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viernes, 19 de junio de 2020
El brutal retroceso con AMLO
Andrés Manuel López Obrador es un visionario del pasado, el eterno enamorado del México de su juventud. Era un país con mayor pobreza y marginación, cerrado a la globalización y firme integrante de lo que se llamaba Tercer Mundo. Pero el Presidente tiene otros datos, o recuerdos, que idealiza. Sueña con un México simple en que la gente no es pobre, sino que vive con sencillez y austeridad (que, obvio, no es lo mismo que pobre). No están esas tensiones que conlleva la vida moderna, sino una hermosa placidez.
Ese México de los recursos naturales, como agua y petróleo. El tabasqueño añora las corrientes del Grijalva y el chapopote de Cantarell. ¿Mercado eléctrico competitivo con energía solar y esos espantosos generadores de viento? Con lo simple que era tener una sola empresa que se encargaba de todo, un gigante en manos del benévolo Estado mexicano. Por eso AMLO destruye sin miramientos la infraestructura eléctrica que heredó, para que vuelva a dominar la Comisión Federal de Electricidad, esa empresa creada, como Pemex, por Lázaro Cárdenas.
AMLO está teniendo un éxito rotundo en esa vuelta al pasado, con todo el poder que, votando con el hígado, le confirieron millones. México es crecientemente un apestado para los inversionistas, este año ya expulsado de la lista que A.T. Kearney elabora sobre los 25 destinos más atractivos para esos dineros. Recursos que mejor irán, entre otras alternativas, a Brasil (que permanece en ese grupo). Quizá ningún Presidente desde José López Portillo había adquirido tal fama de arbitrariedad con la empresa privada.
En 2020 millones se agregarán a los clasificados en pobreza o pobreza extrema. Como anillo al dedo una pandemia para que el consumo de carne se convierta en un lujo en tantas mesas mexicanas. Algo que quizá le hubiera tomado el sexenio entero, en cuestión de meses. Hay que consolidar el logro, claro, pero ahí la lleva: en 2019 hubo una ligera contracción, y en 2020 será una severa recesión o hasta depresión. ¿El PIB per cápita? No importa, porque lo relevante será la felicidad del pueblo, y ya AMLO está diseñando una fórmula para medirla que deslumbrará al mundo. Quizá hasta escribirá otro best seller al respecto.
El retroceso en la infraestructura pública de apoyo a la población menos privilegiada será igualmente brutal. No son los caminos hechos a mano en Oaxaca que tanto enorgullecen al Presidente, es la destrucción del Seguro Popular y haber regresado la educación a los militantes de la CNTE. Es el haber dinamitado un andamiaje de compra de medicinas para ahorrar dinero, y sustituirlo con la discrecionalidad más absoluta, de paso matando hasta niños. El dinero mejor emplearlo en un tren turístico y una planta para refinar gasolina, asegurando la pérdida de miles de millones de pesos cada año.
Un IMSS digno de 1970 y un sistema público educativo a la par serán elementos que ayudarán a la población a permanecer en la pobreza, perdón, la sencillez y austeridad de la tortilla y los frijoles. No se trata de que los jóvenes se superen por medio de la educación, porque eso de la meritocracia es un invento neoliberal, sino de que reciban su beca Benito Juárez y agradezcan al Señor Presidente por su generosidad.
El cierre con broche de oro será el retroceso democrático. Morena, como el nuevo PRI, y sobre todo AMLO como el Tlatoani y Gran Elector del pueblo sabio. Un México que en 2024 en mucho recordará al de 1974, con un Presidente inmensamente satisfecho.
Un decálogo de obviedades
Los populismos existen, son devastadores y se distinguen por su guerra diaria contra la evidencia y el sentido común
POR: JULIO PATÁN
JUNIO 19, 2020 · 3:04
Sobran las discusiones bizantinas sobre si existe o no la “discriminación a la inversa”: el lenguaje que se usa contra la disidencia desde el ejecutivo (y luego, en cascada, desde todos los ámbitos de fanáticos y convenencieros, de aplaudidores), o sea el insulto, la descalificación; el fifí, el sepulcro blanqueado, el fresa, el neoconservador… Ese lenguaje es bajo, es violento, es fruto del resentimiento. Es inaceptable.
Ya no hay motivos para sostener que este régimen al menos lucha contra la corrupción.
No luego de Ana Gabriela Guevara, los Bartlett, la cantidad de parientes políticos o directos que tienen en nómina varios funcionarios, y de la proporción obscena de adjudicaciones directas que dispara este gobierno, y de los contratos que no quedan claros en los entornos de Zoé Robledo y la Nahle, y de la acusaciones contra la Polevnsky —acusaciones que, lo sabemos, se hicieron públicas sólo porque en Morena hay un grillerío.
No es normal que la esposa del Presidente se vaya a la yugular de Chumel Torres, y no es ni sano ni decente que el Conapred (Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación) cancele el encuentro en el que iba a participar Chumel, justo después de esa ida a la yugular.
En el mismo tema, que el Presidente diga que no había oído del Conapred es para ponerse a rezar, lo mismo si es cierto que si no lo es.
No hay justificación para que los niños con cáncer estén sin medicamentos, sobre todo cuando la justificación es que necesitamos un conato de sistema de salud a lo cubano —o sea, el conato de un fracaso— y pues aguántennos tantito.
Es esperpéntico que el Presidente nos mande a la calle, en plena pandemia, bajo nuestra responsabilidad, y que sus recomendaciones sean criar pollos y adoptar una forma de espiritualidad.
No hay justificación a que la camioneta del Presidente se le vaya encima a las personas que tienen desaparecidos a sus familiares, y que la explicación Presidencial sea la sana distancia.
Tenemos un país en el que el medio ambiente ha sido destrozado sin piedad, pero las razones eran normalmente la dejadez, la corrupción o la ignorancia, no la manada de elefantes blancos —Tren Maya, Dos Bocas, etc.— que nos están dejando ir desde el poder federal.
No es normal que estemos en guerra comercial con Arabia Saudita, como no es normal que Pemex haya perdido la cantidad de dinero que perdió el año pasado, un récord.
La ruina económica que se nos viene —hay que necear con esto, ni modo— antecede a la pandemia y será mucho más grave que en el resto del planeta porque es responsabilidad, otra vez, del Presidente.
Perdonarán las obviedades, que salieron en decálogo. Pero los populismos existen, son devastadores y se distinguen precisamente por su guerra diaria contra la evidencia y el sentido común, así que la obviedad es necesaria. Y esto, sí, es una forma de populismo.
lunes, 15 de junio de 2020
Abrumador
El 1 de julio de 2018, López Obrador ganó de manera abrumadora. Fue un triunfo legítimo y democrático. En agosto, manipularon las cifras para obtener una mayoría en la Cámara de Diputados que los votos no le habían otorgado. El 30 de octubre, canceló la construcción del AICM, convirtiendo la mayor obra de infraestructura de América Latina en ese momento, financiada de forma privada, en deuda pública.
En noviembre, las personas que él designó para hacerse cargo de Energía instruyeron a Pemex a dejar de importar crudo ligero y gasolina. En diciembre, inhabilitaron Salamanca por usar crudo pesado, y para mediados de mes era claro que no habría combustible suficiente. Inventaron entonces una ficticia lucha contra el crimen (el huachicol), que nunca ocurrió. En enero el desabasto de gasolina ya era un problema nacional, aunque lograron concentrarlo en los estados de oposición. A mediados de enero, el desorden en el sistema de distribución de gasolina provocó una explosión en Tlahuelilpan, Hidalgo, que dejó más de 135 muertos.
Muy pronto, la oficial mayor de Hacienda intervino en las compras de medicinas y material médico, con la excusa de combatir la corrupción. Al centralizarlo, el proceso se hizo tan ineficiente que unos meses después empezó el desabasto. En mayo, el director del IMSS renunció a su cargo precisamente por eso. En el caso de medicinas contra el cáncer, especialmente para niños, todavía hoy la Secretaría de Salud sigue sin resolver el problema. Para terminar 2019, se canceló el Seguro Popular, y se creó un esperpento llamado Insabi, sin reglas, protocolos, presupuesto, nada.
A mediados de año, inició la ofensiva contra la reforma energética. Por un lado, se movieron recursos a Pemex; por otro, se decidió construir la refinería de Dos Bocas en contra de la opinión de tirios y troyanos. En julio renunció el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa. Para fines de año, tomaron la mitad de los recursos del fondo para recesiones, todo lo que había en Seguro Popular, y al arrancar 2020, casi todos los fideicomisos. Se decretó la reducción del gasto operativo del gobierno en 75 por ciento, cerrando, en los hechos, la administración pública.
En 2019, la economía mexicana se contrajo -0.3 por ciento, aunque en 2018, hasta la decisión del aeropuerto, crecía 2.5 por ciento. Para inicios de este año, se profundizó la caída. Al 13 de marzo, según datos de la secretaria de Trabajo, habían logrado crear apenas 226 mil empleos en casi 16 meses, una tasa anual de 1.4 por ciento, la más baja en 25 años, con la excepción de las recesiones importadas.
Cuando llegó la crisis sanitaria y económica global más importante en un siglo, México ya acarreaba todo lo que le he comentado, y más. Este golpe externo nos toma en una situación de vulnerabilidad terrible, creada por decisión de López Obrador. Innecesaria y absurda pero, sobre todo, criminal.
En lo referente a la pandemia, el manejo ha sido deplorable. Se encargó al subsecretario López-Gatell, que rechazó realizar pruebas en cantidad importante, o promover medidas suplementarias, como el uso de cubrebocas. Zalamero con su jefe, soberbio con sus críticos, ha mentido hasta que se ha cansado. Somos ahora uno de los países con menos pruebas pero con más contagios y muertes. Para fin de mes, las muertes en exceso rondarán 120 mil: equivalente a los homicidios en todo el sexenio de Calderón.
López Obrador no quiso aplicar un plan de contención económica. Ahora tenemos 18 millones de mexicanos que han perdido su ingreso total o parcialmente. Uno de cada tres trabajadores.
El triunfo de López Obrador, le decía, no está a discusión, fue abrumador, legítimo y democrático. Su fracaso como Presidente es también abrumador. Eligieron a un criminal, que está destruyendo al país entero. Algo debe poder hacerse para evitar que el crimen se consume. Platicamos mañana.
martes, 2 de junio de 2020
Enanismo
Yo, el miserable
lunes, 1 de junio de 2020
El romanticismo reaccionario
01 Jun. 2020
La emergencia sanitaria ha acelerado la radicalización. Nada queda del pragmático alcalde de la capital. Nada queda del candidato que hizo campaña como un reformista moderado. El Presidente no tiene ya interés en mantener diálogo con grupos independientes. Sin haber llegado al segundo año de gobierno, han quedado en ruinas los puentes del diálogo. La pandemia ha persuadido al Presidente de que no los necesita y que hablar con ellos es una pérdida de tiempo. Le basta la fantasía que ha construido para evitar el fastidioso trato con la realidad y el aliento de los aduladores que lo envuelven.
Su desprecio del reformismo es antiguo. La historia a la que alude constantemente se escribe con fuego: grandes conflagraciones, batallas memorables de las que brota, luminoso, el futuro. Por eso ha creído el Presidente desde siempre que en todo negociador se esconde un traidor y que todo moderado es un cobarde, un tibio que colabora para mantener en movimiento la rueca de la opresión. Durante algún tiempo, el político equilibraba ese radicalismo con gestos de inteligencia práctica. Ya no. El aliento revolucionario es cada vez más nítido y más enfático. Los más cercanos en su corte de halagadores lo celebran. Creo que hay que tomar en serio este vuelco al radicalismo, aunque su inspiración sea profundamente reaccionaria. Y no lo digo simplemente porque su política sea, en términos mecánicos, una reacción al tiempo neoliberal, sino porque expresa un impulso antimoderno. Lo que el Presidente imagina como el cuarto nacimiento de la patria encuentra fuente en el romanticismo reaccionario.
Quien quiera entender el perfil intelectual de este proyecto, debería leer los textos de Isaiah Berlin sobre el romanticismo político, antes que los cuadernos de la cárcel de Gramsci. El discurso oficial tiene, sin duda, tinte igualitario. Pero el horizonte imaginario de esa política es arcaico. Mucha nostalgia y poca imaginación. Pensemos, por ejemplo, en lo que Berlin llama la "apoteosis de la voluntad". El temperamento romántico es precisamente la afirmación de un deseo sin restricciones que enaltece al héroe. La política romántica es la epopeya de los grandes hombres que han roto las ataduras de la tradición y de las reglas y que así inventan naciones cobijados por el amor de su pueblo. Todo lo pueden porque lo quieren de veras, porque no se desvían de la ruta que trazaron, porque son auténticos. No necesitan programa, ni estrategia: tarde o temprano, en esta vida o la siguiente, el mundo se rendirá a su deseo. En el indómito imperio de la voluntad política, reinan las intenciones. Para qué perder el tiempo midiendo el impacto de una política, para qué asomarse a las experiencias de fuera, por qué leer la ley, si mis intenciones son hermosas. Quien dude de ellas, es un traidor.
Identifica también Isaiah Berlin una economía romántica que rechaza cualquier idea de ley objetiva del intercambio por encima del control humano. Si el comercio y la producción tienen algún sentido no es la satisfacción de necesidades sino la elevación espiritual. Bajo la probidad, los panes se multiplican al infinito y es por ello innecesario, contar. Cuando hay recato, cuando se rechaza el lujo, todo alcanza para todos. La economía moral es eso: la evaporación de la economía.
El Presidente elogia la estrechez del monasterio como vía de elevación moral de los ciudadanos. ¿Para qué tener más de un par de zapatos? En el interés está ya un impulso podrido que hay que rechazar en nombre de la felicidad del corazón. Y no deja pasar oportunidad para mostrar su desprecio al mundo profesional. Para el político romántico, la ignorancia es una recomendación y todo conocimiento sospechoso. Para ser de veras valiosos, el arte y la ciencia han de demostrar compromiso.
Esta semana, el embate del Presidente llegó a extremos tan ridículos como alarmantes. A los científicos que han protestado por el sectarismo de su política científica y los brutales recortes thatcherianos, los acusó de porfiristas. El argumento es, en verdad, risible. Que a los abogados y financieros de aquel régimen les hayan puesto el mote de científicos, no significa que lo hayan sido. Pero en la fantasía conspiratoria del Presidente, los matraces y las cápsulas de petri son arsenal para los golpistas.
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http://www.reforma.com/blogs/silvaherzog/
viernes, 29 de mayo de 2020
Misión Rescate México
29 May. 2020
Crece de forma continua el descontento, la decepción y la incertidumbre por el rumbo que toma el país con el gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador. La situación se ha tornado más crítica durante la pandemia, pero México ya venía arrastrando problemas muy graves en materia de seguridad, economía y salud en los últimos meses, sobre todo debido a un gobierno incapaz de hacer frente a dichas problemáticas.
Son muchas las personas que se han desencantado de la autodenominada Cuarta Transformación, pero hasta ahora tal descontento no ha pasado, en gran medida, de mensajes en redes sociales (desde análisis rigurosos hasta memes muy creativos), conversaciones de café, algunas manifestaciones contra el Presidente que, si bien han tenido cierto impacto, no han derivado en algo concreto y el surgimiento de diversas iniciativas, completamente desarticuladas entre sí, para tratar de incidir en las elecciones de 2021.
Recientemente comenzó a circular en redes sociales la Iniciativa Misión Rescate México, que en muy pocas semanas ha despertado una gran expectativa, por su pluralidad y por el mensaje que está planteando con relación a la coyuntura política por la que atravesamos. Hasta ahora habíamos escuchado voces anti-AMLO, pero no una propuesta alternativa para millones de ciudadanos ávidos de hacer algo.
Misión Rescate México ha lanzado un manifiesto en el que invita a los mexicanos a asumir una nueva vocación de unidad, de exigencia, de participación y corresponsabilidad, y ha difundido cientos de videos con el testimonio de ciudadanos comunes y corrientes que expresan de forma simple y llana lo que están viviendo en este momento: madres que ya no tienen guarderías en donde puedan dejar seguros a sus hijos, personas enfermas que no han podido conseguir medicinas, padres de familia que han perdido su empleo y no tienen forma de llevar alimento a su casa, y en fin, muchas historias que hoy son parte de la realidad que vive México.
Además ha recogido el testimonio de ciudadanos que, más allá de quejarse, están dispuestos a sumar y trabajar para sacar adelante a este país, desde su propio ámbito de responsabilidad. Igualmente, políticos de todo el espectro ideológico, han hecho pública su adhesión a esta iniciativa.
Hace mucho que no se gestaba en México un movimiento ciudadano que lograra conjuntar tanta diversidad unida por una causa común. En torno a la campaña de Vicente Fox, se conjuntaron también partidos, organizaciones y líderes con posturas muy distintas, pero con una pretensión común: sacar al PRI de la Presidencia de la República.
Pero lo que está naciendo ahora con Misión Rescate México podría asemejarse más a la concertación que tuvo lugar en Chile en 1988 que congregó a demócratas cristianos, socialistas radicales, socialdemócratas, liberales, izquierdas y un amplio abanico de partidos y agrupaciones políticas con un solo propósito: terminar con el régimen militar encabezado por Augusto Pinochet.
Esta concertación dio pie al plebiscito para consultar si Pinochet debería continuar en el poder, y se impuso el no con una amplia participación de la sociedad, lo que a la postre derivó en que llegara a la presidencia de aquel país Patricio Aylwin.
El contexto es muy distinto, desde luego, comenzando por el hecho de que Misión Rescate México es un proyecto lanzado por organizaciones sociales y no por partidos políticos, pero en todo caso, una convocatoria muy amplia y plural.
Anoche tuvo lugar una concentración digital que marcó el arranque formal de este movimiento que en su génesis congrega ya a más de 100 organizaciones sociales. Miles de ciudadanos participaron para exigir y proponer. Quizá el mensaje más relevante planteado ayer es que el rescate de México es una tarea personal y que nada suple lo que cada uno de nosotros dejemos de hacer para salvar la democracia, las instituciones y el futuro de nuestro país.
@gvelascob
jueves, 28 de mayo de 2020
La biblia de AMLO
¿Ya sabes quién dijo que la humanidad ha caído en manos de una élite delincuente, compuesta por banqueros, industriales y políticos profesionales que usan los recursos del planeta y los frutos de nuestro trabajo para sí, y que monopolizan los beneficios de la energía, la tecnología, la ciencia, de los alimentos, de la educación y de la salud, dejando a las mayorías en la miseria y el desamparo?
¿Ya sabes quién dijo que los precios son mediciones subjetivas que hoy en día no tienen mucho que ver con el valor (hay otros índices de medición); que los precios no son nada más que los mecanismos legales de expropiación de la riqueza social y del enriquecimiento de la élite económica?
¿Ya sabes quién dijo que la democracia actual es una perversión de la soberanía del pueblo porque dentro del parlamento rigen en ella los brazos derechos de la élite económica y la corrupción ideológica y material, y afuera rige el manejo de la percepción, la fabricación del consenso y la idiotización sistemática por los oligopolios transnacionales, la adoctrinación masiva (medios de comunicación) y el opio del consumismo?
¿Ya sabes quién dijo que con una nueva "economía de equivalentes" desaparecerán todas las injusticias al hacer que los ingresos del trabajador sean directamente proporcionales al tiempo de trabajo invertido, independientemente de su esfuerzo físico, educación, habilidad, dedicación, dificultad, riesgo, etcétera, y que eventuales casos de conflicto serían decididos por "Tribunales de Valor" compuestos por jurados ciudadanos?
¿Ya sabes quién dijo que en la medida en que la "economía equivalente" venza a la economía de mercado, desaparecerá la ganancia, y la propiedad privada de los medios de producción perderá su base y se eliminará por sí sola?
¿Ya sabes quién dijo que el subsistema económico de una sociedad termina su ciclo de vida cuando deja de satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos y, por lo tanto, se vuelve disfuncional para la manutención del sistema en su conjunto?
¿Ya sabes quién dijo que el cambio de Estado (régimen) es una "legalidad del universo", que se acabó la explotación de los hombres por sus prójimos, es decir, la apropiación de los productos del trabajo de otros, por encima del valor del trabajo propio?
Temo decirles que cualquier similitud con el discurso e ideas de AMLO y la 4T es "mera coincidencia". Quien dijo lo anterior fue Heinz Dieterich Steffan, en su libro El Socialismo del Siglo XXI.
Pero, ¿quién es Heinz Dieterich?: es un sociólogo alemán nacido en 1943 que vive en México desde hace décadas; profesor emérito de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Un hombre de izquierda, anticapitalista. Un teórico frecuentado, autor de más de 30 libros en su especialidad, entre los que se encuentran La teoría del Poder y el Poder de la Teoría, Fin del capitalismo global, Neoliberalismo, reforma y revolución en América Latina, etcétera.
El semanario alemán Die Zeit lo identifica como "el ideólogo jefe de los movimientos sudamericanos de izquierda".
Leer a Dieterich es leer a AMLO. Es entender las motivaciones y argumentos que soportan sus políticas públicas y cómo un "fin superior" y cuestionablemente "noble" le permite tener la conciencia tranquila mientras arruina la economía nacional y la de millones de pequeños y medianos empresarios.
Si queremos ver hacia dónde apunta la 4T, el cambio de régimen y la historia que AMLO quiere escribir, la hoja de ruta se encuentra en el -en muchos sentidos equivocado- libro de Dieterich (El Socialismo del Siglo XXI) y que parece ser la "Biblia" socio-económica-moral de AMLO.
En la última parte de ese libro el autor invita a los ciudadanos del mundo a integrarse al llamado Nuevo Proyecto Histórico (NPH) y cuyos objetivos encajan perfectamente en las políticas públicas y discursos mesiánicos del Presidente: "El NPH es un proyecto para sustituir la sociedad capitalista por la democracia participativa. (...) Sólo si logramos movilizar las reservas intelectuales, morales y materiales de la sociedad a favor de la civilización postcapitalista, podremos vencer a las élites que han secuestrado a la democracia real y la economía solidaria para beneficiar sus intereses egoístas".
"Dime con Heinz andas
y te diré
ya sabes quién eres".
Yo
ricardoelias1@gmail.com
ricardoelias.mx
lunes, 25 de mayo de 2020
Entendido: Revolución, no Transformación
.¿Qué diría Marx de la revolución en marcha de México? ¿Tragedia? ¿Farsa? ¿Las dos?
Epigmenio Ibarra le ha hecho un favor a nuestra discusión pública con su columna de MILENIO: “Los días que estremecen a México”. (“9/5/2020).
Ibarra ha dicho con todas sus letras lo que muchos sospechan pero no todos se atreven a decir, entre ellos quien esto escribe: que lo que quiere hacer López Obrador es una Revolución.
Pacífica, aclara Ibarra, pero una Revolución. De acuerdo, salvo que no hay revoluciones pacíficas, aparte de las científicas, las tecnológicas y las de los grandes éxitos económicos.
La verdad es que, aclarado el propósito del gobierno, se aclara lo demás. La intimidad amistosa y la identidad ideológica de Epigmenio Ibarra con el Presidente permite asumir su texto como un saber de primera mano.
Celebro su claridad, nos ahorra los caminos de la adivinanza y análisis de las intenciones de López Obrador, pues Ibarra no deja lugar a dudas respecto de a dónde va su amigo el mandatario.
Cito: “¿Transformación es un eufemismo?”, le pregunté a López Obrador mientras, el otro día, con la cámara al hombro, lo seguía haciéndole una entrevista. Se detuvo, lo pensó un poco: ‘El objetivo de una revolución —respondió— es la transformación’”. De acuerdo, salvo porque esas palabras no son sinónimos: Revolución es revolución. Transformación es transformación.
Tanto es así que, a la hora de buscar un referente histórico para la revolución de la que habla, Epigmenio Ibarra cayó en la Revolución rusa y en la cita de su cronista prematuro, John Reed: “Apresurémonos, amigos, a terminar la revolución; aquel que la prolongue demasiado no cosechará sus frutos”.
Cobran sentido así las expectativas de Epigmenio: “México habrá de vivir días y meses estremecedores y luminosos. La atención del mundo se volcará sobre nosotros”.
Así cobra sentido también la prisa destructiva del Presidente, su decisión de arrasarlo todo para hacer . . . una revolución. Entendido, salvo por estas palabras de Marx (18 Brumario): “Hegel dice que los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen en ella, como si dijéramos dos veces. Le faltó agregar: una vez como tragedia, otra como farsa”
.¿Qué diría Marx de la revolución en marcha de México? ¿Tragedia? ¿Farsa? ¿Las dos?
El Índice Pepe El Toro
• Otra vez, el genio comunicativo de López Obrador. Como sabe que este año tendremos una de las peores caídas del crecimiento del PIB de los últimos cien años, mejor desecha esta medida y la sustituye por otra.
25 de Mayo de 2020
En el final de la segunda película de la trilogía de Pepe El Toro, Ustedes los ricos, los pobres de una vecindad están alegremente celebrando una fiesta. De pronto, la señora rica entra a la vecindad. “Por favor, déjenme entrar, estoy muy sola con todos mis millones y vengo a pedirles, por caridad, un rinconcito en su corazón. Ustedes, que son valientes y que pueden soportar todas sus desgracias porque están unidos. Ustedes los pobres, que tienen un corazón tan grande para todo. Denme un pedacito. Ustedes son buenos”.
Generoso, Pepe El Toro le da la bienvenida a ese mundo de los pobres quienes, a pesar de sus desgracias, son alegres y con una moral intachable. Son humildes, bondadosos, familiares y fieles. Los ricos, en cambio, son materialistas y avaros que pueden comprar muchas cosas, pero no la felicidad. Por eso están tan solos en la vida.
La tres películas de Pepe El Toro (interpretado por Pedro Infante) fueron un exitazo en la taquilla. Hoy se consideran como joyas de la época de oro del cine mexicano. Escritas y dirigidas por Ismael Rodríguez, tocaron una fibra muy profunda en las emociones de los mexicanos. Es la lucha de clases de Marx llevada a la pantalla grande en un pastiche de la vecindad urbana que comenzaba a sustituir a las rancherías en México.
Gracias a la televisión, los éxitos de Rodríguez se reprodujeron durante muchas décadas y tuvieron un eco con varias generaciones de mexicanos. El mensaje de los pobres-buenos y ricos-malos se fue repitiendo durante mucho tiempo en el país.
Setenta años después, es una de las bases discursivas de la llamada Cuarta Transformación.
El gobierno actual, que ya está viendo, como todos, una caída profunda en el bienestar material, pretende reemplazar el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) —que mide el valor monetario de los bienes y servicios que produce un país—como una de las variables macroeconómicas más importantes para medir el desarrollo nacional.
Dice el Presidente: “Estoy ahora trabajando sobre un índice para medir bienestar, un índice alternativo al llamado Producto Interno Bruto, lo voy a presentar, un nuevo parámetro que va a medir, sí, crecimiento, pero también bienestar, también grados de desigualdad social. Se va a aceptar si hay crecimiento y hay menos desigualdad. Y otro ingrediente en este nuevo parámetro, en este nuevo paradigma, la felicidad del pueblo”.
Y agrega: “Tiene que haber crecimiento con honestidad, crecimiento con austeridad, crecimiento con bienestar, crecimiento con cultura, crecimiento con felicidad. Y eso antes se llama desarrollo”.
Otra vez, el genio comunicativo de López Obrador. Como sabe que este año tendremos una de las peores caídas del crecimiento del PIB de los últimos cien años, mejor desecha esta medida y la sustituye por otra.
Si el PIB estuviese creciendo al 4 por ciento anual, como lo prometió en su campaña, no estaría proponiendo tal cosa. Pero, al fin y al cabo, el Presidente es un político y los políticos inventan distracciones para que la realidad, en lugar de verse negativa, aparezca como positiva.
Me adelanto y apuesto a que la nueva medición que propondrá el Presidente será una especie de Índice Pepe El Toro. El IPET, por sus siglas, le dará más peso a la igualdad entre la sociedad, aunque no haya crecimiento del producto.
Igualdad que se logrará porque habrá más pobres en el país. Debido a la crisis actual, muchas familias de clase media pasarán a formar parte de las clases pobres. Mejor para ellos porque, al fin y al cabo, como en las películas de Ismael Rodríguez, los pobres son gente buena, alegre, humilde, bondadosa, espiritual, familiar y fiel. En una palabra: felices.
La felicidad tendrá un peso importante en el IPET, tal y como lo adelanta AMLO. De esta forma, se comprobará empíricamente que, hoy, México está mejor que antes del 2018 y, desde luego, irá mejorando hasta alcanzar un récord en su medición en 2024.
También apuesto a que mucha gente le creerá a López Obrador. Como, en su momento, se creyó la fábula de las películas de Pepe El Toro: ese mundo maniqueo de pobres buenos y solidarios frente a ricos malos y solitarios. Un mundo que toca una fibra muy emotiva y profunda que existe entre los mexicanos.
Bien podría ser el Producto Interno Bruto la rica de la película quien llega triste y derrotada a la vecindad. Y así le da la bienvenida Pepe El Toro a la fiesta: “Pásele señora, ahora no entra usted con los pesos por delante. Entró con una pena y el corazón en la mano. Ahora sí es de los nuestros. Aquí entre nosotros encontrará lo que nunca ha podido encontrar. Lo que más vale: amistad, cariño…”
Twitter: @leozuckermann
Prohibido disentir
25 May. 2020
En pleno auge de los regímenes autoritarios del siglo XX, en 1945 Karl Popper publicó una de las obras más significativas de la filosofía política La sociedad abierta y sus enemigos. Si el filosofó austriaco aún viviera y lo hiciera en México, estaría, por decir lo menos, sorprendido ante el giro orwelliano de nuestra democracia. En el último episodio, nos encontramos que Notimex, la agencia de noticias del Estado mexicano, no del gobierno en turno, amenaza la libertad de expresión y gesta esquemas de polución informativa.
Los atentados al debate público han sido copiosos, este último ocurrió luego de la difusión de una investigación conjunta elaborada por Signa Lab del ITESO, la organización Artículo 19 y Aristegui Noticias. El trabajo documenta una campaña automatizada de "bots", en la red social Twitter, contra siete periodistas críticos de la administración del presidente López Obrador. La investigación muestra una operación coordinada desde la dirección de Notimex que, pese a negar los hechos, no ha logrado desvirtuar la sólida metodología de Signa Lab y sus resultados.
La libertad de expresión es condición estructural del funcionamiento de una democracia. Como dice el filósofo del derecho español Francisco Laporta "no es una más de las libertades civiles, sino la libertad política por excelencia". Nada más y nada menos, sirve para que la ciudadanía tome el control de su destino y no dependa de agendas e intereses privados. "La verdad política ya no es algo que pueda ser impuesto o dictado desde el poder, sino algo que sólo puede ser descubierto y aceptado por la razón", aquí se encuentra el valor de la crítica libre e informada.
Por su parte, la función que cumple la información es proveer de materia prima a la discusión racional de una sociedad que se hace cargo de sí misma. A través del derecho a informar y a ser informados nos proveemos de los datos necesarios para participar en libertad e igualdad en las decisiones políticas básicas, para lo cual el flujo de la información y su veracidad son condiciones ineludibles. Intervenir el flujo informativo, distorsionarlo o amenazar la libertad de expresión son claras manifestaciones de regímenes autoritarios. La organización Reporteros Sin Fronteras sitúa a México en el sitio 144 de 180 países en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2019. La indignante cifra de periodistas asesinados y la descalificación al trabajo informativo desde el poder nos posicionan así en el ranking mundial.
El futuro inmediato no es halagador, al mismo tiempo que se estrecha y enrarece el debate público, se debilitan los mecanismos de rendición de cuentas y se sustraen de la mirada pública las decisiones de interés común. La consecuencia ha sido la descomposición acelerada de la deliberación política; cada vez con mayor frecuencia se imponen el secreto, la verdad revelada y la ausencia de critica libre, enemigos corrosivos de una sociedad informada. Afortunadamente la autocensura todavía no es la regla; periodistas de prestigio, académicos u organizaciones como la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi), han señalado el manejo informativo de Notimex como faccioso, partidista y progubernamental.
Es inaceptable que luego de aparecer la investigación de los ataques a periodistas críticos, Carmen Aristegui y Rossana Reguillo se encuentren bajo ataque severo en redes sociales. Una manifestación evidente del retroceso hacia el principal peligro que señalaba Popper: una sociedad cerrada celosa de su mayor expresión, la tribu. En estas condiciones, es imperativa una investigación exhaustiva por parte del Órgano Interno de Control de Notimex.
Si no denunciamos hoy, vendrán por nosotros mañana.
@jesusibarra0
martes, 19 de mayo de 2020
¡Exprópiese!
POR: RAYMUNDO SÁNCHEZ
MAYO 19, 2020 · 2:50
Al pie de la letra sigue la cuatroté la amenaza del prócer del chavista-madurista metido a director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II, emitida en mayo de 2018, poco antes de las elecciones presidenciales, contra los empresarios que, a su parecer, se resistieran a colaborar el gobierno que se hizo llamar de “la esperanza”: “Chingue su madre, ¡exprópialos!
En los hechos han sido una expropiación, que pagamos los mexicanos a cambio de nada, la cancelación del NAIM, que nos está costando 71 mil millones de pesos y 46 mil empleos directos e indirectos; el cierre de la planta cervecera de Constellation Brands, en Mexicali, con lo que perdemos al menos 900 millones de dólares y cuatro mil empleos; y el freno de la secretaria de Energía, Rocío Nahle, a la inversión en energías limpias, que tiró 6 mil 600 millones de dólares en inversión extranjera en 44 proyectos en 18 estados, y 30 mil puestos laborales.
O las que están por consumarse: quitar a la IP la administración de las afores y concentrar esos recursos en el Banco del Bienestar, iniciativa que, primero, lanzó el diputado de Morena, Edelmiro Santiago Santos Díaz, y luego respaldó el Presidente Andrés López Obrador; la del dirigente provisional morenista, Alfonso Ramírez Cuéllar, para que el INEGI se meta a los hogares a revisar “la riqueza” de cada uno para que paguen más impuestos.
Y la momentáneamente frenada propuesta para que el Ejecutivo haga uso, a su voluntad, del presupuesto de egresos.
El resultado: desincentivar la inversión nacional y extranjera, y matar la competitividad y la esperanza de los mexicanos. ¿Para qué esforzarse y crear riqueza, si al final el Estado nos quitará el producto de ese esfuerzo? ¿Para qué estudiar y ser mejores en un país cuyo Presidente ve inservibles a arquitectos, ingenieros, periodistas, economistas, técnicos, emprendedores…
En resumen, un pueblo con sus esperanzas expropiadas y dependiente de las dádivas del gobierno. Un anillo al dedo para el lucro político-electoral.
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Solidaridad y responsabilidad social mantiene el empresariado en la etapa más crítica de la pandemia. Grupo Televisa, Bimbo, Grupo México, Mastercard y Fundación Bailleres, entre otros, hicieron posible el donativo de 2 mil ventiladores de la compañía holandesa Philips, para pacientes de COVID-19, lo cual agradeció el canciller Marcelo Ebrard.
Incluso el Centro Mexicano para la Filantropía y la Alianza por la Responsabilidad Social Empresarial por México, felicitaron a las mencionadas empresas.
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EN EL VISOR: Será hasta 2022, un año después de la elección intermedia, cuando se dé a conocer el número real de muertos en el país por coronavirus. Lo dijo el subsecretario Hugo López-Gatell.
POR RAYMUNDO SÁNCHEZ PATLÁN
RAYMUNDO.SANCHEZ@HERALDODEMEXICO.COM.MX
miércoles, 13 de mayo de 2020
El crimen social de López Obrador
Haber puesto al país en manos de una persona sin conocimientos y que exuda rencor por todos los poros, perjudicará más a los que menos tienen y llevará a 10.7 millones de personas a la pobreza extrema, tan sólo en este año. Y le faltan cuatro.
Cada día de este 2020, 29 mil 315 mexicanos pasarán a engrosar las filas del hambre.
Ayer se publicó el reporte del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval), donde explica que con una caída de -6 por ciento de la economía y de cinco por ciento generalizado del ingreso, en este año, la pobreza extrema (personas cuyos ingreso no les alcanza para una canasta básica) pasará de 21 millones en 2018 a 31.7 millones al cierre de este año.
Los cálculos de Coneval son prudentes, porque la economía en este año, según reportes especializados, podría caer entre -7.5 o -10 u 11 puntos.
Estamos ante un crimen social cometido por quienes se dijeron redentores de los pobres.
De un plumazo, a la basura los avances –lentísimos– en la lucha contra la pobreza en este siglo.
Vaya paradoja, Peña Nieto, acusado de ignorante y frívolo por los amigos de la 4T, sacó a poco más de dos millones de mexicanos de la pobreza extrema en su sexenio.
Y López Obrador, en un solo año, mandará a esa categoría, en la que no alcanza para comer diario, a 10 millones de personas en sólo 2020.
Antes de la 4T, no vivían en pobreza extrema. Ahora conocerán el hambre.
Si desconfían de los datos del Coneval, ahí está el documento de la Cepal entregado ayer: México será el país de América Latina que más pobres va a generar en este año.
Fue el coronavirus y no el gobierno, dirán algunos y en parte tienen razón. Muy poca, por cierto.
La crisis ya venía desde el año pasado en México, cuando los actuales gobernantes tiraron la economía a bajo cero.
Y este año la crisis mundial por el coronavirus anunció desde finales de enero que pegaría con fuerza. El gobierno no hizo nada por atenuarla y se negó a establecer medidas contracíclicas.
El Presidente pensó que era la oportunidad de oro (anillo al dedo) para castigar a los empleadores, a los que colmó de insultos durante dos décadas: si van a quebrar, que quiebren, dijo ya instalado en Palacio Nacional.
Pero los más castigados serán los pobres y los que ya habían salido de pobres.
Nunca aceptó que para superar la pobreza tiene que haber empleo, y para que haya empleo se necesita inversión.
Se dedicó a hostilizar a los inversionistas: canceló el aeropuerto para decirles 'yo mando aquí'. Quiso litigar el pago de los ductos que traen gas a México, que ya estaban terminados. Con una consulta popular ilegal cerró una gran planta cervecera que ya había invertido cerca de 800 millones de dólares. Congeló la reforma energética.
¿Quién va a invertir en el país si no hay certeza jurídica y el Presidente, un admirador del Che Guevara, agrede a los inversionistas y a los emprendedores privados?
La caída en el empleo es brutal. Es la peor, en un mes de abril, desde 1995 con Ernesto Zedillo. Hasta allá retrocedemos, más lo que falta.
De acuerdo con los datos del IMSS, dados a conocer ayer martes, en un mes y medio se perdieron 750 mil empleos
Gonzalo Hernández Licona, ex secretario ejecutivo de Coneval, escribió ayer que si se quiere saber cómo nos va a ir con la pobreza hay que checar cómo va el empleo. Menos empleo es igual a más pobres.
Eso no lo entiende López Obrador y castiga a los empleadores, es decir a los que dan trabajo al 92 por ciento de la población empleada del país.
Resultado: sólo en abril se perdieron 18 mil 500 empleos... cada día. Nueve veces más que en abril de 2009, cuando se juntaron la crisis global más el cierre del país por la influenza AH1N1.
López Obrador cree que con los programas sociales será suficiente. Terrible error. Primero, porque en su gobierno hay menos programas y menos beneficiados. Y segundo, porque no hay apoyo a los que pierden su empleo, ni a las empresas para que no cierren.
El daño ya está hecho. López Obrador, vaya ironía, pasará a la historia como un presidente que fue fabricante de pobres.
Pudo haberlo evitado, o atenuado, pero ganaron sus rencores y el de algunos de quienes lo acompañan en esta aventura destructiva.
Este año se pagarán 200 millones de dólares como amortización a extranjeros tenedores de bonos del aeropuerto que no se va a construir.
Más lo que hay que seguir pagando los años siguientes (cuatro mil 200 millones de dólares faltan por pagar) por cumplir el capricho presidencial de destruir un aeropuerto.
En lugar de gastar en defender la planta productiva y el empleo, el gobierno va a gastar ocho mil millones de dólares (que en realidad serán doce mil millones) en una refinería nueva que perderá dinero.
Cuando AMLO anunció, el mes anterior, las medidas contra la crisis, enlistó entre ellas darle dinero adicional a Pemex para continuar su expansión, sin importar los números de la realidad:
Sólo PEP (la división de exploración y producción de Pemex) perdió, en el primer trimestre de este año, 462 mil millones de pesos.
Para sostener empresas, y por tanto empleos y cadenas productivas, nada. Que quiebren.
El resultado de la ineptitud presidencial está haciendo estragos.
Millones de pobres más.
Millones de mexicanos que no tendrán para comer.
Millones de empleos perdidos.
Un millón 200 mil jóvenes que este año tendrán edad de trabajar y no van a encontrar empleos.
¿De qué van a vivir? ¿Cómo le van a hacer?
Miseria y descomposición social será el legado del político que llegó al poder con la consigna de “primero los pobres”.
lunes, 4 de mayo de 2020
La marcha de locura
Esta locura no puede continuar.
Durante el primer trimestre Pemex, que según el Presidente estamos rescatando (con dinero del erario), perdió 562 mil millones de pesos.
Y el año pasado, que tuvo pérdidas récord, éstas alcanzaron los 350 mil millones de pesos.
El reciente jueves, en su conferencia matutina, el Presidente pidió al sector privado, y a la sociedad, que aporten dinero para adquirir equipo de protección a médicos, enfermeras y paramédicos.
¿No se capta la gravedad de su desconexión con las tareas esenciales de su cargo?
Tan solo en tres meses de este año, por la necedad de apostarle al petróleo sin el concurso de la inversión privada, Pemex perdió el equivalente a cuatro veces el presupuesto de la Secretaría de Salud.
En sólo tres meses perdimos, en la obsesión petrolera, el gasto de cuatro años en Salud.
Y el Presidente pide donativos, es decir caridad, para comprar el equipo que falta para proteger al personal médico que atiende a los enfermos de coronavirus.
Hace una semana expidió un decreto que anuncia la inyección de recursos, adicionales a los presupuestados, por 65 mil millones de pesos para Pemex.
En 15 meses de gobierno de AMLO, Pemex ha perdido 922,000,000,000.00 de pesos. Casi un billón.
Sumemos lo gastado por no terminar el aeropuerto internacional en Texcoco, más lo que se adeuda a tenedores internacionales de bonos (cuatro mil 200 millones de dólares), hablamos de una perdida mínima de un billón doscientos mil millones de pesos.
Hay que parar esa locura.
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El daño patrimonial a la nación no tiene precedentes desde que perdimos la mitad del territorio.
No puede seguir así porque es la destrucción del país, no sólo de la economía.
En los proyectos prioritarios enlistados por el Presidente está la continuación de la refinería en Dos Bocas.
Sin embargo Pemex-Refinación perdió en los tres primeros meses de este año ochenta mil millones de pesos. Vamos por más (pérdidas).
Y el año pasado perdió 50 mil millones.
¿A quién se le ocurre hacer una refinería cuando no es negocio la refinación? A él y a Rocío Nahle.
El año pasado Pemex perdió 5.25 dólares por barril refinado. Durante el primer trimestre de este año, por cada barril refinado (gasolina, diesel, etc.), perdió 12.5 dólares.
Y vamos a gastar ocho mil millones de dólares (en realidad serán 12 mil millones, cuando menos) en Dos Bocas para perder más dinero en otra refinería, pero nuevecita.
Es “la marcha de la locura”, como el nombre del libro de Barbara W. Tuchman en que recrea y analiza algunos actos supremos de la insensatez humana.
El Presidente que más ha despilfarrado dinero en –por lo menos– un siglo, es el que ha pedido al Congreso facultades plenipotenciarias para gastar en lo que se le ocurra, sin importar lo que la Cámara de Diputados haya autorizado.
Ya lo ha hecho. La Secretaría de Energía tenía un presupuesto, en 2019, de 27 mil 229 millones de pesos, pero gastó 128 mil 326 millones. Ciento un mil millones más de lo autorizado.
Se lo gastó en Dos Bocas y en expansión petrolera. Dinero tirado. Y en Salud hubo subejercicio.
¿Entendemos ahora por qué no hay dinero para proteger a nuestros médicos, enfermeras, camilleros?
¿Captamos por qué hay tan pocas camas de terapia intensiva (cinco mil)?
¿Por qué faltan equipos para atener a la gente?
¿Se comprende por qué nos dijeron que las mascarillas no eran necesarias para atenuar riesgos de contagio (y el viernes se anunció que había llegado su séptimo avión desde China con 57 mil caretas de emergencia y otros enseres)?
No se gastó el dinero que debió gastarse en Salud y en prepararnos para la pandemia porque lo mandaron a otro lado... donde perdemos casi un billón de pesos en 15 meses.
Algunos dirán que la pérdida tan fuerte en este trimestre fue en buena medida por la variación del tipo de cambio. Influye, sí, pero sólo en parte. Perdimos en tres meses 62 por ciento más que en todo el año pasado: no hay excusas.
Cada día Pemex pierde seis mil 178 millones de pesos, y no lo entienden ni lo frenan. Al contrario, pisan el acelerador.
La locura debe terminar.
Aunque haya que decir, como sugiere una parlamentaria de oposición que conoce de estos temas y sabe del peligro en que estamos:
“Se desplomaron los precios del petróleo por culpa del modelo neoliberal, y por tanto vamos a hacer asociaciones estratégicas nacionalistas para el bienestar del pueblo (o sea farmouts, pero con nombre 4T), donde Pemex será por primera vez (aunque no sea verdad) el ganador, y con ello el pueblo. No más abusos. Inversiones privadas sí, pero en beneficio de los mexicanos. Con estas asociaciones nacionalistas alcanzaremos la soberanía energética que los gobiernos neoliberales entregaron a los capitalistas”.
Buenos deseos de gente que sabe y quiere a México. Pero topan con pared porque faltan generosidad y humildad. Sobran odio y resentimiento. Es la marcha de la locura.
martes, 28 de abril de 2020
Un gobierno tragicómico y letal
La aversión ideológica del Presidente hacia la empresa privada es incurable. También hacia la ciencia.
Eso ya lo deberían tener claro los integrantes más lúcidos y experimentados de su gabinete, que aplauden lo que AMLO abuchea.
Ante la falta de apoyo del gobierno a la economía, el Consejo Mexicano de Negocios gestionó ante el BID, con el aval de la Secretaría de Hacienda, créditos para 30 mil empresas pequeñas, medianas y micros, que podrían alcanzar los 12 mil millones de dólares.
De esa manera se salvan los empleos y, fundamental, las cadenas productivas.
Así, una vez pasada la emergencia, éstas puedan ser el motor de la recuperación económica, como explicó el representante del BID en México.
Gran noticia. El canciller Ebrard felicitó a Consejo y al Banco por este acuerdo “para proteger nuestra planta productiva y el empleo”.
Pero, vaya sorpresa (para algunos), el Presidente embistió contra el acuerdo, desautorizó el beneplácito de Hacienda, porque “no me gusta el modito de que se pongan de acuerdo y quieran imponernos sus planes”.
Lo que no le parece bien a López Obrador es que se salven las empresas. Eso no estaba en el libreto.
Creyó que el coronavirus iba hacerle el trabajo de acabar con ellas. Como anillo al dedo, dijo, para su proyecto estatista.
Anunció ayer que vigilará que el Banco de México no rescate a empresas.
Las quiere rescatar él –a las que le convengan– cuando estén quebradas o no puedan pagar sus impuestos, y pasarlas a propiedad del Estado.
¿En qué razonamiento cabe oponerse a un crédito otorgado por el BID a particulares, que salva empleos, empresas, y mantiene vivas las cadenas productivas?
En la mentalidad de un populista y estatista como el que tenemos en la silla principal de Palacio.
No le tiembla el pulso porque en México se pierden casi 25 mil empleos formales cada día. Cada día.
Esa frialdad estalinista –que mandaba al campo de batalla a morir a millones de jóvenes, al cabo que habría más–, es escalofriante.
A la cifra de 25 mil nuevos desempleados cada día, hay que sumar a los informales (60 por ciento de la PEA) que se han quedado sin ingresos.
Le acaba de pedir a la Cámara de Diputados facultades plenipotenciarias en materia presupuestal en momentos de crisis económicas.
Eso lo hace un Presidente que desautoriza al secretario de Hacienda y maneja la economía sin conocer el tema. No sabe qué es una operación de factoraje inverso y se lanza contra ella.
Tan sólo en 16 meses, sin pandemia ni crisis externa, contrajo la economía en cuatro puntos del PIB. Todo un récord para los anales de la ineptitud.
Recibió un país que crecía a 2.5 por ciento anual, y lo tiró, en febrero de este año, a -1.6 por ciento, como dio a conocer el viernes el Índice Global de Actividad Económica (IGAE), citado ayer en estas páginas por Macario Schettino.
Con esas cartas credenciales quiere plenos poderes para manejar el Presupuesto, sin tener que discutir con la oposición ni con nadie.
Le molesta profundamente que los empresarios busquen salvar a otras empresas que los abastecen. Su hostilidad a la iniciativa privada es manifiesta porque su proyecto es otro.
Durante un año el Presidente se reunió con los líderes empresariales en Palacio Nacional y estos creyeron que eran bienvenidos. Actuaron de buena fe, pero con ingenuidad.
A la hora de la verdad, cero apoyos. Y mal vistos si colaboran entre ellos.
Lo mismo ocurre con los integrantes valiosos de su gabinete. Por ahora le sirven, pero luego los va a desechar porque su proyecto es populista y estatista.
Sería cómico narrar lo que sucede en el gobierno: el canciller felicita lo que su jefe, el Presidente, reprueba. El secretario de Hacienda respalda lo que el Presidente condena. Sin embargo no es gracioso, es trágico y es letal.
Hay gente muriendo en los hospitales y en sus casas porque la tozudez presidencial decía que no nos iba a pegar el coronavirus por factores de ADN y otras creencias de la 'ciencia popular'. No nos preparamos.
Cientos de miles de mexicanos están perdiendo el empleo, se quedan sin ingresos para ellos y sus familias, porque el Presidente rechaza apoyar a empresas y sostener cadenas productivas. Serán millones los afectados.
No es gracioso. Es trágico y es letal.
Queda claro, por lo menos, que la aversión de López Obrador hacia la libre empresa es incurable.
sábado, 25 de abril de 2020
El error es nuestro, no del Presidente
• No tiene malas intenciones, pero sí malas ideas.
25 de Abril de 2020
A estas alturas, resulta necesario sincerarnos y aceptar que el error es nuestro, no del Presidente.
Cuando anuncia que va a presentar un plan para salvar la crisis económica por la que atraviesa el país, y escuchamos con atención y esperanza su mensaje —lleno de lugares comunes y sin fondo—, el problema es de nosotros, no del mandatario.
Al esperar que cambie su actitud frente a los empresarios —esa “mafia” que genera empleos y paga impuestos con los que el mandatario cubre sus programas sociales— y empiece a verlos como aliados, en lugar de como enemigos, el error es nuestro.
Mientras expresamos que no estamos de acuerdo o compartimos opiniones por la manera en que está tomando decisiones, con la idea de que —eventualmente— recapacite, pues es necesario para que pase a la historia como ese “buen presidente” al que dijo aspirar al ganar la elección, los que nos estamos engañando somos nosotros.
Nos equivocamos en pensar que el Presidente cambiará —o por lo menos ajustará— la estrategia de seguridad, mientras acabamos de vivir —en plena pandemia—, el mes más violento en la historia del México moderno.
El problema es de nosotros al ver que quiere destruir todas las instituciones democráticas que ha costado sangre y sudor construir por décadas. Igual cuando lo vemos crear —a nivel constitucional— una red clientelar que apoye su proyecto de gobierno.
El error es nuestro, que nos resistimos a ver que no hay posición ni poder del Estado, que no quiera controlar.
Nosotros nos equivocamos por pensar que va a recapacitar y olvidar las inútiles obras faraónicas del sexenio —Tren maya, Dos Bocas, Santa Lucía—, cuando la realidad es que, aunque se canse el ganso, y queden inconclusas, van a seguir. Qué le importa tirar miles de millones de pesos a la basura, como con la cancelación del aeropuerto de Texcoco o la cervecería de Constellation Brands, en Baja California.
Que dejará de atacar a la prensa crítica —“conservadora”, como él la llama— y que los aplaudidores del régimen —Ackerman, Epigmenio, Gibrán— dejarán de alabar, ciegamente, a su líder.
Que existe la posibilidad de llevar a buen puerto a nuestro país en 2024. A ese México que hoy está peor, en todos aspectos —economía, seguridad, salud—, que antes.
Al final, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Somos nosotros lo que no entendemos que él no entiende y no va a entender. Que no tiene malas intenciones, pero sí malas ideas. Que no escucha a nadie. Que su visión de país no se ajusta a la realidad y no hay manera —lógica— de que logre buenos resultados. Que no es posible que, con su liderazgo, México tenga crecimiento económico o se creen empleos, y menos dos millones.
El Presidente “ni nos ve ni nos oye”, y cuando lo hace, nos critica y tacha de “neoliberales”, así como sus aplaudidores. Los “otros datos” son los que importan. Basta ver sus cifras “oficiales” —de homicidios, económicas, sobre la pandemia— para ver que la verdad y la metodología están al final de las prioridades del gobierno.
Nosotros nos equivocamos cuando escribimos líneas como estas con el fin de que el Presidente abra los ojos y cambie de opinión. No hay que engañarnos, la realidad es otra, y mientras no lo entendamos, no podremos empezar a vislumbrar soluciones.
*Maestro en Administración Pública
por la Universidad de Harvard
y profesor de Derecho Constitucional
en la Universidad Panamericana.
Twitter: @ralexandermp
viernes, 24 de abril de 2020
Ya es grave
Fuera de la Caja
Se publicó en el Diario Oficial de la Federación, ayer por la tarde, un documento que se intitula “decreto”, pero que no es sino la transcripción del decálogo emitido por López Obrador en la mañanera del miércoles. No corresponde al lenguaje tradicional de un decreto presidencial, ni establece fundamento legal alguno. El decreto anuncia que habrá disminución voluntaria de las percepciones de funcionarios públicos, a partir del nivel de subdirector, en un 25%, así como la cancelación del aguinaldo. Ni el sueldo ni el aguinaldo pueden reducirse por decisión del patrón, que es quien firma el decreto. Nada hay de voluntario en ello.
Además, se anuncia que no se ejercerá el 75% del presupuesto en materiales y suministros y servicios generales, en todo el gobierno federal. Se cancelan 10 subsecretarías, aunque el personal de las mismas seguirá cobrando lo mismo que antes. Se cierran la mitad de las oficinas del gobierno, y se buscará reubicar al personal para dejar de pagar rentas de inmuebles, vehículos y equipos.
“Se posponen las acciones y el gasto del gobierno, con excepción de los siguientes programas prioritarios” (así dice). Son 38 programas, que no listo, pero donde están las becas, los arbolitos, el aeropuerto de Santa Lucía, Dos Bocas, el Tren Maya, etc. Poco después se indica que habrá trato excepcional para la Secretaría de Salud, la Guardia Nacional, Defensa y Marina. Qué exactamente significan esos puntos, en conjunto, no queda claro. Peor aún, dice textualmente: “Todo ello, sin aumentar el precio de los combustibles, sin aumentar impuestos o crear impuestos nuevos y sin endeudar al país. Vamos a demostrar que hay otra forma de enfrentar la crisis sanitaria, económica o de cualquier otra índole, siempre y cuando no se permita la corrupción, se fortalezcan valores y principios como el humanismo y se gobierne para y con el pueblo.”
El gobierno mexicano pospuso las acciones para enfrentar la pandemia, argumentando que no había razón para utilizar cubrebocas ni aplicar pruebas. Exactamente lo contrario de lo que hicieron los países más exitosos en este tema, desde Corea del Sur hasta Suecia. Ahora, el gobierno decide hacer exactamente lo contrario de lo que hacen todos los demás países en materia económica. Mientras todos, todos, incrementan su gasto contratando deuda para con ello impedir una caída brutal de la economía, México aplica un programa de austeridad jamás imaginado. Nunca nadie había obligado a los funcionarios públicos a reducirse el sueldo. Nunca se había pensado que se podría contraer el gasto en materiales y servicios en tres cuartas partes.
Por otra parte, Hacienda publicó una dispensa a Pemex por 65 mil millones de pesos, casi al mismo tiempo que contrató deuda por 140 mil millones, a un costo 33% superior a la contratación de enero, la más reciente. Es decir, mientras se obliga a los funcionarios a perder su ingreso, el dinero se tira en Pemex.
Cabe mencionar que los créditos a empresas que se han anunciado están siendo entregados mediante el sistema de Servidores de la Nación, algo ilegal, que además acompañan los 25 mil pesos con una carta del Presidente, algo inconstitucional.
En suma: después de manejar inadecuadamente los meses previos a la expansión del contagio de coronavirus, ahora se actúa de forma suicida en materia económica. Esta actuación es, además, ilegal. El decreto implica la destrucción de la capacidad de acción del gobierno mexicano. Por si esto fuese poco, la pobreza legal y de lenguaje harían de este documento la burla de cualquier escuela de Derecho, si no fuesen tan graves sus consecuencias.
La enfermedad del Presidente es ya un asunto de Seguridad Nacional.
domingo, 19 de abril de 2020
El peor Presidente del México contemporáneo
Econokafka
AMLO estaba destinado a ser un Presidente mediocre en la mejor de las circunstancias. Un hombre intelectualmente limitado puede ser un gran líder cuando reconoce aquello que le falta, y se rodea de buenos colaboradores. Una persona abierta a las ideas está en la búsqueda constante de las mejores. Pero López Obrador es soberbio y rígido, un hombre que mira sin ver, oye sin escuchar, al que se le presenta una información, pero no la procesa.
Los largos años de campaña forjaron al López Obrador de la respuesta fácil, la crítica rápida, ideal para el discurso placero. Simplemente, todo era culpa del nefasto modelo neoliberal. De ese diagnóstico erróneo y simplista derivaban propuestas igualmente simples y equivocadas. Todo eran tan sencillo que se hizo una de sus muletillas favoritas: la economía, extraer petróleo, administrar un país, no era ninguna ciencia.
Ya el primer año de gobierno mostró sus enormes limitaciones. Dueño por fin del poder, su error fue (y sigue siendo) creer que basta la voluntad presidencial para que sus deseos se transformen en hechos. Su juventud y vida adulta transcurrió en la plenitud de la Presidencia Imperial, y de ahí su noción que el titular del Ejecutivo lo puede todo. Admirador de clóset de los dos Presidentes anti-neoliberales (Echeverría y López Portillo), nunca absorbió que ambos gobiernos terminaron en desastres.
Quedó claro desde las primeras semanas de gobierno: si la realidad no le era favorable, pues entonces él tenía otra realidad (otros datos). El tabasqueño no cambia sus ideas, sino que vive en una realidad alterna en que estas son un éxito. Por lo menos cuatro de ellas llevarán a que México tenga una crisis mucho más profunda de lo que tendría que ser, con la miserización de millones.
La primera es su fijación contra el déficit público y el endeudamiento. La economía se colapsa ante el frenón económico, y el Presidente se rehúsa a obtener recursos para inyectar recursos con urgencia, sobre todo para salvar empleos.
Esa obsesión está relacionada con la segunda idea: no a los rescates, sobre todo para las empresas (que confunde con ricos empresarios). El político que se forjó atacando bancos de 1995-97 hoy muestra su tozudez mental al reiterar que no hará otro Fobaproa. ¿Política contracíclica como hoy se aprueba en tantos países? Eso es fomentar la corrupción y favorecer a los ricos. El sociópata en plena forma, justificando la inacción que dañará a tantas familias.
La tercera noción de esa realidad alterna es la obsesión por el petróleo. Ni con el barril mexicano a 100 dólares habría funcionado la estrategia de “rescatar” a Pemex, pero a 15 dólares no hay justificación para la locura… a menos que se crea que entonces no se debe exportar y en cambio sí refinar todo en tierras nacionales. Recursos necesarísimos ante el colapso, tirados en un agujero negro alegando una soberanía nacional que en realidad es soberbia personal.
Finalmente, está la creencia en la omnipotencia presidencial. No debe sorprender que el hombre que pensó que podía crear un sistema de salud escandinavo con su firma y diciendo que, listo, el INSABI ofrecía todo para todos (y gratis) se crea que desde diciembre México estaba listo para enfrentar la pandemia global.
Es el México Mágico de AMLO, en el que está haciendo un gran gobierno, una transformación histórica. En el verdadero, su soberbia e ineptitud lo llevarán a ser el peor Presidente en la historia contemporánea.
Azteca 13 vs. 4T, un asunto de números, ¿o no?
"Si esta confrontación escala a un pulso de poder a poder, abre un flanco de desgaste adicional e inesperado a la 4T".
SINEMBARGO, ABRIL 19, 2020
Hace 10 días el Presidente Andrés Manuel López Obrador elogió a Banco Azteca, del empresario Ricardo Salinas Pliego, por su apoyo para distribuir créditos a los necesitados sin cobrar comisión. Era la enésima muestra de intercambio de cariños entre el magnate regiomontano y el político tabasqueño. En algunos círculos privados se hablaba, incluso, de que el dueño de Elektra era el empresario del sexenio. Había otros capitanes del dinero que se habían acercado a AMLO, desde luego, pero ninguno tenía la satisfacción de que dos de sus directivos, Esteban Moctezuma y Jorge Mendoza, fueran incorporados directamente al Gabinete en calidad de Secretario de Educación y Director de Banobras, respectivamente (algo que ni siquiera la maestra Elba Esther Gordillo pudo obtener en el sexenio de Calderón).
Ya se barruntaba que existía una luna de miel, tan estrecha como improbable, entre el político que defiende a lo pobres y el hombre de negocios que les vende refrigeradores a plazos. Y digo improbable porque AMLO nunca había ahorrado epítetos en contra de las televisoras que durante décadas operaron en contra suya. Unos días antes de tomar posesión, López Obrador concedió una inusual entrevista: acompañado de su mujer, Beatriz Gutiérrez Mueller, recibió entre elogios y arrumacos a Javier Alatorre en su casa: “¿qué estábamos diciendo? Que aquí se te quiere mucho, mucho mucho”, dijo AMLO y su esposa reiteró, “sí, mucho”. Y en efecto, a lo largo de casi una hora los anfitriones le prodigaron elogios al conductor, le mostraron con absoluta transparencia y entre risas que revelaban su familiaridad, las habitaciones privadas, la ropa de los clósets, los espacios íntimos de los que ha sido tan celoso el tabasqueño.
Para muchos periodistas, y es mi caso, no fue fácil procesar la admiración que AMLO parecía tener por Javier Alatorre, un lector de noticias y boletines fiel al sistema, con todo lo que ello supone. Me pregunté qué televisión había estado viendo el Presidente todos estos años o qué entendería por periodismo.
Y ahora me pregunto si seguirá pensando lo mismo. Este viernes, como es sabido, la luna de miel se hizo trizas. Javier Alatorre atacó en el noticiero a Hugo López-Gatell en lo que pareció no solo una petición de divorcio sino una declaración de guerra: “Como todas las noches, el Subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell encabezó la conferencia sobre el COVID-19 en México. Pero sus cifras y sus conferencias ya se volvieron irrelevantes. Es más, ya no le haga caso a Hugo López-Gatell”, dijo el conductor. Más tarde, quizá para mostrar que no se trataba de un exabrupto o una improvisación, sino una posición oficial, el Twitter institucional de Tv Azteca posteó la cita, literalmente.
El llamado de la televisora a desobedecer al coordinador de la campaña nacional en el contexto de una pandemia no es un hecho menor, por donde se le mire. Equivale a un desafío frontal del grupo Salinas al Gobierno del que hasta ahora había sido compañero de viaje. Habría que preguntarse de qué tamaño fue el desencuentro entre el empresario y el político para que un medio de comunicación que tiene responsabilidades, morales y legales, se haya atrevido a promover lo que puede ser interpretado por sus adversarios como el boicot contra una campaña de salud que intenta salvar vidas.
Un desencuentro de más de 30 mil millones de pesos, dirán algunos, haciendo referencia a la deuda con el fisco que se le atribuye al Grupo Salinas, según notas periodísticas. El viernes por la mañana el Presidente dijo que el SAT endurecería sus posiciones ante empresas acostumbradas a litigar aviesamente para no pagar impuestos. Una frase que parecía una advertencia a su amigo el empresario. No fue el único antecedente. Días antes otros miembros del Gabinete afirmaron que impondrían castigos a las empresas que habían violado el confinamiento; aunque nunca se mencionó por nombre a los negocios de Salinas Pliego, este había hecho pública su renuencia a cerrarlos.
Y con todo, la respuesta fulminante y tan categórica de Grupo Azteca en cuestión de horas, parecería desproporcionada considerando que no carece de puentes para tratar el asunto con el Presidente. A menos que esa respuesta sea justamente el desenlace de un intento fallido de negociación entre ambos.
Impuestos aparte, lo cierto es que las posiciones sostenidas por Ricardo Salinas Pliego en contra de las medidas de distanciamiento social no son muy distintas de las que mantenía el Presidente hasta hace unas semanas. AMLO, en lo personal, no solo se resistió hasta el final a seguir las indicaciones de sus asesores de salud sobre Susana Distancia, también ha sido contrario a extender la suspensión de actividades productivas más allá de lo indispensable. Hace unos días externó su esperanza de que el 10 de mayo pudiera levantarse, pero debió ceder ante la posición de los técnicos encabezados por López-Gatell y admitir el plazo hasta el 31 de mayo. Lo que quiero decir es que, al menos sobre el tema del confinamiento, habría existido una afinidad propicia entre Salinas y Andrés Manuel para alcanzar un acuerdo.
Pero lo cierto es que al margen de los motivos, las implicaciones políticas son preocupantes. Si esta confrontación escala a un pulso de poder a poder, abre un flanco de desgaste adicional e inesperado a la 4T. La televisión abierta no es lo que era antes, pero sigue siendo importante entre los sectores populares afines al Presidente. Una campaña sistemática en su contra constituiría un misil político debajo de la línea de flotación.
Y por lo demás, el peso económico de las empresas del millonario más rico de México después de Carlos Slim y Larrea, según varias fuentes, tampoco es poca cosa. Más importante aún, sería la primera fisura de la alianza tácita que López Obrador había logrado con los amos de México, muchos de los cuales forman parte de su consejo de empresarios.
El Presidente así lo entendió, porque reaccionó de inmediato con un mensaje televisado este sábado con el propósito de desinflar el pleito; reprendió amablemente a su amigo Javier Alatorre: “cometió un error, todo cometemos errores, pero es una buena persona”, dijo, y defendió a López-Gatell sin acusar el golpe, como si hubiese sido un desliz personal del conductor.
Es comprensible que el Presidente quiera llevarla en paz con este poderoso grupo. La pandemia ya tiene demasiado drama como para además sufrir una telenovela del Ajusco en este momento. Para pelearse se necesitan dos, asumió AMLO, y respondió con mesura y generosidad, a pesar del clamor de las redes sociales que exigían sangre, por decir lo menos.
Esperamos que esta conciliación no signifique un cambió en la actitud del SAT o un perdón de los adeudos fiscales que están en juego. El notable acto de responsabilidad y madurez que adoptó el Presidente, solo lo seguirá siendo en la medida en no exista un intercambio de favores de por medio. No lo creo; pero lo sabremos pronto.
@jorgezepedap
sábado, 18 de abril de 2020
Los López
La historia de Andrés Manuel López Obrador debería ser bien conocida. Ha traicionado a todos en el camino al poder. Sus aliados políticos fueron cayendo uno a uno desde que logró colocarse como presidente del PRD en 1996: Porfirio Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles. Ya en la presidencia, ha desgastado a sus secretarios (los que trabajan) hasta terminar con ellos, como ocurrió con Carlos Urzúa, y en pocos días con Arturo Herrera, pero también a sus interlocutores, como Carlos Salazar.
En la mente de López Obrador sólo existe él, los demás están para servirlo, y ser desechados cuando eso ya no es posible. Así ha sido por décadas, y así seguirá siendo. Los que pudimos verlo a tiempo, nos alejamos; los que no, se quedaron al sacrificio.
Tengo la impresión de que algo así ocurrirá con otro López, Gatell. El epidemiólogo se siente hoy una persona importante, y como a muchos seres humanos, eso le llena de placer. Pero no tardará en caer, como han caído otros.
En particular, López-Gatell no me produce confianza alguna. Sus recomendaciones han ido a contrapelo de la opinión de muchos otros epidemiólogos, dentro y fuera de México. Los de dentro se han cuidado de no ser demasiado explícitos, para no hacer enojar al otro López. Los de fuera no tienen esa preocupación, y han insistido en aplicar el mayor número de pruebas posibles para el coronavirus, o más recientemente en el uso de cubrebocas, dos medidas que López-Gatell ha considerado irrelevantes.
En la entrevista que le realizó Richard Ensor, para The Economist, y reproducida en otras partes, su incapacidad ha sido mucho más evidente. Vendimos equipo médico a China cuando era evidente que lo requeriríamos después, al grado que tuvimos que recomprarlo, varias veces más caro. El método centinela, tan recomendado por él, no tiene mucho sentido en un fenómeno como el actual. Las pruebas rápidas, que rechazó en innumerables ocasiones, finalmente han sido aprobadas. Su rechazo continuo a reconocer el alza en neumonías no resiste la prueba de los datos, que a partir de la semana epidemiológica 12 muestran más de 200 mil casos por encima de lo esperado para ese momento del año.
Pero si bien no ha tenido muchos aciertos en materia médica, ha insistido continuamente en la lucha contra la pobreza, en la necesidad de pagar impuestos, o en no despedir trabajadores. Recordando sus ilusiones juveniles, López-Gatell cree que su posición sirve para impulsar la República Española en tierra de indios. Al hacerlo, no sólo invade los espacios de secretarios de Estado, sino que olvida atender lo que a él corresponde. Su obligación es cuidar de la salud de los mexicanos, no instruirnos acerca de la mejor manera de administrar nuestra economía.
Pero sabe que al tomar este camino será respaldado por el otro López, y por lo tanto tendrá espacios en la mañanera, y la vespertina a su servicio. Y los reflectores son difíciles de rechazar para muchas personas, él incluido.
El daño que está causando, al posponer medidas de distanciamiento que debimos tomar antes, al rechazar instrumentos para la contención de la transmisión (como los cubrebocas), no se compensará con sus llamados a la economía justa. A lo mejor no lo comprende, pero al no tomar medidas en el momento correcto, el freno económico ha tenido que ser mucho mayor.
Lo peor para él, como ha ocurrido con otros, será cuando López Obrador lo deseche, porque así será. Me sigue sorprendiendo la cantidad de personas con cierta inteligencia, con estudios, con carrera, que son seducidos con tanta facilidad, para convertirse después en desechos. Pero así es el personaje que encumbraron.
Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.