lunes, 13 de marzo de 2017

La cofradía de los suegros


López Obrador sabe que 2018 es su gran ocasión para llegar a Los Pinos, quizá la última


No solo están allí en calidad de suegros, supongo, aun cuando se trate de los suegros más encumbrados de México. Con todo, la incorporación de los padres políticos de Carlos Slim hijo y de Emilio Azcárraga a los equipos de trabajo de López Obrador es parte de una estrategia más amplia del líder de la izquierda para demostrar que él no es un peligro para México, como suelen decir sus detractores.
Desde hace algunos meses se observan los esfuerzos que el tabasqueño ha realizado para suavizar su discurso y atraer a sectores medios que en las dos elecciones pasadas no votaron por él. Como es sabido, en 2006 perdió la elección presidencial por una pestaña a manos del panista Felipe Calderón, en comicios por demás polémicos; y en 2012 quedó en segundo lugar detrás de Enrique Peña Nieto, quien encabezó el regreso del PRI al poder. En las dos campañas, López Obrador fue acusado de ser un político beligerante e irresponsable, enemigo de la iniciativa privada y del capital.
Parecería que Andrés Manuel se estaría blindando de antemano contra esa acusación, ante las elecciones de 2018. Los nombres de Marcos Fastlicht, empresario destacado y filántropo además de suegro del dueño de Televisa, y Miguel Torruco, consuegro de Carlos Slim, se incorporan a la lista de otros miembros de la élite del sector privado que han decidido formar parte de las filas lopezobradoristas. Entre ellos, Alfonso Romo, uno de los hombres más ricos de México, y Esteban Moctezuma, a cargo de las iniciativas filantrópicas de Ricardo Salinas Pliego, el dueño de la otra televisora del país.
Esto último llama la atención. En sus dos derrotas anteriores López Obrador se dijo víctima de la manipulación y los ataques de la televisión mexicana, siempre a favor de "la mafia en el poder". Y no es que Marcos Fastlicht y Esteban Moctezuma vayan a dictar el contenido político de Televisa y de TvAzteca (que controlan en la práctica el 100% de la audiencia de la televisión abierta) en las próximas elecciones. Pero difícilmente se habrían involucrado en una campaña al lado del líder de la izquierda sin un espaldarazo de los grupos mediáticos con los que están vinculados.
Que López Obrador desarrolle estrategias para atraer a su causa aliados que otrora le fueron adversos es más que entendible. Sabe que 2018 es su gran oportunidad para llegar a Los Pinos, quizá la última. Lo que llama la atención es la disposición del gran capital para acceder a este acercamiento.
Desde luego que media docena de nombres no representan al sector privado en su conjunto. Pero dan cuenta del creciente desencanto que los capitanes de la iniciativa privada experimentan con los gobiernos del PAN y del PRI. Fue sintomática la negativa de la Confederación Patronal a firmar el acuerdo económico para la protección de la economía familiar, convocado por Peña Nieto; la acusaron de ser demagógica e ineficaz. Cada vez es mayor la acidez con la que critican la corrupción de la vida pública y la complicidad de las autoridades, o la frivolidad de los actuales políticos y su escaso profesionalismo. Algunos comienzan a ver con otros ojos los estímulos y la importancia de la obra pública de la gestión de López Obrador cuando fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México.
En suma, la élite económica parecería estar repensando su alianza tradicional con los gobiernos conservadores y de centro derecha que han caracterizado al PAN y al PRI en los últimos lustros. Parecerían abrigar la noción de que estos partidos han agotado su capacidad para sanear al país.
La amenaza de Trump, los escándalos de corrupción, el pobre desempeño de la clase política, las bajas tasas de crecimiento, la desigualdad crónica, la inseguridad pública creciente y la ausencia de figuras de relevo atractivas han provocado lo que parecía imposible: un incipiente romance entre los amos de México y el líder de la izquierda. Imposible saber si el romance terminará en boda. Convendría seguir de cerca a los conspicuos suegros para saberlo.


La apuesta de López Obrador

Por: Jorge Fernández Menéndez.
13 de Marzo de 2017
Andrés Manuel López Obrador ha abierto varios frentes simultáneos tratando de posicionarse aún mejor de cara al 2018. Mientras continúa sus giras por el Estado de México y Veracruz, ha iniciado una operación para terminar de desfondar al PRD. No le alcanza que voces de ese partido lo apoyen pública o subrepticiamente, lo que quiere es que de una vez por todas el perredismo se sume a Morena sin condiciones, sin alianza, con una rendición completa e incondicional. Quienes se queden en el PRD, o en el PRI o el PAN, son, dijo López Obrador este fin de semana en Veracruz, corruptos. Sin excepciones y paradójicamente todo aquel que se sume a su proyecto se limpia de la corrupción. Una suerte de amnistía adelantada que se basa, simplemente, en adherirse a su figura. En esa lógica, hasta la denuncia de su acuerdo con Javier Duarte en Veracruz puede ser verosímil.
No sé, nadie lo sabe, qué hará, finalmente, el partido del sol azteca, pero tiene que tomar medidas rápidas para evitar que continúe un movimiento que se ha convertido ya en percepción y pronto se puede convertir en realidad. Un movimiento, además, que parece tener respaldo en otros ámbitos: resulta insólito que la Junta de Coordinación Política del Senado le impida al PRD cambiar a su coordinador, Miguel Barbosa, cuando no tiene el respaldo de ese partido o que éste apueste a una mayoría en el grupo parlamentario conformada por quienes se fueron por una u otra razón del partido, muchos de los cuales están ya militando en Morena. No es un tema menor, son decenas de millones de pesos que se mueven por esas vías y que pueden transformar, por ejemplo, una campaña electoral.
Pero, también Andrés Manuel está operando en otro nivel, en el que también puede terminar pagando costos altos. Sigue en su confrontación en Veracruz, de la que le será imposible salirse y cada vez que entre en ella se tendrá que mostrar con la imagen dura que no quiere asumir. Vuelvo al tema Duarte: cuando detienen este fin de semana al exgobernador Flavino Ríos, acusado de encubrir la huida de Javier Duarte, la reacción de López Obrador es calificar la detención de propaganda. Acusó a Yunes de heredar cargos a sus hijos cuando López Obrador está haciendo exactamente lo mismo con los suyos, poniéndolos en los principales cargos de dirección de Morena e incluso responsabilizándose de la negociación con otros actores (el respaldo de Barbosa a AMLO se dio en torno a una comida del senador con Andrés Manuel López Beltrán, quien fue también quien organizó y fue vocero del partido cuando su padre tuvo problemas cardiacos en el 2013).
Pero Veracruz es una escala del conflicto principal que se escenificará en el Estado de México. Para Morena ganar o disputar seriamente el Estado de México es clave y allí ha identificado a Josefina Vázquez Mota y al PAN como sus principales enemigos, incluso, pareciera que ése es también su objetivo en el plano federal. Insistimos, el momento se parece mucho al 2005-06, con un López Obrador con aparente ventaja en las encuestas, un PRI en declive y un PAN que se convierte en alternativa ante el ascenso del propio lopezobradorismo. Su momento tiene que ser ahora, de aquí a junio, ratificando en esos comicios, Veracruz y Estado de México, que sí es una opción real para el 2018.
Un hombre con su experiencia sabe que no puede dejar pasar ese momento o mostrarse débil en la coyuntura. Por eso se volcará a esas dos campañas, que definirán su posicionamiento real de cara a los comicios federales.
No le será fácil: Josefina es mejor candidata que Delfina y si bien es verdad que el propio Andrés Manuel será el que hará la campaña, también el tema de la Juanita puede afectarlo. Vázquez Mota ya ha mostrado que irá a esta campaña con mayor dureza que en el 2012 y queda la incógnita de lo que hará Alfredo del Mazo. Su gente, paradójicamente parece estar más interesada en pegarle a Vázquez Mota que a Delfina y López Obrador, tanto que ya tienen quién está preparando internamente la campaña negra contra la excandidata presidencial. A ver con qué salen.
Los panistas en esa coyuntura no deben perder el objetivo, deben tener muy claro quién es su enemigo principal, en el 2017 y en el 2018, porque si bien algunas de las de este junio pueden ser elecciones a tercios, en realidad, los comicios siempre tienden a polarizarse y ser, al final, entre dos.

jueves, 9 de marzo de 2017

La paradoja del 'Peje'

RAYMUNDO RIVA PALACIO

En cada campaña presidencial, Andrés Manuel López Obrador tiene una curva de aprendizaje. El político primitivo pero carismático que ganó la jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal, en 2000, se convirtió en un líder popular que emergió como el líder insustituible de la izquierda social, cuya visión corta lo llevó a crear una estructura electoral paralela al PRD, en 2006, que acompañó a su soberbia durante la campaña presidencial, y al final su derrota. En 2012 ya no utilizó las frases peyorativas que seis años antes le quitaron puntos, y aprendió que la política moderna obliga a participar de ejercicios democráticos, sin festejar antes de tiempo, junto con un cambio de tono en el discurso que le redituó en grande, hasta que se enconchó sin responder nada convincente cuando le preguntaban si, en caso de perder, aceptaría la derrota. En 2018, lo que se ve en el revigorizado López Obrador, es un político más maduro que ha cambiado la semántica y los decibeles. Los resultados son asombrosos.

Un estudio lingüístico de López Obrador, realizado por linguakit.com, muestra cómo, sin alterar su visión de país y los objetivos políticos, económicos y sociales que ha mantenido por más de dos generaciones, el mensaje del político ha evolucionado significativamente. En 2005, el año en que el gobierno de Vicente Fox logró su desafuero y a punto estuvo de meterlo en la cárcel –por un delito menor de carácter administrativo–, su palabra más utilizada en los discursos era “mala leche”. Expresiones que utilizó en ese entonces como “golpe artero” o “actos autoritarios”, entraron bien en su clientela incondicional y en algunos sectores de clases medias, pero comenzaron a mostrar una cara autoritaria, tan ominosa como lo que criticaba, además de intolerante y belicosa.

El discurso teológico de López Obrador, cuya visión del mundo no tenía grises y todo era ricos o pobres, buenos o malos, penetró poderosamente en el psique religioso mexicano, y se ha mantenido fuerte por la consistencia del mensaje y la congruencia de sus ideas. Pero la parte beligerante, o actitudes de desprecio más asociadas al PRI que tanto criticaba –como el no querer debatir porque su ventaja en las encuestas era amplia–, y la forma como se expresaba peyorativamente de sus adversarios y buscaba ridiculizarlos, alienó a sectores con capacidad económica que se sumaron, con aportaciones financieras, a sus adversarios en las urnas. En las elecciones de 2012 mejoró notoriamente su mensaje y tono, pero se mantuvo ideológicamente en el maniqueísmo que volvió a hacerlo caer en la trampa del silencio cuando, un mes antes de la elección, no supo contestar si reconocería la derrota en caso de perder en las urnas.

En 2017, su discurso ha cambiado por completo. Ya tiene grises, donde no todos los ricos son malos ni todos los políticos tienen que irse al diablo. Es más incluyente y se muestra tolerante. La belicosidad, cuando menos hasta ahora, se ha acotado a las arengas políticas cuando el caso lo merece, sin que haya asustado a muchos, como otrora, sino persuadido de que el López Obrador que ven ahora, ha renacido. Si se cuantifica las frases de López Obrador en dos discursos claves, se puede ver que en 2005, cuando se pronunció contra el desafuero, 57 por ciento de las que utilizó tenían una connotación negativa, contra 35 por ciento que las tenían positivas y 8.0 por ciento neutras. Para 2017, el mensaje más importante fue el que dio ante mexicanos en Los Ángeles, donde 49 por ciento fueron positivas, contra 29 por ciento negativas y 22 por ciento neutras.

El análisis lingüístico de linguakit.com soporta el cambio de mensaje, sin alterar el fondo. La “mala fe” quedó suplantada por un discurso donde ha hablado mayoritariamente de los derechos, a los que incluye otras palabras que sobresalen en su retórica, como los valores cívicos y la fraternidad. Ha dejado de ser incendiario y ha apelado a valores comunes, no únicamente a los de él o sus incondicionales, sino a los de todos. Dejó de ser excluyente para volverse incluyente.

El impacto en la opinión pública ha sido notable en lo que va del año.

De acuerdo con una medición de Social Metric, en la primera semana de enero, en la vorágine de descontento por el gasolinazo, las menciones de López Obrador, que fue cauteloso y legalista en todas sus frases, alcanzaron casi las 13 mil. Para el 16 de enero, sus menciones tocaban las 15 mil, una cifra que se repitió en la última semana de enero, y que fue superada en la primera quincena de febrero, donde sólo un día, el 13 de febrero, al día siguiente del discurso en Los Ángeles, alcanzó las 18 mil.

La forma como se expresa López Obrador le ha permitido ir ganando conciencias, aún en sectores que antes lo repudiaban, sobre todo en la clase empresarial, y también le ha granjeado un mayor número de espacios en los medios de comunicación, en especial los electrónicos, donde anteriormente estaba muy acotado. Él también ha ido ganando espacios, gracias a comenzar a aceptar entrevistas en medios a los cuales tenía vetados por ser altamente críticos de él.

Esta estrategia rinde resultados inmediatos y se ha visto con claridad en las últimas semanas. Falta mucho para la elección presidencial en días, pero no tanto en cuanto a cómo despliega su precampaña y su campaña. Lo que ha hecho lo beneficia de una manera tan clara que, hasta este momento, ha ocultado que Andrés Manuel López Obrador, en cuanto a visión de país y programa, sigue siendo el mismo de 2000, 2006 y 2012.
La ola sobre la cual avanza Andrés Manuel López Obrador para ubicarse, a 16 meses de la elección presidencial, como finalista de la contienda, está empujada por el contraste y la necesidad existencial de venganza. Estudios de opinión privados muestran que la mitad de los mexicanos emitirían su voto por quien esté en el mayor punto de alejamiento del presidente Enrique Peña Nieto y todo lo que represente. Sin rival enfrente, López Obrador ocupa ese sitio. Si los mexicanos reprueban las reformas peñistas, López Obrador es quien encabeza la contrarreforma. Si la corrupción mancha al régimen, López Obrador es quien ofrece destruirlo para ir al renacimiento moral. Si lo institucional tiene una carga negativa, lo antisistémico de López Obrador es la receta. El contraste de sus adversarios opaca sus contradicciones y, hasta este momento, también lo protege.

Donald Trump, a quien López Obrador critica regularmente, pero se ven en el espejo su nacionalismo y proteccionismo, su espíritu insular y su conexión con las masas, decía en los albores de su candidatura que estaba tan blindado ante la opinión pública, que podía dispararle a un tipo en la siempre concurrida 5ª Avenida de Nueva York y no pasarle absolutamente nada. Con López Obrador sucede lo mismo. Lo han atacado tanto por tantas cosas durante las dos últimas décadas, que parece inmune a las críticas. Los dos se forraron con el mismo teflón, que en las últimas semanas se le ha caído a Trump porque ya no pudo dar la vuelta a sus contradicciones. La experiencia que vive su fortuito par debe verla López Obrador para corregir, ahora que es tiempo.

López Obrador vive contrasentidos poco conocidos. Por ejemplo, su conservadurismo cristiano, que lo lleva a maltratar a colaboradoras por el hecho de ser divorciadas o madres solteras. El gran símbolo de la izquierda está más identificado, en materia social, con la ideología panista. Este es uno de los aspectos menos públicos de López Obrador, quien no tiene duda en negar declaraciones o acciones que en contexto diferente al que las haya dicho, se le echan en cara. Uno de los momentos más claros de esto se dio durante la campaña presidencial de 2012, cuando en la casa de un empresario de medios, un líder industrial regiomontano le preguntó por qué les hablaba bien de la educación privada, cuando poco antes, en una entrevista de prensa en Monterrey, había flagelado a las universidades de “los pirruris”. Lo negó, y dijo que era como si fuera al Cerro del Tepeyac a criticar a la Virgen de Guadalupe. El empresario le entregó la grabación de la entrevista, y aun así, rebatió, como lo hacía Fidel Velázquez, el sempiterno líder obrero, que no había dicho lo que había dicho.

Pero lo que mejor refleja sus contradicciones es Alfonso Romo, quien está coordinando su equipo de trabajo y se ha convertido en su principal vocero. Romo, empresario regiomontano, ha dado varias entrevistas donde ha mentido. No salió de Visa –que se convirtió en FEMSA– porque sus posiciones eran incómodas, como dice, sino porque apoyaba al candidato presidencial Vicente Fox en la recaudación de fondos, una actividad política prohibida por los estatutos. Tampoco fue el creador del concepto de Oxxo, como asegura, ni tiene una buena relación con el llamado aún Grupo Monterrey. De hecho, es despreciado por ellos porque después de haber construido negocios con el dinero de su suegro, Alejandro Garza Lagüera, los quebró, y cuando lo confrontó su familia política, quiso meterlo a la cárcel y a dos de sus cuñadas, a quienes les había comprado acciones de una de las empresas en 275 millones de dólares, que no se las pagó hasta cuando, destruida también esa compañía, les dio cuatro millones de dólares, que costaban en ese momento las acciones adquiridas. Para alguien como López Obrador que se ufana de integridad, Romo está en las antípodas. En materia programática, uno de los ejes del precandidato presidencial es combatir sin piedad los transgénicos, donde Romo ha sido uno de sus principales promotores.

López Obrador ha aprendido muchas lecciones en los procesos de 2006 y 2012, pero donde aún cojea es en el de la transparencia. Su discurso es principista, ético y lleno de valores compartidos por todos, como el que pronunció este lunes en Phoenix, Arizona, con citas de objetores morales, en forma de poesía y de motivación nacionalista sobre el deber ser. Pero tiene que caminar hacia la eliminación de la opacidad, porque la oscuridad que está aún escondida por la luminosidad de la esperanza que representa para muchos, va a aparecer sin lugar a dudas. Ya lo está sintiendo López Obrador en los recientes ataques del gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes. Ya apuntó al presidente Enrique Peña Nieto, al expresidente Felipe Calderón, a su esposa la precandidata Margarita Zavala, y a los presidentes del PRI y del PAN, como instigadores de críticas en su contra.

Le tienen miedo y por eso lo atacan, dice López Obrador. Es cierto. Así es la dialéctica de la competencia. Sería un error que cayera una vez más en la soberbia y que no los atajara, porque sus debilidades y contradicciones van a ser explotadas en un electorado que se aprecia más sensible y volátil que en el pasado. Dice que la tercera es la vencida. Puede ser, pero tiene que iluminar su clóset.
Twitter: @rivapa
http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/la-paradoja-del-peje-i.html

miércoles, 8 de marzo de 2017

En redes, secretaria general de Morena promueve a Maduro

Yeidckol Polevnsky, secretaria general de Morena, explica que su apoyo a las causas de los países de América Latina “no se da a partir de que llego a Morena."
Héctor Gutiérrez 
 06.03.2017
CIUDAD DE MÉXICO.- Yeidckol Polevnsky, secretaria general de Morena, partido cuyo líder ha pretendido desmarcarse en toda ocasión de la ideología chavista, tiene una simpatía expresa por la República Bolivariana y su actual líder, Nicolás Maduro.

Así se manifiesta la segunda al mando del partido de Andrés Manuel López Obrador en sus redes sociales, en su blog e incluso en entrevista con El Financiero. Polevnsky reinvidica las políticas del extinto presidente venezolano, Hugo Chávez, y justifica: “La gente pobre en Venezuela, antes de Chávez, no tenía la posibilidad ni de bajar del cerro; él fue el que les instaló los teleféricos para que pudieran bajar, y también a esa gente la apoya para que tenga su acta de nacimiento y acceso a la educación y servicios médicos”.

En su Twitter, Yeidckol escribió: “#Maduro sigue apostando por el diálogo en #Venezuela, ante intentos golpistas que promueve…”, y: “Canciller de #Venezuela Delcy Rodríguez denuncia ante el Consejo de la #ONU agresión contra su país”. Incluso en su blog (yeidckolmexico.wordpress.com) el 28 de febrero reprodujo el mensaje de la canciller de Venezuela.
Ella dice que todo es a título personal, “no es el Twitter institucional de Morena, se llama @Yeidckol, es mío, llevo con él muchos años más de los que lleva Morena”.
Apenas el 27 de febrero, López Obrador volvió a deslindarse del chavismo, durante un evento en Torreón en el que dijo que antes los empresarios “estaban muy cerrados, pero ahora no; estaban muy manipulados por las campañas en contra de la oposición, todo lo que difundieron de que Andrés Manuel López Obrador era un peligro para México, que era el (Hugo) Chávez mexicano, que era populista”.

Y mientras, la secretaria general de su partido, en un tuit reciente promueve: “Este 2 de Marzo #VenezuelaSeRespeta: tuitazo mundial en Apoyo a Venezuela Bolivariana”.

Yeidckol Polevnsky afirma: “la gente muchas veces es muy parcial en su forma de evaluar la situación de los países; por ejemplo, en Cuba, muchos dicen que están muy mal porque no pintan las paredes de sus casas, pero no se ponen a pensar que, en cambio, todos tienen garantizada la educación hasta la universidad de manera gratuita, igual que los servicios de salud”.

-¿Su apoyo a Venezuela puede dañar la imagen de López Obrador o de Morena?

-Yo no quiero comprometer en nada a Morena, porque, como ya dije, es mi Twitter. Además no es un apoyo a una persona, se trata de un tema en la visión de los países.

“Soy seguidora de Andrés Manuel López Obrador porque él es un humanista. Cada quien está preocupado por sí mismo, por sus negocios, sus intereses, sus cargos, y el mundo no les importa y sí me aterra que no haya posiciones humanistas en el mundo, pero van a voltear a verme para decir que yo defiendo a Maduro”.

Yeidckol Polevnsky explica que su apoyo a las causas de los países de América Latina “no se da a partir de que llego a Morena. Pueden revisar mis redes sociales y se verá que mi apoyo data de años atrás y no tiene que ver más que con la defensa de los derechos humanos”.

Añade que ha tocado muchos temas sobre América Latina y que, por ejemplo, cuando estuvo al frente de Canacintra, se logró un avance importante en materia comercial con Cuba.

Sobre la campaña de AMLO

Autonomía Relativa
Juan Ignacio Zavala
8 de marzo 2017

AMLO ha desplegado una ofensiva mediática y de relaciones públicas que pretende hacer sentir que su triunfo es inevitable. Hay un sector mediático y empresarial que le ha comprado su adelantada victoria. Sin mayores datos que una subida leve en las encuestas, después de mantenerse empatado durante meses con Margarita Zavala (como bien saben l@s lector@s, ella es mi candidata, aunque este texto pretende ser lo más objetivo posible). Si bien es cierto que ya no despierta el pavor que en años pasados –no necesariamente porque no sea de cuidado, sino por la costumbre de verlo y escucharlo todos los días durante años–, todo parece indicar que ha llegado a un tope. De ahí la estrategia de conseguir un equipo de externos que lo apoyen. En este caso ha recurrido a personajes de lo que él denomina la “mafia del poder”: empresarios que tuvieron su momento de gloria hace treinta años, sujetos que formaron parte de algún gabinete presidencial, priistas de décadas que ya no pueden conseguir una candidatura –da lo mismo sus niveles de corrupción o criminalidad, lo importante es que lo apoyen– y sectores de la prensa que hablaron mal de él y que ahora dicen que ya no muerde. Esta campaña de Andrés Manuel de anunciar que se rodea de gente que sí conoce diversas materias, me recuerda la de Ana Guevara con su grupo de “expertos”, ese lema lo que pretendía era quitar la fuerte imagen de ignorancia que sobre los asuntos de gobierno tenía esa candidata. Con el Peje es igual, como muchos suponen que nada más sabe gritar lo rodean de gente que “sí sepa”. Estamos a más de quince meses de las elecciones y no hay nada seguro para nadie de los que aparecen ahorita en las encuestas. Su fuga hacia adelante es una forma de evitar la competencia y de ir sembrando el “fraude”, el “robo” de la elección que tanto pregona, pero que le ha permitido vivir más de una década de dinero público en cantidades exorbitantes. Si Andrés Manuel va a la cabeza de las encuestas después de llevar todo el siglo en campaña, tiene algo de lógica. Tan solo este año tendrá a su disposición más de mil millones de pesos y centenares de miles de spots que si se juntan a lo hecho en años pasados, tiene explicación su ligera ventaja. Lo que no explican bien es por qué alguien que no tiene presupuesto, que no tiene la estructura de partido, que no ha tenido un spot para ella sola en su vida, está en situación competitiva con él –me refiero a Margarita. Una cosa es clara: AMLO es perfectamente derrotable. Por lo pronto ya dejó en claro uno de sus proyectos más anhelados: volver “al pasado, porque había ferrocarriles y petróleo”. Claro, Andrés Manuel extraña cuando no había computadoras, cuando cruzaba a caballo de un lado a otro, prefiere el burro a la rueda, lo suyo es el pasado, lo que se fue: cuando no había datos, cuando las cosas no se sabían, cuando la mujer se quedaba en casa y había ferrocarril; cuando no había televisión en blanco y negro y petróleo. Ese es el mundo de Andrés Manuel, al que quiere volver y, peor aún, al que nos quiere llevar. Twitter: @JuanIZavala

AMLO, el mismo de siempre: Anuncia fraude


Pablo Hiriart
¿No que ya había cambiado?

El fin de semana, en Nayarit, López Obrador volvió a hablar de 'fraude', de manera anticipada a los comicios que se avecinan.

Algo importante ha de haber leído en las encuestas y en el ambiente para junio y 2018, que ya empieza a desempolvar el discurso que siempre ha dicho después de cada derrota electoral, que han sido muchas: 'fraude'.

¿No que ya era un político maduro, sin los arrebatos de años anteriores?

Es el mismo de siempre, que jamás ha aceptado una elección en la que el ganador no sea él.

Dijo en Nayarit que las palabras de Peña Nieto el sábado significaban que quieren “ganar a como dé lugar: con fraude”.

Y como Morena puede perder ante el PRI o el PAN, se cubrió y volvió a decir que había un pacto secreto, hecho casi de madrugada entre Peña y Anaya, “para frenarnos”.

Es decir, si pierde ante el PRI o ante el PAN el Estado de México, o la presidencia, López Obrador ya anunció que no va a reconocer el resultado pues se trata de un 'fraude' acordado “en Los Pinos, casi de madrugada”.

¿Lo ven? No tiene remedio, por más que le busquen el lado bueno sus recientes aliados.

Es el rey de las intrigas. Un permanente tejedor de conjuras en su contra. De una columna periodística saca una confabulación contra él.

Lo importante en estas declaraciones de AMLO es que nos da luz sobre tres elementos esenciales.

El primero ya lo dijimos: no ha cambiado.

Segundo, que resulta peligroso para la democracia que haga creer a sus partidarios más radicales que ya ganó, y si no gana será producto del fraude.

Hay fanáticos que siguen a AMLO y están cargados de odio. En medios de comunicación dibujan a México como si fuera un retrete. El que piense diferente a su líder es vendido, corrupto y lamebotas.

Esos sectores fanatizados van a estar convencidos de que se gesta un fraude contra su líder, y que si pierde será porque le hicieron trampa.

De antemano crean un ambiente de encono, en que panistas y priistas se aprestan a ganarle 'a la mala' con 'pactos de madrugada'.

Y el tercer elemento que nos arroja esta declaración anticipada de que se gesta un “fraude electoral” en contra suya o de Morena, es que nos reitera su talante antidemocrático. No acepta que le digan que no.

Vamos a suponer que gana la presidencia el próximo año:

¿Qué va a hacer cuando el Banco de México le diga que no a una petición suya?

¿Qué va a pasar cuando el Congreso le diga que no a una iniciativa suya?

¿Qué va a pasar cuando la Suprema Corte le eche para abajo una decisión suya?

Va a pasar lo que ha pasado siempre en su vida política: no va aceptar un resultado en su contra.

Va a mandar al diablo a esas instituciones y las va a doblar con manifestaciones, tomas de edificios o plantones que se van a realizar con la fuerza que da tener el poder en México.

La declaración de Nayarit es un desengaño para los que coquetean con la idea de apoyar a López Obrador porque “ya cambió”.

Es el mismo de siempre: Un político que no es demócrata y que tiene un coro de seguidores en los medios que linchan con fanatismo e intolerancia al que lo critique.

Twitter: @PabloHiriart

Para quien lo dude

ING. ALFONSO ROMO GARZA,
INDUSTRIAL POLÍTICO:

+Si te golpean la mejilla
derecha, pon la izquierda
Cristo
 7 marzo 2017
Tiene usted, don Alfonso, motivos al parecer fundados para expresar su fe en la lealtad de Andrés Manuel López Obrador y debe tener razón, si no agregamos una pregunta que es: ¿lealtad a qué o a quién?
Le mando, sintetizada, esta entrega de CONFIDENCIAL que corresponde al día 7 de febrero de 2007 y lo que ahí cuento sucedió unos ocho años atrás:
“Estaba la quincuagésima séptima Legislatura (federal) en su segundo año de trabajo y la fracción perredista se empeñaba en lograr fondos para los programas de obra pública de Cuauhtémoc Cárdenas, el primer gobernante electo de la ciudad de México.
“El lugar histórico, el triunfo político, el poder político lo tenía ya asegurado el jefe de gobierno del Distrito Federal, pero para la ciudadanía todo eso sería insulso si no obtenía los beneficios concretos que sus votos y sus esperanzas demandaban.
“La negociación estaba siendo difícil con las fracciones priista y panista, pero los avances permitían avizorar buenas posibilidades de aterrizar con éxito lo que se pretendía: un incremento sustancial en la capacidad de endeudamiento del gobierno capitalino, que pudiera aspirar hasta los 15 mil millones de pesos para el trienio cuauhtemista. Los diputados Pablo Gómez y Demetrio Sodi eran los operadores principales de la estrategia y ya habían recibido las señales suficientes de que podrían obtener el apoyo necesario si, de su parte, ellos apoyaban las negociaciones que el gobierno de Zedillo había realizado a través del FOBAPROA para evitar que si la mayoría de los banqueros habilitados habían perdido sus inversiones, ello no significara la muerte de la banca y, en consecuencia, el hundimiento económico y financiero de México por quién sabría cuántas décadas
“Sólo que surgió un ‘pequeño detalle’, que fue conocido cuando alguno de los diputados perredistas leales a Cuauhtémoc reveló la instrucción que había recibido:
“El presidente nacional del PRD, Andrés Manuel López Obrador, estaba girando órdenes a la fracción de su partido en la Cámara de Diputados para que de ninguna manera se propusiera la ampliación del techo de endeudamiento al gobierno del Distrito Federal.
“Demetrio Sodi había propuesto a Cárdenas esa alternativa como la única solución viable para cumplir con un programa de obra pública que abonara el propósito de que el jefe de gobierno llegara al año 2000 nuevamente como candidato presidencial, pero ahora apoyado por un partido que hubiese demostrado su capacidad de ser una oposición constructora; no sólo en lo político, en lo material también y en consecuencia, fue a informarle lo que estaba sucediendo.
“Cárdenas se negaba a dar crédito a tan grave acusación. No podía aceptar una conducta de esa clase en quien había recibido todo su apoyo para crecer dentro del partido. “Convóquenos, ingeniero -propuso Sodi-, a aclarar esto”. Así sucedió.
“Cuando estuvieron juntos Rosario Robles, AMLO y Sodi con Cárdenas, el jefe de gobierno reveló al dirigente del partido la información que tenía y preguntó si sabía quién estaba dando esa instrucción a los diputados. López Obrador respondió que no sabía nada al respecto, pero Sodi lo atajó de inmediato:
“‘¿Cómo no sabes, si eres tú mismo, Andrés Manuel…?’
“Acorralado, AMLO no tuvo más camino que hacer frente a la situación y reconocer su autoría, ‘pero es que no puedo aceptar, ingeniero –explicó palabras más palabras menos- que la moneda de cambio sea el FOBAPROA cuando se trata del mayor robo que los mexicanos hayamos sufrido desde la conquista y…’.
“Cuando frenó su perorata, el diputado Sodi refutó sus consideraciones y le explicó con razonamientos técnicos cuál era la verdad sobre el FOBAPROA y por qué la visión del jerarca perredista no era certera.
“La discusión se prolongó hasta que Cárdenas -si mi información es precisa- decidió frenarla razonando a la vez que el primer gobierno perredista de la capital nacional estaba obligado a realizar un papel incuestionable, lo que sólo se lograría realizando los programas de obra pública que a la ciudad le urgían. Alguien preguntó entonces a López Obrador por qué, si Sodi acababa de demostrar los puntos débiles en los criterios que él sostenía sobre la negociación bancaria, insistía en mantener su posición:
“‘¡Por principios...!’, fue su respuesta, y ya sin necesidad de esconderse de nadie, lanzó toda la fuerza del partido sobre sus diputados federales para que retiraran todo apoyo a la iniciativa de ampliar el trecho de endeudamiento al gobierno de la ciudad.
“Poco menos de un año después, López Obrador lanzó su libro sobre el FOBAPROA, uno de los elementos de la precampaña que le llevaría a ser el candidato perredista al gobierno capitalino como sucesor de Cárdenas luego del interinato de Rosario Robles. El candidato perredista, con todo el apoyo, nuevamente, de su principal mecenas político, al que había negado el apoyo para realizar la obra de gobierno ofrecida para arrancar al PRI el mando en la capital nacional…”.
O sea, ingeniero Romo, que, como siempre, López Obrador fue en aquella ocasión, sin duda, congruente con su lealtad… a él mismo. Déjeme continuar mañana…
Internet: Lmendivil2010@gmail.com
Facebook: Leopoldo Mendívil
Twitter: @Lmendivil2015

AMLO, ¿un hombre congruente?

ING. ALFONSO ROMO GARZA,
INDUSTRIAL POLÍTICO:
+Un error no se vuelve verdad
porque todo el mundo lo crea
Mahatma Gandhi

El lunes antepasado, El Universal publicó una interesante entrevista con usted, que fue muestra de su buena fe política y es prueba plena de su amistad con Andrés Manuel López Obrador, quien no tengo la seguridad de que él sea su amigo, porque si fue capaz de hacer a Cárdenas lo que aquí le conté ayer, se lo hace a usted.
A la voz de que “Andrés Manuel no es tan horroroso; en su esencia es honesto”, hizo usted a su entrevistador, Jorge Ramos —pero el de El Universal—, una apreciación que me alegra compartir con usted: “Su diagnóstico —dijo— se me hace perfecto, pero muchas de las medicinas que (AMLO) quiere aplicar no van a sacar adelante al país. En pocas palabras, el enfermo no va a llegar ni siquiera a la ambulancia…” De mi parte, ingeniero, aquí he repetido muchas decenas de veces que comparto totalmente con AMLO su diagnóstico del país, pero su receta para nada…
Sin embargo, ingeniero, a la primera pregunta que de acuerdo con el texto le hizo Jorge, parte de su respuesta fue:
“… Lo que rodea a Andrés es la congruencia. No hay mentiras, es derecho, te dice lo que piensa…” Si leyó mi entrega de ayer, don Alfonso, recordará que en su cara trató de mentir a Cuauhtémoc Cárdenas con la jugada que a sus espaldas le intentó hacer para que no negociara con el gobierno federal la capacidad de endeudamiento del gobierno capitalino a efecto de realizar el programa de obras que le ciudad necesitaba. ¿No mintió en el caso de El Encino? Tarde pero hubo sentencia en ese proceso y él resultó culpable aunque, para variar, Felipe Calderón frenó esa medida. ¿No mintió cuando al anunciar Carlos Ugalde el resultado electoral del año 2006, Andrés inventó la mentira de los tres millones de votos perdidos o escondidos? Si hubiera espacio suficiente, le haría un recuento mayor de su incongruencia y de sus mentiras, ¿pero no es peligroso un gobernante que dice mentiras? ¿Trump, por ejemplo, aunque López rechaza el parecido? Usted no cree que Salinas sea el jefe de la mafia; no cree en ese mito de AMLO, como usted lo consideró. ¿Eso no es incongruencia, no es una mentira con la cual ha engañado a millones de mexicanos?
Luego, don Alfonso, cuando Ramos le preguntó por qué votar por AMLO, usted respondió que nadie conoce todo México como él y eso le hace tener ascendencia, liderazgo y autoridad moral. Esta última, don Alfonso.., esta última… ¿No la considera un valor muy alto y grave si uno se equivoca en considerar su existencia en cualquier persona? AMLO se la atribuye pero yo puedo decir que mi cuerpo es mejor que el de Terminator nomás porque a veces hago ejercicio… Lo consideró el mejor de los actuales aspirantes presidenciales pero declaró no conocer a Osorio Chong y a Margarita y no dijo que conozca a otros. ¿Cómo, entonces, compara y califica? ¿Porque le cae bien? Estoy seguro que le cae mejor México que Andrés Manuel, ingeniero Romo. También es su amigo, pero él de usted, le aseguro que no. Lo necesita para darle un programa de gobierno del que tomará lo que se le antoje y todo lo demás lo hará de acuerdo con sus caprichos. Nunca le va a quitar lo dictatorial y lo totalitario. Nunca lo va a hacer demócrata ni plural. Como a Cuauhtémoc hace unos 20 años, también le traicionará a usted. Piénselo, don Alfonso, antes de que se lleve una decepción…

Internet: Lmendivil2010@gmail.com
Facebook: Leopoldo Mendívil
Twitter: @Lmendivil2015

Andrés Manuel contra López Obrador

Andrés Manuel López Obrador se ha preparado poco para ser presidente de México. 

07 de Marzo de 2017

Después de 12 años y en la antesala de lo que serán ya tres intentos consecutivos por convertirse en mandatario, el principal personaje de la izquierda sigue sin aprender de los errores que le han condenado a la derrota sistemática en las urnas. La popularidad en sí misma no garantiza victorias electorales, porque los ciudadanos en su acercamiento a las casillas, buscan la alternativa política que con mayor probabilidad les garantiza certeza de cambio responsable. Sin embargo, de manera muy prematura, el dirigente de Morena dejó ver en su libro2018 La salida, la incongruencia entre sus planteamientos programáticos —ya de por sí técnicamente poco viables— con lo sostenido en sus actos públicos. Falta todavía un año para el arranque de las campañas constitucionales y el tabasqueño demuestra con creces, que el único fraude está en su propuesta de política pública como ruta real de
solución a los problemas enfrentados por los mexicanos.
La falta de preparación para gobernar es clara en su doble discurso. En materia de relaciones internacionales, Andrés Manuel apela al principio de no intervención. Doctrina de política exterior que, cabe recordar, le permitió al régimen autoritario mexicano justificar abusos en contra de las garantías políticas más elementales de los mexicanos, ante organismos multilaterales y las democracias consolidadas del planeta. Acusa que representantes de los sectores político, económico y de los medios de comunicación intervinieron indebidamente en la pasada campaña presidencial de los EU, haciendo caso omiso a la no intervención. Sin embargo, poco le duró su deseo de promover una política exterior marcada por la “cautela diplomática” expuesta en su libro, porque López Obrador desde hace varias semanas ha organizado una serie de giras por EU, donde los términos de su posicionamiento distan mucho de abonar a una relación bilateral basada en “el respeto mutuo” entre ambos países, como la que Andrés Manuel sugiere impulsar en su sueño de llegar a Los Pinos.
En política interna, el catálogo de inconsistencias es aún más extenso. En el rubro energético, el mismo Andrés Manuel se opone a la liberalización de los precios de las gasolinas y a someter a Petróleos Mexicanos a procesos parecidos a las de cualquier empresa global en el ramo. Hasta amenaza con la rescisión de contratos si el “pueblo” lo respalda en hipotéticos referéndums. Al mismo tiempo, López Obrador promete a las familias que habitan la zona norte del país, “precios (en combustibles) competitivos y homologados” a los registrados en Estados Unidos. El tabasqueño o quiere subsidiar los precios de las gasolinas en un esquema de Pemex como monopolio o quiere poner a la paraestatal a competir para conseguir precios similares a los de nuestro principal socio comercial. Por lo demás, es una ocurrencia el sostener la compatibilidad de ambos escenarios en el mediano plazo.
En el renglón de seguridad, Andrés Manuel gusta de acusar sin sustento a las Fuerzas Armadas de emprender masacres en contra de la población. Asegura que los graves retos de seguridad enfrentados en varios estados de la República Mexicana no deben combatirse con más armas. Como si otra persona hubiera escrito el libro, López Obrador asegura que el personal militar de las secretarías de la Defensa Nacional y de la Marina se “sumarán” a las tareas de garantizar tanto la seguridad pública como la seguridad anterior. Andrés Manuel critica también la falta de estrategia del gobierno actual en la contención de la violencia, pero López Obrador ofrece al igual que la presente administración federal, “plena coordinación” para enfrentar el flagelo del crimen organizado.
En la “República Amorosa” de Andrés Manuel López Obrador cabe toda clase de demagogia. Desde propuestas irreales como que las universidades públicas suspenderán los exámenes de admisión hasta la honestidad institucional por decreto. También da rienda suelta a la contradicción porque López Obrador desprecia la política pública y las instituciones, al apostar por una transformación nacional basada en su simple carisma. Así como también en su momento lo pensó Hugo Chávez en Venezuela.

La herencia de Andrés Manuel

Razones

08 de Marzo de 2017
“Hay mujeres veneno, mujeres imán, hay mujeres consuelo, mujeres puñal.
Hay mujeres de fuego, hay mujeres de hielo, mujeres fatal”.
                Joaquín Sabina

Es verdad. Dirigir un partido político a partir de un liderazgo único, es mucho más sencillo que hacerlo cuando confluyen corrientes, personajes, intereses distintos. Morena es el único partido cuyo único sentido y para eso fue creado, es darle a Andrés Manuel López Obrador el sostén suficiente para que llegue a la Presidencia de la República.
Lo mismo que su líder, no tiene Morena un cuerpo ideológico firme que le dé sentido, tampoco un cuerpo de dirigentes relativamente homogéneo, o siquiera representativo, que vayan más allá del propio liderazgo de Andrés Manuel, a quien no le gustan los partidos sino los movimientos, precisamente, porque son mucho menos articulados. Por eso propicia la incorporación de personajes provenientes de las más disímiles historias políticas, siempre y cuando decidan trabajar para su causa.
En el único lugar del país donde las cosas no son exactamente así es la Ciudad de México. Primero, porque en los hechos aquí es donde el lopezobradorismo trascendió las fronteras estatales para convertirse en un fenómeno nacional y, segundo porque el propio gobierno de López Obrador en la capital permitió que surgieran personajes y cuadros con aspiraciones legítimas de llegar al gobierno capitalino, como una forma, además, de catapultarse hacia el futuro.
Si hay algo que distingue a López Obrador es que da cobijo a muchos, pero no confía en casi nadie. Por eso sus hijos están teniendo posiciones cada día más importantes en su entorno. En la Ciudad de México hay tres personajes con peso propio que ya están buscando la candidatura para el 2018, sabiendo, además, que su elección dependerá de un solo voto, el del propio López Obrador.
Por una parte está Ricardo Monreal. El delegado en la Cuauhtémoc, exgobernador de Zacatecas, es, quizás, el político en Morena con mayor personalidad y carrera política propia, o sea independiente del propio Andrés Manuel. En cualquier otro partido el trato entre López Obrador y Monreal debería ser, más allá de cargos, un trato entre iguales. No lo es, porque nadie tiene ese espacio en Morena, pero Monreal, controvertido, echado para adelante, un político que gusta igual de la confrontación que de los acuerdos, es una gran carta de Morena, precisamente, porque puede alcanzar acuerdos muy amplios con personajes y fuerzas muy diversas. A veces su carácter y su historia le juegan una mala pasada, pero es un interlocutor más que idóneo para muchos que quieren tener contacto con Morena, más allá del propio López Obrador. Eso lo convertiría en un candidato muy poderoso. Pero ésa es también su limitante. Tiene peso propio.
Frente a Monreal está Claudia Sheinbaum, una mujer a la que López Obrador le tiene toda la confianza porque representa, quizás lo contrario del propio Monreal. López Obrador siempre mantuvo la confianza en ella, incluso, cuando los videos de Carlos Ahumada demostraron que tanto Claudia como su esposo, Carlos Ímaz, pedían dinero al empresario para causas tan poco políticas como pagarse un viaje de placer a Europa.
Claudia, sin ninguna experiencia en esa tarea, terminó siendo responsable de la construcción de los segundos pisos en la administración capitalina de Andrés Manuel y ella fue la que cerró esa información: hoy nadie sabe exactamente cuánto costó esa obra y los apoyos que generó. Claudia fue también quien en la campaña del 2006 “descubrió” el caso Hildebrando, un supuesto acto de corrupción de un hermano de Margarita Zavala digno de las más oscuras fake news de la era Trump. Sheinbaum no tiene ni la experiencia ni el manejo político de Monreal, pero es la disciplina hacia Andrés Manuel, y la confianza de éste lo que la hacen fuerte.
También, está Martí Batres, un producto político, como Claudia, del movimiento del CEU, de los años 80. Batres es un hombre astuto, al que le gusta maniobrar en los subsuelos. Es un operador eficiente y duro, pero sus historias y la de muchos de sus allegados (representa el sector más clientelar de Morena) lo alejan de su objetivo: gobernar la Ciudad de México.
Los tres, no es noticia, están enfrentados y distanciados. Los tres quieren encabezar la boleta del 18 en la CDMX porque, además, saben que más allá de lo que diga el líder del PRI, Enrique Ochoa, más temprano o más tarde, el tema de la salud de López Obrador se hará presente.
Yo no veo a López Obrador enfermo, pero su salud es obvio que está golpeada. Es infatigable, pero su maquinaria se siente sobregirada, es un hombre que representa bastantes más años de los que tiene. Y en Morena no existe un solo elemento de cohesión si su líder llegara a faltar en el futuro. Por lo pronto, esa herencia, poca o mucha, pasa por la Ciudad de México y ya ha comenzado a ser disputada por tres de sus principalísimos alfiles.