta viola o no los derechos humanos de los expresidentes. Pero da igual. El propósito político está alcanzado.

Revivirá los fantasmas pasados, como “el innombrable”, como llamaba a Carlos Salinas, con quien comienza el ajuste de cuentas políticas, al afirmar que en su gobierno comenzó la desigualdad y la concentración “desmesurada” de la riqueza, lo que puede ser criticable, pero no constituye un delito. Tampoco lo es la privatización de bienes públicos, que también le recarga a Ernesto Zedillo, en la que participaron algunos de los cercanos colaboradores del hoy Presidente, y se beneficiaron varios empresarios cercanos a él. Tampoco es delito.

“Los males señalados -tiró el dardo- no ocurrieron de manera fortuita, sino que fueron consecuencia de la aplicación, durante cinco sexenios, de un modelo político y económico elitista, antidemocrático, antinacional y popular”. Una vez más, se puede debatir en lo político, pero no penalmente. Ese modelo no causó desigualdad, por cierto, pero sí produjo crecimientos mediocres. Está peor con López Obrador, donde el crecimiento venía en picada en 2019, y se profundizó con la pandemia, causando probablemente mayor desigualdad y pobreza. Del crecimiento económico, ni hablar: el peor en la historia.

“Las más altas esferas del poder público y específicamente quienes ejercieron la titularidad del Poder Ejecutivo -añadió López Obrador- se empecinaron en estrategias de seguridad violentas, inhumanas y contraproducentes”. En su cabeza se encuentran Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Difícilmente podrá vincular a Calderón con actos que violaran los derechos humanos, porque a diferencia de él, no reconoció haber incurrido en delitos a favor de criminales. No puede decir lo mismo Peña Nieto, cuyo gobierno armó paramilitares en Michoacán para aniquilar a Los Caballeros Templarios. En todo caso, nadie hizo lo que López Obrador, de apoyar a los cárteles de la droga, al no enfrentarlos, y decir que son menos malos que los delincuentes de cuello blanco. Es decir, un peso vale más que una vida.

A Vicente Fox le pasa la factura por el desafuero que intentó contra López Obrador cuando era jefe de Gobierno en la Ciudad de México, al intervenir “indebida e ilegalmente en el proceso electoral a fin de impedir el triunfo de la oposición”, lo cual se podría echar en cara también al actual director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett, a quien se responsabiliza del fraude electoral de 1988, de donde surgió Salinas, a quien dice en la solicitud de consulta que fue producto de un proceso ilegal.

Dice que Peña Nieto recibió dinero ilegal para su campaña presidencial, apoyándose en la denuncia de hechos de Emilio Lozoya que, como el mismo López Obrador ha señalado, tendrá que probar sus dichos. No obstante, la petición para la consulta da por sentado que sí hubo dinero ilegal en la campaña, y le abre la puerta con la pregunta propuesta para la consulta para que se les enjuicie por la presunta comisión de delitos “durante y después de sus respectivas gestiones”. Como Lozoya también imputó a Salinas por haber hecho cabildeo a favor de empresas petroleras –lo que no es delito– durante la negociación de la reforma energética, también hay una dedicatoria contra él.

El extenso alegato que hace López Obrador borra la presunción de inocencia, como cuando se refiere al exsecretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, sujeto a proceso en Estados Unidos por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa, para responsabilizar a Calderón de omisiones políticas. O al asumir que durante cinco gobiernos, lo que guió a los expresidentes fue la corrupción y las complicidades con el poder económico. Cuando le llegue el momento a López Obrador, la opacidad en las adjudicaciones y la presunta corrupción de su familia, será un lastre peor que el que existe hoy con Peña Nieto, el creador del tsunami electoral de 2018 por todas las acusaciones de inmoralidad contra su gobierno.

El ministro Aguilar no revisará las hipótesis sobre lo que deparará a López Obrador cuando deje el poder, sino la constitucionalidad de la pregunta, que podría analizar en el contexto de la exposición de motivos. Ahí ya los acusó López Obrador y los condenó al descrédito y desprecio. No necesita políticamente más, salvo seguir remachándolo. Si la Suprema Corte lo apoya, le facilitará la cobertura legal para que se monte en la boleta electoral del 21. Si declara inconstitucional la consulta, da igual. Convirtió a los expresidentes en la turbosina que necesita para que Morena vuele hacia la mayoría en el Congreso, y que atranque la vigencia de su proyecto y blinde su futuro. Comerse sus palabras, bien vale un voto.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Pobre México

Leo Zuckerman. 14 de Septiembre de 2020

Pobre del país en el que, desde la cúspide del poder, se denuesta a sus pensadores más brillantes y productivos. Me refiero a Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze. Entiendo que el Presidente no comulgue con sus ideas. Pero, de eso, a injuriarlos en público, hay una enorme diferencia. Diferencia que reduce la estatura moral de López Obrador al peldaño más inferior de la política.

López Obrador acusa a Aguilar Camín y Krauze de haber hecho negocios con los gobiernos anteriores. Eso, para empezar, no es ilegal. Como empresas privadas estaban en su derecho de venderle productos y servicios al sector público. Pero aquí viene la trampa de AMLO: lo que los anglosajones llaman un innuendo.

La traducción más cercana al español sería “insinuaciones indirectas”. En este caso, la pulla es que, si los gobiernos anteriores les dieron dinero a las empresas de Aguilar Camín y Krauze, “los compraron” de esta manera. Falso. Tan sólo hay que ver el contenido de las dos revistas que dirigen (Nexos y Letras Libres) para ver la gran cantidad de artículos críticos sobre los gobiernos que en ese momento gobernaban. Puras insinuaciones que no se sustentan en los hechos.

Qué triste que el Presidente recurra a estas tácticas propagandísticas para atacar a Aguilar Camín y Krauze. Si él y su movimiento están en contra de las ideas de estos dos pensadores, ¿por qué no atacarlos en ese plano, es decir, en el de las ideas?

Porque no pueden.

El lopezobradorismo carece de pensadores del calibre intelectual de Aguilar Camín y Krauze. El único que se me ocurre de esa talla es Lorenzo Meyer, pero tiene un “pequeño” conflicto de interés: su hijo es secretario de Estado del gobierno de AMLO.

Estoy seguro que Aguilar Camín y Krauze se comerían de dos mordidas a cualquier lopezobradorista que les pusieran enfrente en un debate. Y esto pensando en un debate civilizado de ideas, y no en los que le gustan a AMLO a y sus huestes, es decir, donde, frustrados por la falta de ideas, pronto recurren a argumentos ad hominem, insinuaciones sin sustento, mentiras y hasta groserías. Es un terreno que conoce bien el Presidente y algunos de sus seguidores, como Gerardo Fernández Noroña.

Y eso, creo, es lo que más le duele a Andrés Manuel López Obrador: no poder ganar el debate de las ideas. No es gratuito que diario se esconda en una dizque conferencia de prensa llena de paleros que le hacen preguntas a modo. Él se siente más cómodo con Lord Molécula que con verdaderos periodistas o personajes con cierta estatura intelectual.

Ahí está uno de los límites de la llamada Cuarta Transformación: es un proyecto de ideas huecas. Son las ocurrencias del líder que lo único que quiere es concentrar el poder en la Presidencia. Un proyecto de poder. Mucha crítica en contra del neoliberalismo, pero ninguna alternativa. Tan es así que ni siquiera han podido encontrar un nombre a su proyecto. Comenzaron diciéndole posneoliberalismo y luego salieron con la paparruchada de economía moral.

Frente a la falta de ideas y de pensadores de peso, lo único que le queda a AMLO es desprestigiar con mentiras a dos de las mejores mentes de este país. Y sí, yo tengo el privilegio de conocerlos y admirarlos. En particular, es un lujo tener a Aguilar Camín todos los lunes en La Hora de Opinar.

Estamos frente a un rasgo típico de AMLO: cuando no se le dan las cosas, saca su peor faceta. Ante el fracaso evidente de su gobierno (mal manejo del covid-19, crisis económica e inseguridad), el Presidente se enoja (¿dónde quedó su República Amorosa?), y enjuicia públicamente a dos de los mejores pensadores de México y los sentencia.

Luego aparecen sus mastines a recomendar el castigo: silencio o exilio. Eso dijo Paco Ignacio Taibo II, un escritor de medio pelo que hoy dirige el FCE y Educal. El siguiente paso es demandar que se quemen los libros y artículos de Aguilar Camín y Krauze en una pira pública.

¿Exagero? Quizá, pero prefiero hacerlo a quedarme callado.

jueves, 10 de septiembre de 2020

SAT: fotografiar los domicilios y la intimidad de los contribuyentes

José Soto Galindo 09 de septiembre de 2020

De manera muy discreta, la Secretaría de Hacienda incorporó una barbarie en su propuesta de Miscelánea Fiscal de 2021 que permitirá una fiscalización de la vida privada y la intimidad de los ciudadanos y que puede poner en grave riesgo la seguridad física y patrimonial de las personas. Bien dicen los que saben que en la vida existen dos cosas de las que no podemos librarnos: de morir y de pagar impuestos. Y si se vive bajo el régimen del SAT, de vivir con nuestra seguridad vulnerada.

La barbarie está documentada en la página 61 de la iniciativa de reforma de las leyes de ISR, de IVA, de IEPS y del Código Fiscal de la Federación, que son parte del Paquete Económico de 2021. La iniciativa propone ampliar las herramientas de documentación de los inspectores del SAT (Servicio de Administración Tributaria) que visiten los domicilios fiscales de los contribuyentes, sin diferenciar si se trata de personas morales (empresas e instituciones) o de personas físicas (en muchos casos, ciudadanos comunes y corrientes que ejercen como trabajadores independientes o se desempeñan con un régimen de prestación de servicios profesionales).

“Las autoridades fiscales podrán utilizar herramientas tecnológicas para recabar imágenes o material que sirva como constancia de los bienes y activos que existen en el domicilio fiscal, los cuales quedarán protegidos en términos del artículo 69 de este Código (Fiscal)”, dice la iniciativa que presentó Hacienda el martes al Congreso de la Unión.

Se trata de una incorporación al primer párrafo del artículo 45 del Código Fiscal que literalmente abre las puertas para que terceros conozcan lo que hay en los domicilios de los contribuyentes y realicen un registro electrónico de su interior y de las pertenencias por medio de teléfonos, tabletas, cámaras, grabadoras. Las visitas de fiscalización domiciliaria ya existen, pero no la documentación electrónica de las pertenencias de los contribuyentes.

Los visitadores están obligados “a guardar absoluta reserva en lo concerniente a las declaraciones y datos suministrados por los contribuyentes (…) así como los obtenidos en el ejercicio de las facultades de comprobación” (artículo 69 del Código Fiscal), pero su registro por medios electrónicos en el lugar de la verificación genera un riesgo innecesario de que personas distintas a esos visitadores o en colusión con ellos tengan acceso a la información recabada y puedan dañar o afectar la seguridad física o el patrimonio de los ciudadanos.

Insisto: hay que considerar que hablamos, por lo menos, de tres tipos de domicilios fiscales: el de las empresas o instituciones (personas morales) y el de personas físicas que, por una parte, pueden ser pequeños empresarios con oficinas formales o, por otra parte, ciudadanos que tienen sus domicilios privados como domicilios fiscales para el cumplimiento de sus obligaciones tributarias.

Una cosa es permitir el acceso de los visitadores fiscales y otra mucho más riesgosa permitir que graben y fotografíen las pertenencias de los contribuyentes, máxime cuando se trata apenas de un proceso de verificación.

La información recabada de esta manera puede ser entendida fuera de contexto si se trata de domicilios particulares utilizados para el cumplimiento fiscal. La manera de vigilar al vigilante para que realice un tratamiento responsable, leal, lícito seguro y con base en la finalidad buscada se pulveriza, lo mismo que las medidas de protección mínimas y suficientes, considerando la masificación de posibilidades de registro tecnológico que abre la reforma.

Se trata de una barbarie que pondrá en grave riesgo a los contribuyentes, en un país donde la inseguridad y la desconfianza son fenómenos transversales en toda nuestra relación en sociedad.


Tengan su transformación

Macario Schettino

Prioridad que no está en el presupuesto no es prioridad, reza un dicho de la administración pública. Después de tres años de presupuestos del actual gobierno, ya no hay duda de qué es lo que realmente le importa al Presidente. Comparando 2021 con 2018, las conclusiones son contundentes.

Primero, le importan sus proyectos de infraestructura, que son tres: la refinería, el aeropuerto de Santa Lucía y el Tren Maya. Segundo, quiere un Ejército mucho mayor, infiltrado en todas las actividades posibles. Tercero, le interesa construir un “nuevo” sistema social, que es similar al que México tenía hace 50 años, repartir dinero. Finalmente, nada más le importa, pero parece tener un claro encono con los reguladores, de cualquier tipo.

El presupuesto de las secretarías de Energía, Turismo y de Pemex, donde están sus proyectos y su creencia soberana, era de 391 mil millones en 2018, y para 2021 será de 630 mil millones. Como proporción del gasto programable, pasan de 10 a 14%, en números redondos. Aquí no se incluye el aeropuerto, que está en el presupuesto de Defensa Nacional. Esta secretaría, los militares, pasan de 80 mil a 112 mil millones de pesos en los tres años.

En el caso del gasto “social”, las secretarías del Trabajo y Bienestar (antes Desarrollo Social), tenían un presupuesto sumado de 98 mil millones en 2018, y ahora tendrán 214 mil millones.

En conjunto, estos tres rubros: proyectos, gasto social y militares, tenían 570 mil millones de pesos en 2018, y en 2021 tendrán 957 mil millones. Es casi el doble, en pesos y centavos, y un incremento de 14 a 21% del gasto programable del gobierno. Prácticamente todo lo demás cede terreno para que estos rubros puedan crecer de esa manera.

Los que tienen suerte quedan casi igual, proporcionalmente, que en 2018, o pierden poco: educación, salud, Poder Judicial. La mayoría pierde a doble dígito, especialmente los órganos reguladores y de vigilancia, desde la secretaría de Función Pública o los tribunales, hasta el Instituto Federal de Telecomunicaciones. Particular encono contra los reguladores energéticos, la CRE y la CNH, que de 2018 a 2021 pierden 70 y 76% de su presupuesto, respectivamente.

Esta transformación del presupuesto ocurre mientras tenemos una caída considerable de la economía, que ayer decíamos no está bien considerada en las cifras, y es muy posible que el presupuesto de 2021 no pueda cumplirse, o tenga que hacerse mediante endeudamiento, ya sabremos. Eso no modifica en nada la intención transparente del gobierno actual: un país de 1970, pero con mayor poder de los militares. No sé si eso querían los que votaron por López Obrador, pero eso tienen.

Después de tres años de este proceso, se hace más difícil imaginar cómo revertirlo. No es sencillo convencer a quien recibe dinero de dejar de hacerlo, sea un militar, un petrolero o un cliente político. Todos se hacen dependientes del flujo, y revertirlo no es sencillo. López Obrador aprovechó su gran legitimidad inicial, y el control del Congreso, para detener recursos que solían irse a clientelas del PRI. En el futuro, alguien tendrá que hacer algo similar con programas como Jóvenes Construyendo el Futuro, las Universidades Benito Juárez y Sembrando Vida, que nada más sirven para eso mismo: comprar votos. Los proyectos de infraestructura son más fáciles de detener, pero implican una pérdida segura.

Pero regresar a los militares a su trabajo normal sí va a estar muy difícil. Ya están haciendo aeropuertos y sucursales bancarias, administrando el ISSSTE y las aduanas, y plenamente a cargo de la seguridad pública. No sé si esto querían los amigos de izquierda que tanta enjundia pusieron en la campaña para denostar a quienes hacíamos notar los defectos de su caudillo. Como él dijo: “tengan para que aprendan”.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Yo acuso

Denise Dresser (07 Sep. 2020).-

Yo acuso al gobierno de mi país por la falta de voluntad de proteger a la población de la pandemia, dejando morir a miles, empujando a millones al contagio, la ruina financiera y el hambre. La profundidad de los errores, la necedad de la "estrategia" y la magnitud de la estulticia son difíciles de conceder. Apenas hace unos días, la Secretaría de Salud presentó un reporte sobre el "exceso de mortalidad" con 122,765 muertes durante la crisis de Covid-19, sugiriendo que la cifra oficial de defunciones podría ser mucho más alta. Animal Político informa que en solo 4 meses -entre abril y julio de 2020- México ha reportado 130 mil más fallecimientos que en 2019. Quienes, como el Presidente, insisten en que "ya domamos la pandemia", "ya pasó lo peor", "ya vamos saliendo" mienten. No hay otra manera de describirlo. Mienten.


Yo acuso al gobierno de mi país de haber desperdiciado casi toda oportunidad para contener al coronavirus, a pesar de contar con meses de anticipación para prepararse mejor. Por la lentitud de su respuesta y el uso del "modelo Centinela", que le dio al Covid-19 la capacidad de expandirse rápidamente. Por la falta de preparación, protocolos, entrenamiento sobre el uso de ventiladores, y compra de equipo de protección destinado a miembros del sector salud. Por la falta de apoyos financieros directos a las pequeñas y medianas empresas y al sector informal, que ha obligado a tantos a salir a la calle a ganarse la vida, corriendo el riesgo de ser contagiados o perseguidos por la policía, puesta a criminalizar el ambulantaje. Por la desinformación propagada por López Obrador, López-Gatell y las autoridades sanitarias. Miles de muertes eran prevenibles. En México la Cifra de Fatalidad por Caso ronda en 10.7%, cuando la tasa mundial es 3.3%. En México, ha muerto más personal de salud por Covid-19 que en cualquier otra parte.


Yo acuso a López-Gatell de haber colocado la lealtad política por encima del conocimiento científico, para complacer al Presidente. Asimismo, el gusto por los repentinos reflectores y la novedosa popularidad, ha convertido su conferencia informativa en un espectáculo de manipulación, edición de cifras, politización, ataques a la prensa y a los "adversarios", deslinde de responsabilidades gubernamentales y foro para señalar culpables de manera deshonesta. Ni la corrupción, ni las comorbilidades, ni el consumo de comida chatarra, ni el imperialismo alimenticio son razones suficientes para explicar una reacción gubernamental tan catastrófica. Ni todas las piruetas verbales del subsecretario esconden su sinrazón sobre el cubrebocas, o por qué no es necesario hacer pruebas, o rastreo de contactos, o aislamiento de contagiados. La sub-ocupación hospitalaria no es señal de éxito en la contención; es indicador de que 8 de cada 10 personas mueren antes de ser conectadas a un ventilador, o fallecen antes de llegar a un hospital, o mueren rápidamente por los malos cuidados ahí, liberando camas y proveyéndole al gobierno cifras tramposas que presumir, en vez de métricas mortíferas que explicar.


Yo acuso al gobierno de mi país de haber convertido a México en un país de crematorios al tope y ataúdes al por mayor. Hoy ocupa el cuarto nivel mundial en número de defunciones, aunque el número es mayor por la falta de pruebas, como señala The Wall Street Journal, en un reportaje sobre la escasez de actas de defunción. El objetivo de los posicionamientos de AMLO y López-Gatell ya no es informar o prevenir o contener. Es negar. Ya no es ampliar el número de pruebas o exigir el cubrebocas obligatorio o pedirle a la población que acuda a los hospitales antes de que sus síntomas sean demasiado graves. Es distraer.


lunes, 24 de agosto de 2020

Derrumbe

 24/08/2020 

Macario Schettino

A fines de 1999, Cuauhtémoc Cárdenas dejó el Gobierno del DF para competir en la elección presidencial de 2000. Como usted posiblemente sabe, este columnista formó parte de su gobierno, pero ya no fue invitado a la campaña presidencial. Se me solicitó ayudar a la nueva jefa de Gobierno, Rosario Robles. Aunque fui removido de mi oficina (que mi equipo había restaurado literalmente de las ruinas), seguí unas semanas colaborando, a la expectativa de que hubiese posibilidad de ayudar en lo que me correspondía: planeación. A inicios de 2000, sin embargo, lo que se me solicitó fue hacerme cargo del proyecto cien colonias, que consistía en repartir apoyos a las cien colonias más importantes para garantizar el triunfo del candidato del PRD a la jefatura de Gobierno, un tal Andrés Manuel López Obrador.


Me tomé la libertad de informar a la jefa de Gobierno que eso era corrupción, porque se trataba de utilizar recursos públicos para beneficio de un candidato. Rosario no comprendía mi respuesta. Me insistió en que eso no era corrupción, porque no se robaban el dinero para ellos, sino que lo utilizaban para la causa política. Corrupción era robar, me decía; utilizar recursos públicos para la campaña no era nada parecido, era hacer política.


Preferí renunciar y alejarme desde entonces de esas actividades profesionales. Pero creo que vale la pena comentarlo ahora porque se ha hecho pública evidencia de cómo el presidente, el mismo Andrés Manuel López Obrador, no tiene empacho alguno en utilizar recursos, sin importar su procedencia, con tal de obtener el poder. Lo ha hecho toda la vida: en su pleito con Madrazo en 1994, en su campaña de 2000 a la jefatura de Gobierno (como atestigüé), en la de 2006, de 2012 y de 2018. No le ha importado si ese dinero viene de gobiernos locales, de empresarios, sindicatos, o de cualquier otra fuente, con tal de que le sirva para avanzar en su camino.


Sin embargo, siempre ha insistido en que es honesto, porque vive en esa extraña dimensión en la que vivía Rosario: lo que se toma para la acción política no es corrupción, corrupción es robar para uno mismo. Por eso López Obrador insiste en que es honesto, porque (casi) no toma nada para él mismo. Aunque vivió doce años sin ingresos, pero nunca sin camionetas, guaruras, secretarios y apoyos, eso no es corrupción (en su lógica), porque se trata de trabajo político. No le parece corrupción haberse hecho de departamentos para cada uno de sus tres hijos, ni un rancho para pasar su vejez, porque eso es razonable para alguien que ha dedicado su vida a la lucha política. La Revolución le ha hecho justicia, pues, y eso no puede considerarse corrupción.


En su afán de distraer a los mexicanos de la trágica actuación de su gobierno frente a la pandemia y de la severa contracción económica, decidió traer a Emilio Lozoya para embarrar a todos sus adversarios. Se trataba de mostrar que todos, salvo él, son corruptos. La respuesta ha sido contundente: él también lo es. Su hermano y su asesor más cercano se dedicaron a recaudar para él, siempre con su conocimiento, siempre por encima de la ley. Es un corrupto en toda la línea.


Lo grave del asunto es que eso era lo único que le quedaba. Ya nos había demostrado que no tiene idea alguna de cómo gobernar. Ya destruyó la economía, la administración pública, ya polarizó al país, ya fracasó en materia de seguridad. Insistía en que la gran diferencia de su gobierno era que no había corrupción. Esto ya no puede sostenerse. No sólo hay evidencia abundante de cómo se está saqueando el erario en este gobierno. Hay evidencia ahora de que él mismo es un corrupto. No hay más.

viernes, 31 de julio de 2020

Se solicita consulado


La 4T es la era de Bartlett y Rocío Nahle. ¿Que se multiplican los apagones? ¿Que la CFE ya está en números rojos?...

Julio Patan Columna Malos Modos

 JULIO 31, 2020 · 3:00

Es increíble la mezquindad conservadora, señor Presidente. Con su permiso, quisiera decir esto:

Malditos golpistas comórbidos, miserables comegansitos, cocacoleros antidemocráticos: ¿cómo pueden minar así la autoridad del doctor López–Gatell? ¿Por qué la costumbre de compararnos con otros países? ¿Cuántas veces van a recordarnos que Vietnam tiene 90 millones de habitantes y cero muertes por COVID-19, y que hacen todo lo que no hace nuestro zar antipandemia? ¿Cuándo van a entender, pinches (perdón, pero me gana el coraje) diabéticos irresponsables que hay que bajarle al Paketaxo? ¿Sí saben que el cubrebocas es nada más un auxiliar, sin importar lo que digan los surcoreanos o los indios?


Menos mal que tenemos a los moneros jornaleros para hacer chistes sobre los niños gordos: tantita dignidad-sin-maíz-no-hay-país, tantita izquierda con pollos en el patio, entre tanto neoporfirismo polinsaturado, caray. (De todas maneras, compañeros, no tarden en regresar a las caricaturas sobre Felipe Calderón, que se extraña ese carácter irreductible de ustedes, esa autonomía de vuelo, esa rebeldía. Tigres.)

Lo mismo va para ustedes, neo pinochetistas-anti-pueblo bueno que andan de fijados, fachas maiceados, militaristas chayoteros: ¿van a seguir con que liberamos a Ovidio, con que el cártel Jalisco ya tiene una división de vehículos blindados? ¿Van a seguir con las cuentitas: que los muertos se multiplican, que los feminicidios cada vez son más? ¿Otra vez de quisquillosos con que el huachicoleo goza de cabal salud? ¿Van a seguir negándose a aceptar que lo que necesitamos aquí es amor y cristianismo?

Para no hablar de ustedes, ventiladoristas neoconservadores, solar-panelistas machuchones, ambientalistas mamucos, eco-fifís.

La 4T es la era de Bartlett y Rocío Nahle. ¿Que se multiplican los apagones? ¿Que la CFE ya está en números rojos? ¿Que Pemex perdió 606 mil y pico millones de pesos en el primer semestre, sumables a los 35 mil millones de dólares del año pasado? Pues sí. ¿Y?

Esta es una época viril-nacionalista de refinerías y carbón. Una era fósil, pues.

Por último: ¿en serio piensan seguir con la monserga del PIB, con que se van a multiplicar los pobres por millones, con que el desempleo, con que a sesenta y pico millones de mexicanos ya no les alcanza para la canasta básica? Párenle ya, cuenta dólares rastreros, escribe-números sin corazón.

Párenle. Estamos trabajando por los pobres, que van primero, y no lo hacemos como los neoliberales, con matematiquitas. Punto.

Espero que lo satisfagan mis palabras, señor Presidente. Estamos para servirle.

Aprovechó la ocasión, con el respeto infinito que le profeso, para hacerle una consulta: ¿consideraría asignarme a un consulado? No soy exigente. Cualquier rinconcito de Europa occidental me parece bien.

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM
@JULIOPATAN09

miércoles, 29 de julio de 2020

¿Por qué fallecen tantos jóvenes por Covid-19 en Ciudad de México?

En CDMX hay miles de pacientes por Covid-19 en estado crítico que no padecen asma, diabetes u obesidad, y la mayoría de ellos nunca recibe tratamiento con ventiladores.
Coronavirus Medidas extremas de sanidad en funeraria
Mientras México, junto con Brasil, Estados Unidos y Reino Unido, es uno de los países más afectados por el esparcimiento global del nuevo coronavirus que causa Covid-19, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido ridiculizado alrededor del mundo por la lenta respuesta para reconocer la severidad de la crisis y su obstinado rechazo a utilizar mascarilla. El 24 de julio de 2020, mientras visitaba uno de los estados más pobres del país, López Obrador dudó públicamente de los beneficios que supuestamente ofrecen los cubrebocas.


Así es como Morena busca modificar las comisiones bancarias
El vocero de la Secretaría de Salud, el subsecretario Hugo López-Gatell también enfrenta un aumento en críticas por su disposición a tergiversar sus declaraciones para satisfacer los caprichos de su jefe. La imagen del Dr. Anthony Fauci, con mascarilla, lanzando la primera bola de un partido de béisbol profesional en un estadio semivacío de Washington D.C. se contrapone con la imagen ampliamente difundida del Dr. López-Gatell corriendo hacia una abarrotada conferencia de prensa, pasando frente a un grupo de reporteros con una gran sonrisa dibujada en su rostro sin mascarilla.

Mientras el Dr. Fauci se ha molestado por la incompetencia de Donald Trump, y ha trabajado para construir un mensaje que ayude a educar al público para minimizar el daño causado por los contagios de Covid-19, el Dr. López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, ha priorizado propaganda partidista y su lealtad al presidente López Obrador sobre su obligación a educar al público mexicano sobre los riesgos presentados por el Covid-19. Tanto López Obrador como López-Gatell continúan culpando a la deficiente salud de los mexicanos por el duro golpe que el virus ha dado al país.


El 23 de julio de 2020, López-Gatell advirtió al público que, además de la pandemia, México está lidiando con otras “emergencias nacionales de salud”, relacionadas con la diabetes y la obesidad. El tuit, fijado al principio del perfil de Twitter de López-Gatell, que cuenta con más 1 un millón de seguidores, no es una advertencia sobre los beneficios del distanciamiento social y el uso de mascarillas. Más bien, es un manifiesto sobre la necesidad del país de prevenir enfermedades crónicas mediante el mejoramiento de las conductas individuales, promoviendo el ejercicio, el no consumo de tabaco y el mejoramiento de los hábitos alimenticios. Durante sus largas conferencias de prensa de todos los días, López Obrador y López-Gatell repiten el mensaje de que el sistema de hospitales de México no ha colapsado y aún tiene capacidad para recibir pacientes, y que los mexicanos tienen parte de la culpa de la letalidad del virus, porque las personas que padecen diabetes, obesidad y otros problemas de salud subyacentes son más propensas a fallecer por Covid-19.

No obstante, la información pública que ofrece la base de datos del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (SINAVE) de México parece contradecir el mensaje de que los hospitales en la ciudad de México proveen tratamiento adecuado y debilitar la idea de que las personas están falleciendo por la prevalencia de condiciones de salud subyacentes. Al revisar los datos del SINAVE hasta la fecha del 22 de julio de 2020 encontré que, mientras las personas mayores de 61 años conforman la mayoría de las muertes confirmadas por Covid-19 en la Ciudad de México (53%), las personas relativamente jóvenes, entre 41 y 60 años, conforman el 39% del total. Además, 2,450 personas de entre 35 y 55 años de edad han fallecido por Covid-19 en la Ciudad de México, equivalente casi a un tercio del registro oficial de fallecimientos.

Hay poca evidencia para sustentar la narrativa de que estos pacientes relativamente jóvenes han fallecido por no estar sanos. Casi la mitad de los pacientes entre 35 y 55 años de edad que han fallecido por Covid-19 en la Ciudad de México (1,171 de 2,450) NO PADECÍAN asma, diabetes ni obesidad. Entre estos pacientes relativamente sanos que no tienen diabetes, obesidad o asma, hay una característica que sobresale: tres cuartas partes fallecieron antes de ser conectados a un ventilador.


Casi la mitad de los pacientes fallecidos entre 35-55 años con Covid-19 en CDMX NO padecían de diabetes, asma u obesidad. Sólo 25% de estos pacientes, relativamente saludables y jóvenes, se conectaron a un ventilador antes de fallecer. Nathaniel Parish Flannery.
En total, en la Ciudad de México, dos tercios de los pacientes que fallecieron por Covid-19 nunca fueron intubados antes de morir. Además, de los 2,782 pacientes que sí fueron conectados, 2,018 fallecieron, el índice es de más del 72%. Mientras algunos hospitales de Estados Unidos logran salvar a la mayoría de sus pacientes críticos mediante el tratamientos con ventiladores, en la Ciudad de México la mayoría de los pacientes nunca recibe la oportunidad de averiguar cómo responderían a la intubación. En total, sólo hay dos pacientes en la base de datos registrados como “curados” después de recibir tratamiento con ventiladores en los hospitales de la Ciudad de México.

“En lugar de culpar a la población y sus estilos de vida poco saludables por los fallecimientos de Covid-19, el Presidente López Obrador y sus asesores deberían construir un mensaje más claro para ayudar a reducir el impacto de la pandemia”.

Parte del problema es que el presidente de México, López Obrador, ha alentado al público a cuidar de sus familiares con síntomas de Covid-19 en casa, para evitar que colapsen los hospitales. En marzo, al principio de la pandemia, dijo que las familias podrían depender de la ayuda de sus hijas en casa. “Tenemos millones de enfermeras, porque esta crisis, esta pandemia, no la vamos a resolver en los hospitales, la tenemos que resolver en los hogares”, explicó.

“La tradición en México es que las hijas cuidan a los padres”, repitió a finales de junio.

Pero, ya que López-Gatell no le ha recomendado a los pacientes con síntomas conseguir oxímetros baratos para monitorear sus niveles de oxígeno en casa, la mayoría de las personas no acuden a los hospitales hasta que están en condiciones críticas. En promedio, los pacientes que oficialmente fallecieron por Covid-19 en la Ciudad de México, murieron después de sólo nueve días en el hospital, y el 27.1% falleció después de estar menos de tres días en el hospital.

Coronavirus Iztapalapa Panteón de San NicolásEn el panteón de San Nicolás Tolentino de la alcaldía de Iztapalapa, se hacen filas con carrozas funérea para poder pasar el primer filtro de seguridad a la entrada del Panteón. Ciudad de México, 11 de mayo de 2020. Foto: Gerardo Luna / Notimex
Aunque es cierto que los mexicanos en general padecen niveles altos de enfermedades crónicas, es engañoso culpar tales condiciones de salud por las muertes de personas por un virus en específico, especialmente cuando muchos de los jóvenes que han fallecido por Covid-19 eran relativamente sanos. Mientras el 30% de los pacientes de entre 35 y 55 años de edad que murieron padecían diabetes, el 70% no padecía. Mientras el 29% tenía asma, el 71% no tenía. Mientras el 31% fueron catalogados como obesos, el 69% no lo fue. (Más aún, sólo el 10% eran fumadores y el 27% padecía hipertensión).

La mayor parte de los pacientes entre 35-55 años con fallecimiento confirmado por Covid-19 no eran obesos ni tenían diabetes. Nathaniel Parish Flannery
El desplazamiento de  la culpa de las instituciones públicas a los individuos es un componente clave del modelo “neoliberal” que López Obrador ha criticado durante toda su carrera política. En la Ciudad de México, sin embargo, hay miles de pacientes por Covid-19 en estado crítico que no padecen asma, diabetes u obesidad, y la mayoría de ellos nunca recibe tratamiento con ventiladores.

Mientras Claudia Sheinbaum, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, advierte que las hospitalizaciones han aumentado con la reapertura económica, en general el recuento oficial de muertes confirmadas se ha estabilizado. Aún hay cientos de pacientes falleciendo cada semana en la Ciudad de México y una cifra desconocida de portadores asintomáticos y pacientes no críticos circulando en la población general. La pandemia está muy lejos del final. Todavía existe la oportunidad de reducir el impacto de la enfermedad si se alienta el distanciamiento social y el uso de mascarillas según los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud. 

La mayoría de los pacientes de 35 a 55 años de edad que fallecen por Covid-19 se concentra en las delegaciones de clases trabajadores como Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Álvaro Obregón. Muchos de los pacientes fallecidos de este rango de edad trabajaban como conductores (158 o 6.4% del total), como comerciantes en mercados (294 o 12% del total) o como jornaleros (495 o 20.2% del total). Los habitantes de las zonas marginadas de la Ciudad de México fallecen desproporcionadamente por Covid-19. En lugar de culpar a la población y sus estilos de vida poco saludables por los fallecimientos de Covid-19, el Presidente López Obrador y sus asesores deberían construir un mensaje más claro para ayudar a reducir el impacto de la pandemia.

Hablé con el Dr. Óscar San Román, un médico mexicano que actualmente cursa una maestría en salud pública en la New York University. Él asegura que, al observar los problemas de la Ciudad de México, no se trata de culpar a los hospitales con equipo insuficiente o a los doctores sobrecargados con trabajo, sino de mejorar la estrategia de comunicación del gobierno, y educar al público sobre los riesgos de partículas aerotransportadas y de pasar mucho tiempo en espacios confinados, y de promover la importancia del uso de mascarillas y del distanciamiento social.

Me dijo: “En México no hay un mensaje coherente. Si el presidente hiciera algo tan sencillo como ponerse un cubrebocas, impactaría a millones de sus seguidores. Pequeños mensajes y acciones simples pueden servir para tratar y resolver la pandemia”.

El autor es un analista político especialista en temas de América Latina. Su libro Searching for Modern Mexico se publicó en 2019. Además de Forbes, ha colaborado con artículos y editoriales sobre negocios, crimen organizado y política en The Atlantic, Foreign Affairs, Americas Quartertly, Fortune, entre otras.

Contacto: @NathanielParish

martes, 21 de julio de 2020

Los insaciables Ackerman

21/07/2020 - Pablo Hiriart

Detrás del berrinche de John Ackerman porque no pudo poner incondicionales en la lista de aspirantes a consejeros del INE, hay una precandidatura presidencial.

Ese equipo que ganó la presidencia y asumió el poder en diciembre de 2018, ya se cuartea en grupos. Van a terminar como enemigos.

Los Ackerman-Sandoval son insaciables y no conocen de reglas. Menos de democracia. Van por todo y tienen un equipo fuerte y visible.

Hace unas semanas John Ackerman demandó “la remoción inmediata” de Ricardo Monreal al frente de la coordinación de Morena en el Senado, porque en una entrevista con Carlos Loret le dijo que lo respetaba.

¿Quién es Ackerman para exigir la remoción de alguien en el Poder Legislativo?

Nadie. Sin embargo habla por una corriente al interior de Morena, en la que se alinean los sectores radicales de esa heterogénea amalgama partidista que se formó al cobijo del liderazgo de López Obrador.

Quieren a Martí Batres como coordinador en el Senado, porque es de su equipo y están alineados tras la misma candidatura presidencial.

Batres se refirió en estas páginas a que “pronto habrá presidentas de la República progresistas, sin presidente honorario del DIF ni primer caballero”.

El que sepa leer, que lea.

Ackerman quiere reventar la selección de candidatos a cuatro plazas de consejeros del INE, porque no salieron sus incondicionales.

Ese grupo insaciable también quiere controlar el órgano electoral autónomo.

Sesenta y seis diputados de la corriente a la que pertenece Ackerman presionan para que “se reponga el proceso”.

¿Por qué razón?

“No huelen a pueblo” los seleccionados, dice Ackerman.

No les importa que el Comité Técnico haya elegido, por unanimidad, a nueve de diez hombres y ocho de diez mujeres. Hubo un encomiable profesionalismo entre los integrantes del cuerpo de selección, porque son gente honorable.

En San Lázaro, Dolores Padierna –vicecoordinadora de Morena– y otros 65 legisladores se hicieron eco de la demanda de Ackerman, y buscan anular el proceso de selección porque en las listas no hay peones suyos, como esperaban.

Cuatro días antes Irma Eréndira Sandoval se quiso colgar la medalla de la repatriación de Emilio Lozoya. Se dijo orgullosa de haber participado en ponerlo ante la justicia.

¿Qué tuvo que ver ella? La investigación la hizo la UIF y la negociación de testigo protegido fue obra de la FGR.

El cuñado de Ackerman –hermano de la secretaria de la Función Pública, Pablo Amílcar Sandoval– realiza un proselitismo grosero e ilegal para ser candidato a gobernador de Guerrero.

Ocupa el puesto de (súper) delegado del gobierno de AMLO para operar los programas sociales de la Federación en esa entidad, y sus empleados hacen que la gente necesitada repita y memorice su nombre.

Se ve en un video al empleado de Pablo Amílcar Sandoval, en una asamblea con gente humilde, decirles quién es el benefactor de lo que reciben.

Parece una escena de la China en época de Mao. Y este Mao es el cuñado de Ackerman y hermano de Irma Eréndira.

Les dice a los beneficiarios:

“El responsable de todos los programas sociales de los cuales ustedes se han dado cuenta que hoy existen en el estado de Guerrero: adultos mayores, programa de discapacidad, programa de jóvenes construyendo el futuro, el programa de fertilizantes, del cual el responsable directo es nuestro, nuestro, NUESTRO DELEGADO ESTATAL (alza la voz), que se llama Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros. Él es el responsable de los programas sociales aquí en Guerrero”. Y pregunta a voz en cuello:

-¿Ahora sí ya saben quién es?

Público: “Sí”.

-¿Cómo se llama?

Público: “Pablo”.

-Ok, de acuerdo. Él es el responsable directo, y de mi parte está verificar más que nada...

Según el Presidente eso es un delito.

¿Qué pasó con el “guardián” de la limpieza electoral?

Ahí van los Ackerman-Sandoval. Por todo.

Fingen recibir golpes de los 'conservadores', campañas de desprestigio, persecución de empresarios y de compañeros suyos de partido para hacerse las víctimas y recibir solidaridad.

López Obrador aún no cumple dos años en Palacio Nacional y dentro de Morena ya el grupo radical tiene candidata para cuando se vaya.

O saben algo que nosotros no sabemos, o están adelantadísimos en la lucha por el poder que AMLO, algún día y enhorabuena, va a dejar.

En la disputa que se está dando en la Cámara de Diputados por la composición del INE se enfrentan las fracciones de Morena. O los menos precipitados de ese partido frenan la maquinaria de la que Ackerman forma parte.

No es una maquinaria menor. Ahí están el primer presidente del partido, Martí Batres, el actual dirigente nacional Alfonso Ramírez Cuéllar, Bertha Luján, la secretaria del Trabajo Luisa María Alcalde, la secretaria del Bienestar, el titular de Semarnat, Rocío Nahle de Energía, más el cuadro completo del Instituto de Formación Política de Morena, con Paco Ignacio Taibo II, El Fisgón, Pedro Miguel.

Periódico ya tienen. Basta leerlo para entender cuál es su candidata y qué quieren para México.

Su proyecto es socialista y no democrático como el que muchos desean, sino dictatorial. Simulan que hay conspiraciones golpistas contra AMLO, para endurecer el régimen.

Impulsaron la instauración de los Ciudadanos Alertadores Internos y Externos de la Corrupción, firmado por Irma Eréndira Sandoval en el Diario Oficial.

Son, como se ha explicado, una réplica de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) de Cuba.

Eso, sin contrapesos democráticos que inhiban la arbitrariedad, significa el control de la población, de sus bienes y de su libertad por parte de los gobernantes y sus soplones.

Por todo van los Ackerman y su candidata presidencial.

¿Irma Eréndira es la candidata?

Recuerdo cuando en 1987 el presidente De la Madrid autorizó que comparecieran “cinco distinguidos priistas” ante la dirigencia para de ahí elegir al candidato a sucederlo.

Le pregunté a uno de ellos cómo interpretaba la presencia de Ramón Aguirre Velázquez en ese grupo.

-Mira, Ramón es como el gallo que usan para picar a otros, pero no es el que va a pelear.

miércoles, 15 de julio de 2020

México, intoxicado por su Presidente

15 julio 2020, Pablo Hiriart

La polarización galopa en México con el impulso que cada mañana le imprime el presidente de la República, para forjar lo que será lo peor de su legado: un país donde sus habitantes odian al que piensa diferente.

¿Con qué derecho el Presidente ataca a dos columnistas, a los que llama a “enfrentar”, porque son voceros del antiguo régimen?

¿Enfrentar? Con ideas sería muy enriquecedor, pero su convocatoria es al odio.

Así lo interpretan sus alfiles en Palacio y fuera de él, que en un coro polifónico copan las redes con deseos y frases de tan elevado humanismo como ver rodar cabezas por las redacciones, chayotero, amargado, muérete, lárgate del país, que termines sentado en ...tu miserable existencia.

El discurso tóxico de López Obrador permea a los habitantes en su vida cotidiana, se expresa, se aplica e incluso contamina las relaciones familiares y de trabajo que eran buenas, normales.

El desprestigio personal del otro es la divisa.

Según él, las protestas contra su gobierno “son de una minoría clasista y racista”.

A Trump no le dice nada cuando hace ostentación del muro porque “no me quiero enganchar”, pero a quienes cuestionan con argumentos sus políticas internas llama a “enfrentarlos” porque son “voceros del antiguo régimen”.

Además, les dice, son “clasistas y racistas”.

Eso es lo que replican sus seguidores en redes sociales y en medios de comunicación tradicionales. No tardaremos en ver el encono expresado en las calles.

La polarización y la intolerancia que emanan del Presidente tienen la poderosa fuerza de sacar lo peor de nosotros, y en ese lodazal estamos.

No hay cabida para el diálogo: o estás conmigo o estás contra mí.

José Woldenberg lo explica en un solo párrafo lleno de contenido: “El Presidente cree que su visión no es sólo la correcta, sino la única, por lo que otras voces no son más que ilegítimas y mentirosas” (El Universal de ayer martes).

Ahí está la nuez del problema. Y ante las agresiones del extremismo presidencial surgen voces y grupos tan radicales como él, pero en sentido opuesto.

Ofenden a niños, piden golpes de Estado, descalifican a articulistas y a políticos por su apariencia física, por sus preferencias, rezuman una festiva ignorancia y ánimos de guerra.

Pero, ojo, que no nos vengan con que esas reacciones son producto del derrumbe “del viejo régimen”.

No, lo que se derrumba es el país.

Se desploman la economía, el empleo, la salud, la pluralidad como el sostén de una nación equilibrada, la solidaridad con el sufrimiento ajeno.

Y en Palacio Nacional manda un político que envenena la convivencia entre sus gobernados. Todos los días, sin faltar uno.

Si escuchara, el futuro de México sería promisorio, porque su aceptación popular es elevada y parte de su diagnóstico es correcto.

Pero ni la tolerancia ni la apertura se cuentan entre sus virtudes.

El discurso beligerante del Presidente hacia la mitad de la población es tóxico y su desenlace es de pronóstico reservado.

El mexicano no es un pueblo malo, claro que no.

Los alemanes tampoco son un pueblo malo. Nos han dado un arte extraordinario, el Romanticismo, a Beethoven, y a los mejores gobernantes del mundo en la postguerra. Europa se ha beneficiado de la eficiencia y el humanismo de los alemanes. Los migrantes también.

Claro, un líder extremista y demagogo sacó lo peor de ellos, se abrazaron a él y llevaron al mundo a sus peores momentos de horror y de crueldad.

Los judíos no son un pueblo malo. De entre los suyos han salido varias de las mentes más brillantes, para bien de la especie humana. Políticos de la sagacidad de Ben Gurión, un ateo, fundador del estado de Israel. Los judíos son, en buena medida, los creadores del american way of life, porque son los padres de Hollywood. Difícil encontrar un pueblo con mayor sentido de la solidaridad que ése.

Pero su lado obscuro brota con líderes beligerantes y extremistas que, ahora, quieren despojar a los palestinos incluso de una parte de Cisjordania, después de haberlos arrinconado como parias en su tierra.

Los líderes que se sienten poseedores de la verdad absoluta, y tratan a las visiones distintas –como dice Woldenberg– de ilegítimas y mentirosas, suelen llevar a la tragedia social o económica a los pueblos que los hicieron ídolos.

Hacia allá vamos, intoxicados con la perseverancia polarizadora de López Obrador.

martes, 14 de julio de 2020

El gobierno está en quiebra


13/07/2020 Alejo Sánchez Cano

Desde San Lázaro - ElFinanciero_Mx
El gobierno de la 4T está sin recursos para enfrentar por lo menos el gasto corriente y los principales programas de política asistencial, además claro, las tres obras insignia: Santa Lucía, Dos Bocas y Tren Maya, por lo que resta del año.

Así que ante la mayor crisis que ha enfrentado el país, producto del Covid-19, sólo tienen la morralla, pero ninguna partida de envergadura para atender la crisis médica y económica.

De los 400 mil millones de pesos que dijo el presidente que se tenían guardados, no se sabe nada sobre su existencia y sí en cambio se conoce que el consumo se ha caído; el IVA se desplomó 36.5 por ciento (comparado con 2019); el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a combustibles –que se había convertido en el pivote para sostener los ingresos tributarios no petroleros– cayó 26.9 por ciento, mientras que los ingresos petroleros bajaron 65.3 por ciento.

El gobierno ya tomó 21 mil millones de pesos del Fideicomiso del Aeropuerto de la Ciudad de México (impuesto por TUA/Tarifa de Uso Aeroportuario); cuatro mil 800 millones de pesos del Fideicomiso de Estabilización de Entidades Paraestatales. Usó también 24 mil millones de pesos que Hacienda no dice con claridad a qué fondo o ámbito pertenecen y se han gastado ya, casi cien mil millones de pesos del Fondo de Estabilización Presupuestaria; del petróleo, del Fondo de Estabilización de Participaciones Estatales.

Diversas instituciones públicas estiman que (tan sólo para mayo) la caída de los ingresos presupuestados estará girando en 120 mil millones de pesos y en junio, serán más de 30 mil millones de pesos. Por lo tanto, hablamos de un déficit de casi 150 mil millones de pesos.

Se sabe que ya ingresaron a las arcas públicas dos mil 200 millones de dólares, producto de los cinco préstamos del Banco Mundial, sin embargo, el gobierno no ha dado información precisa, ya que mientras este organismo internacional informó que los recursos prestados se deberán destinar para paliar los efectos de la pandemia, el gobierno de López Obrador lo está destinando a otros programas.

Lo cierto es que los últimos cinco meses del año serán tormentosos para AMLO en virtud de que no se tendrán los ingresos suficientes para cubrir el Presupuesto por lo que resta del año.

Ante este déficit, el Partido de la Revolución Democrática en la Cámara de Diputados propondrá la elaboración de un 'presupuesto alternativo' en lugar del 'ajuste' que el presidente Andrés Manuel López Obrador pretende realizar al recurso aprobado para este año, pues se ha quedado sin recursos para cubrir los cinco meses que restan del año.

Para ello, está urgido de otro periodo extraordinario de sesiones para modificar la Constitución y le confieran con ello, facultades de alterar la cuenta pública sin necesidad de pasar por el Congreso.

El legislador perredista Antonio Ortega Martínez afirmó que el gobierno de López Obrador ya gastó los fondos y fideicomisos destinados a encarar vicisitudes como la que estamos pasando por el Covid 19 y ahora “busca dinero hasta debajo de las piedras”.

La economía no crece sólo con deseos, ni por decretos, es más ni por economías mal entendidas. Se crece por la confianza que tienen los inversionistas en el país, y ésta se ha deteriorado desde que inició el sexenio, con la cancelación de la construcción del aeropuerto de Texcoco y subsecuentes decisiones en detrimento del Estado de derecho y los compromisos contraídos con empresas extranjeras.

El injusto derecho a la vivienda


Antonio Cuéllar

La complejidad de la relación del hombre en sociedad y la interacción de ésta y las vicisitudes de la economía, provocan complejos cuestionamientos de justicia social alrededor de los derechos del individuo a gozar de un mínimo vital, a gozar de prerrogativas que le faciliten el acceso a un techo. Sin poner en tela de juicio la innegable obligación del Estado de favorecer un sistema social que facilite la construcción de una vivienda digna para el trabajador ¿verdaderamente tiene nuestra sociedad una obligación moral y económica de facilitar una vivienda para todos?

La pregunta viene a colación, después de que la semana pasada se presentara en el Congreso de la Ciudad de México una iniciativa que replantea la naturaleza misma de la figura del arrendamiento inmobiliario para casa habitación, y el derecho de los arrendatarios para servirse del inmueble en condiciones que desequilibran esa relación autónoma e igualitaria que debería de existir frente al arrendador.

En el análisis de la cuestión no pueden tomarse en cuenta los extremos porque no son constantes. Es verdad que existe el caso de arrendadores abusivos que explotan inmoralmente el estado de necesidad de sus inquilinos, como también existen arrendatarios morosos e incumplidos que abusan del cobijo que les ofrece la ley para obtener un beneficio cuantificable en dinero a costa de su casero. Eliminemos las dos hipótesis de nuestra ecuación.

La fortuna patrimonial de contar con un inmueble adicional que se pueda dar en arrendamiento para obtener una renta que haga más vasta la solvencia para soportar cómodamente la vida, obedece muchas veces a la suerte misma de haber heredado el esfuerzo emprendido por generaciones anteriores; o representa también una alternativa de inversión que realizan muchas personas de clase media, para preservar el fruto del trabajo por medio de la disciplina en el gasto y el ahorro. Un arrendador es, la mayoría de las veces, un trabajador ordenado y ahorrativo con su dinero.

Esta visión intermedia que refleja una amplia realidad, debiera ser el rasero desde el cual se expidieran las normas para gobernar la figura del arrendamiento inmobiliario para casa habitación. Asumir al arrendatario como un usuario cumplido de sus obligaciones, así como al arrendador como justo oferente de un bien a cambio del cual pretende el pago de un precio.

La semana pasada se hizo pública una iniciativa que presentan dos legisladoras locales de Morena, por medio de la cual impulsan un proceso parlamentario para reformar el Código Civil de la Ciudad de México, con el propósito de transformar significativamente las condiciones legales de conformidad con las cuales se regula el arrendamiento de casa habitación. En su proyecto proponen que al arrendamiento de vivienda se le entienda como “un contrato específico de arrendamiento por medio del cual la relación entre las partes cumple con el objetivo social de coadyuvar al cumplimiento del derecho humano a la vivienda de la parte arrendataria a cambio de un rédito a favor del arrendador”.

Con independencia de las observaciones y reflexiones que pueden existir con relación a la iniciativa en toda su integridad, que son muchas, nos ha llamado significativamente la atención el escaño en el que se ubican los derechos del arrendatario a partir de la definición misma del propio contrato para el uso de un inmueble. Se asume la protección del derecho humano a la vivienda como un objetivo social al que todo propietario de un inmueble debe coadyuvar, y por cuyo esfuerzo queda exclusivamente legitimado para cobrar un “rédito”.

La visión de los derechos del inquilino frente al arrendador están indebidamente situados en el universo de los Derechos Humanos. Es errado pensar que el Derecho Humano a la vivienda sea oponible o exigible al arrendador. Todo Derecho Humano produce un interés legítimo del individuo para exigir al Gobierno del Estado, solamente a la autoridad, el cumplimiento de una obligación concomitante. Los Derechos Humanos no se pueden trasladar a la esfera de derecho privado, entre particulares. Es el Gobierno a través de sus distintos ámbitos de desenvolvimiento y órdenes jerárquicas, que está conminado a velar por la observancia de la ley en materia de vivienda, así como para facilitar las condiciones que favorezcan la construcción y puesta a disposición de casa habitación para las personas, a cambio de una retribución de quien se favorezca de ella. En ningún país, en ningún momento de la historia, a los seres vivos se les ha regalado una casa. Ni siquiera en Cuba o en Venezuela se ha llegado a premiar la holgazanería.

Apreciar al arrendamiento como un derecho humano para cuyo cumplimiento debe coadyuvar un particular, el arrendador conduce a imponer una carga económica, social y moral a un individuo, por oposición a otro que puede exigirla legítima y proporcionalmente. Concebir de esa manera al arrendamiento concede al arrendatario un derecho de exigencia y permanencia al arrendador, por el hecho de tener más que él.

La pretensión resulta abominable, no por menospreciar el derecho de toda persona a recibir un trato justo al momento de arrendar un inmueble, sino por imponer una carga social a uno de los individuos involucrados en la relación jurídica.

La intención legislativa que perturba este equilibrio en la relación arrendaticia es peligrosa, si se aprecia la disminución a la que se conducen los derechos inmediatos del arrendador: a recibir un rédito.

Un rédito es una utilidad o un interés por el dinero. Eso quiere decir que el valor de su patrimonio y el esfuerzo implícito que lleva adquirirlo, es equiparable al monetario líquido que en misma proporción existiera en cualquier institución bancaria o financiera. En esas condiciones, la previsión normativa permitiría, en un hipotético caso, que si la extensión del derecho del arrendador abarca el pago de un rédito proporcional por el valor económico de su propiedad, cualquier fluctuación de los mercados con relación al interés por el dinero, podría idéntica y proporcionalmente reflejarse en el pago de la “renta” por el uso de su inmueble.

Evidentemente que la norma no lo dice expresa y tajantemente, pero la posibilidad inserta en el texto de la iniciativa, de que ante situaciones extraordinarias de emergencia, el monto de la renta deba disminuirse, arroja la posibilidad de que la intervención judicial pueda llegar a ser de tal magnitud y gravedad, que dicha renta disminuya al mismo rango que los bancos pagan por concepto de interés a cambio de un valor similar al del inmueble. ¿Una prueba más grave de la reforma? ¿Sabe cuál ha sido el valor considerado por la Tesorería para calcular su impuesto predial? Ahora haga el cálculo de los ingresos mensuales que recibiría por ese mismo dinero si lo deposita en el banco, con vencimientos cada veintiocho días.

La propuesta parlamentaria se debe de tomar en serio. La mera definición del contrato de arrendamiento tiene aparejadas muchas implicaciones. Quizá las legisladoras pasaron por alto las previsiones que contempla la Convención Americana sobre Derechos del Hombre firmada en San José en 1969, que en su artículo 21, sobre el Derecho a la Propiedad Privada, establece con toda claridad: Toda persona tiene derecho al uso y goce de sus bienes. La ley puede subordinar tal uso y goce al interés social. Tanto la usura como cualquier otra forma de explotación del hombre por el hombre, deben ser prohibidas por la ley.

En la ecuación existente entre arrendador y arrendatario, la norma debe perseguir la construcción de un equilibrio justo y beneficioso para ambas partes.

A la buena de Dios

14/07/2020 -Pablo Hiriart

La soberbia, esa mala consejera que nubla la mente y envenena el alma cuando se requiere ecuanimidad, es la causante de la muerte de miles de seres humanos en México por el Covid.

Hugo López-Gatell se equivocó en el diagnóstico y en el método para enfrentar la pandemia, y en lugar de su renuncia exhibe soberbia y recurre a la mentira para justificar lo injustificable.

Treinta y cinco mil muertos, según él, y alrededor de 50 mil de acuerdo con la extrapolación de datos del Registro Nacional de Población.

Estamos a la espera de un milagro para que el número de contagios, y de muertes, comience a descender de manera sostenida, porque estrategia no hay.

Nunca la hubo, y ahí están los resultados.

De acuerdo con el portal de Naciones Unidas (Noticias ONU), México es el quinto país con más muertes por coronavirus. Eso no lo inventó un periódico ni un columnista.

Los datos no mienten.

¿No es correcto comparar defunciones en países altamente poblados, como México, con otros de menor población?

De acuerdo con ourworldindata, si se toman a los 20 países con mayor población en el mundo, México ocupa –actualmente– el tercer lugar en muertes al día por millón de habitantes.

Entre el 3 y el 10 de junio, cada dos minutos murió un mexicano de coronavirus, y 14 personas se contagiaron (Reforma, 12 de julio).

Hasta la semana pasada, veintitrés por ciento de los contagiados corresponde a personal médico, quizá la tasa más alta del mundo.

Los ahorros y el desprecio por la ciencia han matado personas que deberían estar vivas.

El doctor López-Gatell tuvo tres meses para preparar una estrategia y no se hizo.

Cierto, ha habido una irresponsabilidad general en el aumento de contagios, pero la principal recae en el gobierno.

El jueves de la semana antepasada el subsecretario López-Gatell dijo con aplomo:

“El viernes 13 de marzo identificamos que se habían triplicado los casos de días anteriores... y en ese momento, con tan sólo 12 casos, doce casos, ya habíamos identificado con anterioridad que era muy importante cerrar las actividades, hacer una medida masiva que llamamos Jornada Nacional de Sana Distancia, antes de que comenzara a subir rápidamente la curva epidémica”.

Falso, no lo hicieron. La Jornada de Sana Distancia inició el 23 de marzo. Por eso la propagación del virus y las muertes.

Al día siguiente de ese cierre inexistente (13 de marzo) se celebró en la CDMX el festival Vive Latino, con más de 100 mil personas.

A mediados de marzo –cuando según López-Gatell ya habían cerrado las actividades–, el gobierno federal imprimió un volante que difundió masivamente, en abierto desdén por la gravedad de la pandemia.

Decía: “No hay necesidad de cancelar eventos masivos, actividades escolares y sociales... Recuerda: la enfermedad causada por el coronavirus Covid-19 NO ES GRAVE”.

¿No es grave? Treinta y cinco mil muertes según López-Gatell.

Y no hay para cuándo porque no existe estrategia de contención.

Los países asiáticos lograron bajar drásticamente los contagios porque tuvieron confianza en la ciencia.

Aquí quedamos en manos del trébol de la buena suerte y de un médico que se equivocó por completo y debió haber corregido o renunciar. Se obstinó en la estrategia de mitigación y no de contención.

Qué bueno que al fin haya más respiradores y camas, pero ninguna de esas medidas frena el coronavirus.

Se desechó la contención y por cada infectado hay 1.79 pruebas. Nada, si de prevenir, confinar y dar seguimiento a casos se trata, de acuerdo con lo que explica la doctora Laurie Ann Ximénez-Fyvie, jefa del Laboratorio de Genética Molecular de la UNAM.

Esa es la realidad. Perdimos la guerra contra el Covid por soberbia de un funcionario.

Se equivocó, y seguirá muriendo gente por la falta de estrategia. Y no hay ningún dato serio que nos diga que la pandemia va para abajo.

Estamos, pues, a la buena de Dios.

sábado, 4 de julio de 2020

María Antonieta - La gran arpía

03/07/2020 Pablo Hiriart

La persona más insultada de Francia antes y al inicio de la Revolución no fue Luis XVI, sino su esposa, María Antonieta.

Con algunos rasgos de sencillez en su vestimenta y afinidad con la vida rural, pero profundamente antipática para los franceses, María Antonieta catalizó la furia del pueblo y la intelectualidad en la época de escasez de cereales, hambre y arcas vacías.

Su falta de sensibilidad y empatía con las necesidades de la población es histórica.

También es histórico su pecado capital: diseñar intrigas en Palacio contra funcionarios del reino y ejercer una gran influencia política sobre su marido, el soberano.

Hasta entrada la Revolución, Luis XVI gozó de legitimidad, incluso entre los revolucionarios, que lo querían como “padre de los franceses y rey de un pueblo libre”.

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A María Antonieta, en cambio, la detestaban. Era “la gran arpía”.

En la escasez de pan (derivada del granizo en invierno y sequía posterior), el 5 de octubre de 1788 una manifestación de mujeres marchó desde París a Versalles a exigir respuesta a una pregunta: ¿cuándo tendremos pan? Pasaron por encima de la Guardia Nacional y llegaron a la antesala de la recámara de la reina. Fue ahí cuando habría dicho: “si no tienen pan, que coman brioche”.

No hay una sola evidencia histórica de que lo haya dicho. Lo más probable es que sea un infundio, como tantos otros añadidos a su avinagrada actitud, que periódicos como Le Pére Ducherne se encargaban de aumentar hasta el escarnio y la crueldad. Y libelos, que pululaban a manera de 'red social' de la época.

Mientras eso ocurría en París, en el Palacio de Versalles María Antonieta conspiraba y le hacía la vida imposible a los consejeros y ministros más sensatos de su marido, especialmente a Necker. El ginebrino Jacques Necker era querido hasta la adoración por el pueblo francés debido a su insistencia en abolir privilegios, emparejar la carga fiscal, y poner racionalidad a las onerosas e inútiles obsesiones de obra pública de Luis XVI, como un dique en el Atlántico (todo esto se encuentra en la gran crónica de la Revolución francesa, Ciudadanos, de Simon Schama, un libro de mil páginas que vale la pena leer dos veces).

Guardadas las proporciones y circunstancias históricas, aquí la esposa del Presidente, Beatriz Gutiérrez Müller, se ha encargado de despertar una antipatía despiadada hacia su persona, por razones esencialmente similares a las que llevaron a María Antonieta a ser llamada, con exageración, “la gran arpía”.

La historia, a veces, se lee como un cuento ajeno a nosotros, pero no se asimila. Por eso la repetimos.

En estos días las redes sociales se han nutrido de reacciones a un mensaje de la señora Gutiérrez Müller de suma dureza ante el dolor ajeno.

Le preguntaron en Twitter cuándo atendería personalmente a los padres de niños con cáncer que reclaman medicinas para sus hijos.

Su respuesta fue para dejar helado a cualquiera: “No soy médico, a lo mejor usted sí. Ande, ayúdelos”.

La insensibilidad exhibida por la esposa del Presidente suscitó una lluvia de reacciones, varias de ellas groseras.

Quiso componer el mal sabor que dejó su primer mensaje y puso otro, tan ofensivo como el anterior: “Están muy inquisidores los adversarios de mi esposo. ¡Por algo será! Si mi expresión ‘No soy médico’ ofendió a alguien ofrezco disculpas. En cuanto a mí, sólo expresarles que soy profundamente humana y deseo el bien para todos, ahora y siempre”.

No se retractó. La lucha de esos padres no es contra el marido de la señora Beatriz, sino contra el cáncer que padecen sus hijos. La disculpa fue a un abstracto, alguien que pudo ofenderse.

Por instinto natural la respuesta al error cometido debió ser más humana. Invitar a esos padres, escucharlos y ofrecer su cercanía con el Presidente para que no les falten medicinas.

Con los niños estuvieron, y no una sola vez, Margarita Zavala, e incluso Angélica Rivera. La señora Beatriz nos dice con su actitud que es diferente. Sí, en efecto, ya lo vimos.

Desde que su marido fue declarado Presidente electo, ella ha tenido expresiones de hostilidad hacia millones de personas. Esa foto en que nos pinta 'caracolitos' la marcó.

Ha dejado saber que tiene un alma dura.

Su hostilidad hacia los que piensan distinto a su marido la hace manifiesta. Bloquea al por mayor en redes sociales. Algunos se ofenden, reaccionan de mala manera y la insultan.

El incidente en el avión –en primera clase, ¿para qué?– es reprobable. No es correcto encararla, resulta indebido, es la esposa del Presidente, tengamos la opinión que tengamos de su trabajo. Sin embargo sus seguidores rompieron esa indispensable barrera de civilidad cuando hostigaban a Margarita Zavala en el aeropuerto y otros sitios públicos, con ofensas preparadas, debido a la gestión de su marido.

Miren lo que sembraron, miren lo que cosechan.

El activismo palaciego de la señora la expone al escarnio en un país polarizado.

Trasciende esos muros que ella contribuyó a crear un mal ambiente a Carlos Urzúa, un solvente –y que tenía la personalidad para decirle que no al Presidente– encargado de las finanzas públicas del país.

A la señora se le atribuye una labor soterrada contra el canciller Marcelo Ebrard. Obviamente se piensa hasta dónde llegará su influencia para poner piedras o tejer en favor de una candidatura presidencial.

El imaginario colectivo es muy frondoso y seguramente se le añaden injerencias que no tiene. Los indicios, sin embargo, ahí están.

Su marido, desde joven, ha tenido cercanía con los grupos indígenas, pero esta acentuada vena antiespañola no es suya, es nueva.

Mandar una carta al rey Felipe VI para que viaje a México a disculparse por lo ocurrido hace 500 años es un despropósito que se ha extendido a fobia contra las empresas españolas. Lo mismo quiso hacer con el papa Francisco. Que vengan los dos a pedir perdón.

Su activismo palaciego se percibe, y no le hace bien al país.

Su dureza de corazón trasciende al ambiente público, de por sí contaminado por la polarización que con éxito alienta su marido.

No es bienvenido un motivo más de encono.

La prudencia es indispensable.

miércoles, 1 de julio de 2020

La oposición se equivoca


Perdidos en la carrera del tuit más veloz y la competencia por likes, la oposición no está haciendo política electoral

POR: FERNANDA CASO
 JULIO 1, 2020 · 2:38


Siempre es tentador subestimar al contendiente para sentirse seguro del futuro propio. Entusiasma construir alrededor del contrincante una imagen de derrota, mostrarlo cada vez más solo y sin apoyos. Los críticos se reúnen para burlarse de él y se reafirman entre ellos la idea de que su presencia no significa ninguna competencia. En la arena electoral, esta narrativa se reafirma cacareando encuestas en las que el de enfrente pierde puntos de aprobación, mostrando mil y una veces ese video de la protesta en su contra y alardeando cada vez que hay un desertor entre sus filas.

Sin embargo, la desaprobación de un bando no es suficiente para asegurar un triunfo del contrario. En México, la oposición electoral parece estar cayendo justo en ese juego: dedicándose a vencer al gobierno en los medios y olvidando la batalla de las urnas.


Mientras la oposición se desgasta criticando cada ocurrencia explosiva del Presidente en las conferencias mañaneras, Morena ya tiene opciones de candidatos competitivos en los 15 estados en los que hay elección a gobernador en 2021 y cuenta con ventajas en al menos 13 de ellos. Además, Morena ha construido una coalición con el PT y el Partido Verde que se convertirá en millonarios recursos y spots para los candidatos del gobierno. Sumado a esto, cuatro de los siete nuevos partidos que competirán por primera vez en 2021 son satélites de Morena y se sumarán a la embestida contra la oposición que se encuentra diezmada y desorganizada. Según las encuestas, el PRI está en la ruta perfecta para perder ocho estados que actualmente gobierna y el PRD, perdería el único que tiene (Michoacán).

En los estados sin elección a gobernador, es esperable una baja participación electoral. La experiencia señala que las elecciones intermedias sin concurrencia de gubernatura generan poco interés en la población. Más aún si los partidos de oposición no tienen una agenda clara de contraste que emocione.


En esos estados, estaremos viendo una elección entre estructuras y, en trabajo de tierra, no hay ninguna organización con la solidez de Morena.

Hace mal la oposición en caer en las distracciones de la Presidencia y perderse en la coyuntura de la nota periodística. Perdidos en la carrera del tuit más veloz y la competencia por los likes, los partidos de oposición no están haciendo política electoral.


Se están encerrando en la dinámica legislativa, pero no están armando coaliciones hacia afuera, no están yendo por jóvenes y líderes sociales para encabezar sus listas, no están proponiendo una agenda que logre sacar a votar a quienes se han decepcionado del gobierno.

La oposición se equivoca si cree que la simple caída de aprobación de López Obrador en las encuestas será suficiente para derrotar a su aparato electoral. De hecho, el escenario que hoy pinta es exactamente el contrario… podríamos estar viendo en 2021 a Morena más fuerte que nunca.