martes, 19 de febrero de 2019

El populismo y el rechazo a las élites

Yo creo que el Presidente y sus subordinados pueden nombrar a quienes se les pegue la gana, siempre y cuando respeten la ley
LEO ZUCKERMANN, 18 de Febrero de 2019, 
Una cosa comparten los populistas de izquierda y derecha: su rechazo a las élites. En su discurso maniqueo, todo lo bueno de una sociedad se debe a la sabiduría del pueblo y todo lo malo a los sabiondos de la academia, las organizaciones de la sociedad civil y los técnicos gubernamentales. En eso, Trump y López Obradorson igualitos. Pero el mundo es más complejo que este discurso tan popular como falso.
¿De verdad es mejor no estudiar y especializarse en un tema? ¿Resulta preferible el sentido común de un hombre promedio que el conocimiento de aquellos que se pasaron años metidos en aulas, laboratorios y bibliotecas?
Es cierto que la educación superior no hace a una persona mejor o peor. Yo conozco gente que tiene hasta dos doctorados, pero que son unos cretinos incapaces de pensar por sí mismos. Sólo repiten consignas. Rechazan el método científico y la evidencia empírica. No saben debatir y nunca cambian de opinión. Bien lo dice el proverbio a la entrada de uno de los edificios de la universidad salmantina: “Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo otorga”.
También he conocido gente con una inteligencia superior innata. Algunos han tenido éxito en la vida, otros, no. Pero me queda claro que cualquiera de ellos, con una educación superior, habrían mejorado sus capacidades personales y profesionales. Cuando la naturaleza sí da, Salamanca sí otorga, y mucho.
El nuevo gobierno ha nombrado a funcionarios quienes, al parecer, no tienen las credenciales profesionales para ciertos puestos. El director de Pemex, por ejemplo, es un ingeniero agrónomo que nunca ha trabajado en el sector petrolero. La directora del Conacyt nombró a una licenciada en diseño de modas como subdirectora ejecutiva de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem). Muchos han criticado estas decisiones. Creen que el gobierno de AMLO fracasará si continúa nombrando a gente que no tiene el perfil para ejercer cierto puesto.
Yo creo que el Presidente y sus subordinados pueden nombrar a quienes se les pegue la gana, siempre y cuando respeten la ley. Para eso ganaron el poder. Si ellos piensan que es mejor un agrónomo en Pemex o una modista en la Cibiogem, y no existe impedimento legal alguno, pues adelante. Nada más que se hagan responsables de los resultados. Si, de pronto, las instituciones gubernamentales colapsan por estar dirigidas por ineptos, que no haya excusas. Nada de pretextos culpando al neoliberalismo o la corrupción del pasado. Que López Obradorasuma las consecuencias.
No recuerdo si es en la biografía sobre Fouché o en la de María Antonieta (ambas de Stefan Zweig) que se demuestra cómo uno de los problemas del régimen después de la Revolución Francesa fue la llegada de gente común y corriente a puestos gubernamentales. De pronto, un panadero estaba a cargo del sistema carcelario, por ejemplo. Los resultados fueron fatales. El gobierno comenzó a crujir. La población se desesperó y el apoyo a los revolucionarios colapsó, lo cual derivó en la restauración de la monarquía. Después de muchos vaivenes, Francia acabó siendo una república, pero con una burocracia especializada. De Gaulleacabó de institucionalizar a los técnicos gubernamentales al formar, en 1945, la Escuela Nacional de Administración.
Regreso a la situación actual en México. Estos días ha circulado en las redes una caricatura de Alarcón donde un niño está piloteando un avión; los pasajeros están muertos de miedo, pero un ganso les está diciendo: “tranquilos, es honrado”. Efectivamente, ni usted ni yo nos subiríamos a un avión que no estuviera piloteado por un experto. Extrañamente, mucha gente piensa que gobernar un país es más sencillo que pilotear un avión. Nada más falso.
Un gobierno necesita expertos. ¿Es esto elitista? Sin duda. Como muchas cosas en la vida. La medicina, por ejemplo. Cuando López Obrador sufrió un infarto, no fue con un curandero en el Mercado de Sonora, sino con un cardiólogo en el Hospital Médica Sur. Gracias a eso, hoy está vivo. Ahora, como Presidente, prefiere poner a gente común y corriente en puestos claves de la administración pública. Está en su derecho. A lo mejor nos sorprenden con muy buenos resultados. Yo lo dudo porque así lo demuestra la historia. Si efectivamente comenzamos a ver un deterioro del Gobierno Federal por la ineptitud de los funcionarios, espero que AMLO asuma las consecuencias y reconozca su error.
                Twitter: @leozuckermann

Pasos de dictadura

Pablo Hiriart, El Financiero, 19 febrero 2019
El linchamiento oficial contra el presidente de la Comisión Reguladora de Energía, Guillermo García Alcocer, es parte del asentamiento de un régimen de aspiración dictatorial.
Están destruyendo uno a uno los contrapesos del poder, que caracterizan a un régimen democrático.
A García Alcocer lo linchan porque le corrigió la plana al presidente López Obrador, con los malos perfiles de sus propuestas para llenar las vacantes que hay en la Comisión Reguladora de Energía (CRE).
La mañana de ayer, ante todos los medios de comunicación y desde Palacio Nacional, el Presidente se hizo acompañar de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto, y la secretaria de Energía, Rocío Nahle, para hundir moralmente a García Alcocer.
Pero todas las acusaciones resultaron ser falsas o meras presunciones.
El jefe del Estado mexicano quiere intimidar a los organismos autónomos y a quienes se atrevan a decirle que no, que está equivocado, con un linchamiento propio de las dictaduras como la venezolana.
Se le acusa de conflicto de interés porque un hermano de su esposa y un primo hermano de ella, trabajan en empresas del sector energético, y lo instan a que “debería dejar el cargo mientras se hacen las investigaciones”
Irma Eréndira Sandoval afirmó que la CRE autorizó contratos “a una empresa relacionada con sus familiares”, y que, de encontrarse responsable, “podría llegar hasta la inhabilitación, y si se verifica y se prueba, muy probablemente podría salir del cargo”.
¿Cómo que “si se verifica”?
¿A qué fue a Palacio Nacional la señora Sandoval, sin pruebas, pero con acusaciones?
Resulta que uno de los contratos se votó sin la participación del presidente de la CRE, quien se excusó de hacerlo por ese motivo.
Y el otro contrato, en que involucran a un pariente suyo en cuarto grado por afinidad, no trabaja ni tiene injerencia en esa empresa.
Además, en su Declaración de Intereses, desde 2016, García Alcocer puso que tiene dos parientes políticos que trabajan en el sector energético.
Para conflictos de interés, las propuestas de AMLO a la Suprema Corte.
O haber puesto al amigo al frente de Pemex, sin conocimiento de la materia, y un equipo carente de preparación que encendió las alarmas en las calificadoras e inversionistas.
El Presidente echó encima de García Alcocer a la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, encabezada por Santiago Nieto, quien señaló que los parientes políticos del titular de la CRE “podrían haber incurrido en defraudación fiscal”.
Nieto dijo en Palacio Nacional que un hermano de la esposa de García Alcocer tuvo vuelos a El Salvador y Guatemala, “que pueden significar una tipología, en la cual los sujetos son trasladados por la frontera sur del país, ya que se contratan personas para llevar los recursos a Centroamérica con la finalidad de llevarlos a paraísos fiscales y evitar que el dinero sea rastreado”.
¿No que este gobierno ya no iba a espiar?
Y agregó el funcionario de Inteligencia Financiera: “no estamos afirmando, solamente decimos que se trata de una tipología…”
“¿Podrían haber?” “¿Pueden significar?” “¿No estamos afirmando?” “¿Solamente decimos?”
A ver, ¿de qué se trata entonces?
Se trata del uso faccioso de las instituciones del Estado para destruir moralmente a alguien que le dijo que no al Presidente.
Y a través de él mandar un mensaje a todos los integrantes de organismos autónomos: serán pasados por el cuchillo del descrédito si se atreven a contradecir al Presidente o a su partido.
Ya lo hicieron con la titular del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Janine Otálora, que votó en contra de la voluntad del partido del gobierno que pretendía anular las elecciones en Puebla: la forzaron a renunciar, con calumnias y presiones a los más altos niveles.
¿No entendió el mensaje señor García Alcocer?
Ahí le va esta andanada mañanera. ¿Quiere más?
El país se encamina a una dictadura “moderna”, estilo venezolano.
Desaparece el poder de gobernadores de oposición, con estados en manos de “superdelegados” que reparten dinero y apoyos sociales.
Se cuartea la división de poderes, con una Corte que le hace el trabajo obscuro al Ejecutivo y que será tomada por Morena con los nuevos nombramientos.
El Legislativo es todavía un menguado contrapeso, pero los opositores serán devorados en las elecciones intermedias, controladas por el dinero de los superdelegados y el castigo federal a los gobernadores insumisos.
Uno a uno irán doblando a todos los contrapesos del poder. A todos.
Y para los que presten resistencia, ahí estará la maquinaria de triturar reputaciones en las conferencias mañaneras, con todas las instituciones trabajando en su contra, como hicieron con Guillermo García Alcocer.
Han dicho que en tres años tomarán el control del país. Así será.
Y en la segunda mitad del gobierno doblarán a los que hoy se sienten indemnes y callan ante los sonoros pasos de una dictadura en ciernes.

lunes, 18 de febrero de 2019

'Yes men'

Denise Dresser
18 Feb. 2019


Todos callados. Todos disciplinados. Todos, soldados y adelitas del Presidente, escuchando sin cuestionar, oyendo sin chistar, marchando al ritmo del tambor mañanero. Así son las reuniones del Gabinete de Andrés Manuel López Obrador. Así son sus juntas de trabajo: el Presidente propone y su equipo dispone. Da una orden y quienes lo rodean la acatan sin preguntar si viola la ley, cumple con la Constitución, es una mala política pública o tendrá efectos contraproducentes para el País. En este Gobierno no parece haber deliberación; ha sido sustituida por la sumisión. Lo que se precia no es la preparación sino la lealtad, lo que se valúa no es el conocimiento sino la afinidad ideológica. La voluntad para no tener voluntad. La conversión de los colaboradores en una colección de "Yes men". Los que siempre dicen sí.

Sí a la guerra declarada contra los expertos, los analistas, los técnicos, los posgrados, las universidades privadas, el mérito, los datos, la evidencia. Sí a la guerra contra el "expertise". Mientras más educación tengas, más fifí eres. Mientras más experiencia poseas, más corrupto debes haber sido. Mientras más grados acumules, más daño le has hecho a México. Todos los días, desde el púlpito presidencial y desde las dependencias oficiales se manda un mensaje de menosprecio, un dictamen de desprecio, una plétora de prejuicios. Los que se fueron a entrenar al extranjero regresaron con malas mañas. Los que tienen mayor preparación son quienes produjeron la expoliación. Si te preparaste para servir o analizar o educar o hacer investigación en tu país no serás aplaudido; serás colocado en el banquillo de los acusados. Serás crucificado en la plaza pública como miembro de alguna "mafia": científica, social, universitaria, política. La 4T no trata de componer o mejorar a la administración pública. Trata de purgarla. Satanizarla primero para doblegarla después.

Lo lógica es evidente: sustituyamos a los que creemos corruptos o fifís, por los que sabemos son ineptos pero incondicionales. Por eso la baja calidad de las ternas que Rocío Nahle envió para ser comisionados de la Comisión Reguladora de Energía y el ridículo que hicieron. Por eso los currículums irrisorios de nuevos nombramientos en el Conacyt, y la falta de preparación que evidenciaron. Por eso la falta de destreza de los directivos de PEMEX que fueron a presentar el plan de negocios a Nueva York, y las críticas lapidarias que recibieron. Este Gobierno despide a "neoliberales" y contrata a leales; echa a los que saben demasiado y recluta a los que no saben suficiente. El criterio para la contratación no es la capacidad sino la recomendación; no es el grado académico estipulado por la ley sino el apoyo político exigido por el Presidente. No se trata de volver más funcional y eficiente al Estado sino de colonizarlo con los suyos.

En general, encuentro poco útiles las comparaciones entre México y Venezuela, entre AMLO y Chávez; me parecen simplistas y catastrofistas. Pero la crisis allá debería alertar sobre lo que podría pasar acá: el vínculo entre la poca preparación del Gobierno y la mala administración de la economía; los costos de menospreciar a profesionistas y encumbrar a improvisados. La debacle económica venezolana tiene poco que ver con el socialismo y mucho que ver con el amiguismo. El gobierno se fue apropiando de un sector económico tras otro, despidiendo a los técnicos e incorporando a los devotos; sacando a los expertos y designando a los fieles. Apóstoles que no argumentan; se hincan. Soldados que no discrepan; siguen órdenes.

Órdenes como la de comprar pipas en Estados Unidos sin importar el precio, la normatividad o el costo de largo plazo. Órdenes como la de proseguir con los planes para PEMEX -incluyendo la refinería de Dos Bocas- aunque amenacen las finanzas públicas. Órdenes presidenciales basadas en diagnósticos mal hechos, o prejuicios enraizados, o inexperiencia técnica, o información incompleta porque nadie pudo o quiso o tuvo el valor de proveerla. Ese es el resultado de "limpiar" al Gobierno, con la intención de controlarlo en vez de mejorarlo. Ese es el resultado de reemplazar a los capaces por los manipulables, por los sumisos. Un Gobierno que corre el riesgo de tomar malas decisiones, una y otra vez, porque como lo advertía Patton: "si todos están pensando lo mismo, significa que alguien no está pensando".


opinion@mural.com

Neosovietismo

Isabel Turrent
(17-febrero-2019).- Neosovietismo

El materialismo ha
abolido la materia.
No hay nada que ponerse
y nada que comer...

Andréi Bely, 1920


La historia ya pasó por ahí. Y no funciona. López Obrador es tan sólo el último de los líderes políticos estatólatras que han emprendido versiones, blandas o duras, asiáticas, árabes y hasta tropicales del experimento soviético. La tentación del marxismo a la rusa ha tenido una larga vida porque es una respuesta preparada y aplicable a cualquier circunstancia cuando un régimen, democrático o no, empieza a hundirse en el caos político y económico y acaba en lo que parece ser un callejón sin salida.

Muchos críticos han equiparado a LO con los líderes populistas que encabezan ahora democracias iliberales, en países como Turquía, Polonia o Hungría. Pero el nuevo régimen que el Presidente está tratando de establecer a marchas forzadas tiene un sabor a viejo, mucho más parecido al orden soviético del pasado que Cuba y Venezuela reprodujeron a su manera.

Por supuesto que López Obrador no es el primer político en la historia que ha buscado establecer un régimen de un solo partido, una vertical del poder y concentrarlo en el gobierno que encabeza. Tampoco es el primero que persigue consolidar una base de apoyo que le asegure la permanencia en el poder. Para eso no se necesita ser marxista. Pero él y muchos de los que lo rodean padecen una inflexibilidad ideológica que habla de otra versión del neosovietismo. López Obrador parece creer genuinamente que la propiedad privada, la riqueza individual y la innovación empresarial son "inmorales". Eso sí es marxismo soviético.

Ha emprendido su propia lucha de clases, donde el "pueblo bueno" representa al proletariado y el resto, a una burguesía rapaz y explotadora que se opone al cambio: la sociedad civil y sus organizaciones que insisten en mantener su autonomía. En esta lucha de clases sui géneris, todos los organismos autónomos, incluyendo las organizaciones no gubernamentales (ONG), son el enemigo, porque escapan al control del Estado rector, que en el neosovietismo, debe dominar no sólo la política, sino la economía.

Estatizar la economía y el apoyo a las empresas paraestatales -como lo quiere hacer LO con Pemex- eran dos de los puntales del sistema económico de planificación central soviético. El Estado acabó por fijar los precios, las cuotas de producción y los modos de distribución en función de criterios que nada tenían que ver con los costos o la demanda -el libre mercado prácticamente desapareció-. Mantenía la ficción del pleno empleo con sueldos muy bajos ("ellos fingen pagarnos, nosotros fingimos trabajar", decían los obreros) y repartía subsidios e inversiones a los sectores prioritarios para el Estado.

Durante décadas el grueso de la inversión se dirigió a la industria pesada -especialmente la militar- a costa de los consumidores urbanos y los campesinos, porque el régimen alimentaba también -como nuestro Presidente ahora- una utopía autárquica que ni siquiera un país tan rico como la URSS pudo sostener. Cuando a mediados de los sesenta el gobierno soviético cayó en la cuenta de que el descuido y la ideologización de la política agrícola, montada en el dogma de la colectivización, habían provocado una caída del 50% de la productividad en el campo, ni el más gigantesco subsidio agrícola en la historia de la humanidad pudo resolver el problema: la URSS empezó a importar de Occidente millones de toneladas de granos anuales.

Pero eso era sólo parte del problema: la planificación había oxidado los mecanismos económicos. El crecimiento se había desplomado, abundaban los cuellos de botella, la baja productividad y la corrupción, y un mercado negro del 10% del PNB.

El sovietismo económico se convirtió en el reino de la carestía y el desabasto. Las palabras de Bely se volvieron proféticas medio siglo después: el materialismo había abolido a la materia. Lo mismo pasaría con el neosovietismo años después, en Cuba y en Venezuela. Para colmo de males el sistema se volvió alérgico a las reformas: no había manera de cambiar un sector económico sin provocar una reacción caótica en cadena. Los rusos no han podido desmontarlo aún: el Estado reina supremo sobre la economía.

Y también sobre la política, porque el precio del neosovietismo es la libertad: la libertad para crear organismos autónomos -esos que tanto le molestan a LO- y fortalecer una sociedad civil plural que defienda las libertades democráticas y una prensa libre.


opinion@mural.com

viernes, 15 de febrero de 2019

Futuros desempleados


Pablo Hiriart, 15feb19, El Financiero.
Al terminar la presente administración, ¿en qué van a trabajar los periodistas al servicio del gobierno, si no es en su área?
En nada de lo que saben hacer. Su desempleo está garantizado.
O una deportista que saldrá de su encargo en la alta burocracia federal ya en edad madura, ¿qué va a hacer si no es deporte?
Nada. Estará condenada al ostracismo.
El Presidente dice que en la Ley de Austeridad ya se contempla una veda para impedir que los altos funcionarios trabajen en empresas del ramo en que estuvieron involucrados como servidores públicos.
Se trata, dijo, de evitar conflictos de interés.
Bueno, lo expresó con otras palabras: “Y luego pasan chapulines fifís; brincan chapulines conservadores a trabajar a las empresas relacionados con ellos”.
Eso se acabará, expuso el mandatario en la conferencia mañanera del martes, pues tendrán que dejar pasar diez años para trabajar en la iniciativa privada relacionada con su ámbito de desempeño como funcionarios federales.
Se trata de un atentado contra los derechos fundamentales de las personas, consagrados en la Constitución, entre ellos el derecho al trabajo.
Varios de los miembros del gabinete no tendrán problemas, pues ya se encuentran en edad de retiro, tienen su problema económico resuelto, y han tomado la función pública como un favor al proyecto en el que genuinamente creen.
Pero no es el caso de la enorme mayoría de los funcionarios, que al salir del gobierno (porque algún día saldrán) tendrán que trabajar para vivir.
Veamos el caso del periodismo: Sanjuana Martínez, directora general de Notimex, tiene 55 años y dejará el gobierno cuando ya haya cumplido 61 años de edad.
Sanjuana Martínez tendrá que abstenerse de trabajar en periodismo hasta que haya cumplido 71 años. ¿Y de qué va a vivir mientras ello ocurre?
Es, a todas luces, un atropello impedirle a una persona de esa edad que se gane la vida en lo que se la ha ganado siempre: escribiendo para medios privados.
No sólo es un atropello, sino violatorio de la Constitución.
O Paco Ignacio Taibo II, quien se dedicará a la edición y divulgación de libros, en su calidad de director del Fondo de Cultura Económica, no va a poder hacer lo que siempre ha hecho, escribir libros en editoriales privadas y cobrar por ellos.
Taibo II tiene 70 años (11 enero 1949), por lo que dejará el gobierno a los 76. Deberá esperar a cumplir 86 años de edad para volver a publicar en la industria editorial privada.
Si el actual partido gobernante pierde la Presidencia en 2024 a manos de un partido de oposición frontal a Morena (porque habrá elecciones libres, ¿no?), Sanjuana y Taibo II tendrán que morderse la lengua durante ese sexenio completo y casi la totalidad del siguiente.
Es una injusticia que por hacerlo infrinjan la ley cual “chapulines y fifís conservadores”.
Porque algún día se van a ir del poder y volverán a ser oposición. ¿O no?
Ana Gabriela Guevara, nuestra mejor atleta de todos los tiempos, tiene 42 años de edad (los cumple en un par de semanas) y terminará su encargo en la Comisión Nacional del Deporte cuando haya cumplido 48 años de edad.
Deberá esperar, por ley, hasta tener 58 años para volver a trabajar en el deporte con patrocinio privado. No sólo es injusto, sino un desperdicio para el país.
Si por alguna razón Ana Gabriela Guevara, Taibo II y Sanjuana Martínez, entre otros, deciden trabajar en lo que son expertos al terminar el sexenio, lo de menos es que sean considerados “chapulines”, “fifís” y “conservadores” por su ya para entonces ex jefe, sino que violarán la ley.
Habrán cometido un delito y serán, ante la ley, unos delincuentes.
El Presidente dice que les va a regalar un cochinito para que vayan haciendo sus ahorros.
Eso no es justo ni es sensato.
Por ello, entre otras razones, no debe pasar esa iniciativa presidencial.
Viola el derecho al trabajo consagrado en la Constitución.

Sólo incondicionales


15 Feb. 2019, Sergio Sarmiento.

"Al demostrar a los fanáticos que se equivocan, no hay que olvidar que se quieren equivocar".

André Maurois
 
 
Hay una lógica detrás de la aparente insensatez. Andrés Manuel López Obrador está buscando crear condiciones para que solo sus incondicionales ocupen cargos públicos.

Con el argumento de que ya se acabó la "burocracia dorada" y "no va a haber gobierno rico con pueblo pobre", el Presidente busca reducir el atractivo del servicio público para los más capacitados. Para eso recorta remuneraciones de los altos funcionarios y elimina prestaciones como el seguro de gastos médicos privado. El ahorro es pequeño, pero el propósito es garantizar que solo los incondicionales se queden.

La disminución de las percepciones de los funcionarios ha sido políticamente popular, pero "pasará a ser un grave error", según Ricardo Hausmann de la Universidad Harvard. "Desgraciadamente, AMLO no se va a dar cuenta de eso hasta pasados varios años y para entonces el daño sufrido por México será enorme".

"Los gobiernos pagan a sus empleados significativamente más en promedio que el sector empresarial privado, porque [los] servicios gubernamentales [...] suelen exigir una formación más alta". En 2012, los sueldos del sector público mexicano eran 13.5 por ciento superiores al sector privado, pero también menos desiguales: los bajos eran más altos y los altos más bajos que en las empresas privadas. Por eso tanta gente busca los puestos públicos de bajo nivel, al grado que hay compra de plazas, mientras que los altos no son tan atractivos y el gobierno tiene problemas para reclutar y mantener a personal altamente capacitado. La compactación que está ordenando López Obrador incrementará todavía más el atractivo en los bajos niveles, lo que explica, por ejemplo, por qué hay tantos aspirantes a manejar pipas de gasolina a 29 mil pesos al mes más prestaciones, pero reducirá la capacidad de atraer personal de alto nivel.

Al contrario de lo que sugiere Hausmann, López Obrador no está cometiendo un simple error, sino que está aplicando una estrategia diseñada para asegurar que los funcionarios estén comprometidos con él. Con las nuevas reglas, solo los ricos, los que tienen apartamentos en Houston o fortunas acumuladas, y los subcalificados podrán darse el lujo de trabajar para el gobierno en puestos altos. No sorprende que Edith Arrieta Meza, una licenciada en moda de la Universidad Jannette Klein, haya sido nombrada subdirectora de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad del Conacyt o que el ahora ex subdirector de Comunicación del Conacyt, David Alexir Ledesma, tenga sólo estudios de tercer semestre de comunicación; tampoco que Jorge Amaya, candidato a la Comisión Reguladora de Energía, no haya sabido responder a una pregunta de la senadora Xóchitl Gálvez sobre qué es un CEL, un Certificado de Energía Limpia, y haya pensado que se refería a un teléfono celular; o que el Presidente haya propuesto a un joven miembro de su Ayudantía, Ángel Carrizales, como comisionado para la CRE.

Ampliar de uno a 10 años la veda durante la cual un funcionario no puede ser contratado por una empresa privada de su ramo no es tampoco una ocurrencia. El propósito es lograr que los especialistas altamente preparados no consideren la posibilidad de incorporarse al sector público. Nadie realmente calificado puede dejar de trabajar 10 años en su campo de especialidad.

El Presidente sabe exactamente lo que quiere. No le interesa contratar a los mejores; los prefiere mediocres, o independientemente ricos, pero comprometidos al 100 por ciento con su causa política.

 
 
MORALIDAD
 
"Puede que no sea ilegal, pero es una inmoralidad, sin duda". Esto dijo ayer AMLO después de que varios ex funcionarios demostraron que no han violado la ley al trabajar en el sector privado. Claro que la moralidad, en contraste con la ley, es subjetiva.

 
 
@SergioSarmiento
 

lunes, 11 de febrero de 2019

Mañanera metódica

Denise Dresser
11 Feb. 2019


Hoy el Presidente de México tiene 86% de aprobación. Es amado, adorado, idolatrado. Dondequiera que va la gente se agolpa para verlo, se amontona para tocarlo, hace cola para tomarse la "selfie" con él. Se le reconoce. Se le quiere. Se le percibe cercano y humano, austero y sincero. En sus giras peripatéticas es recibido con el mismo frenesí que una celebridad y con y la misma mitificación que un Dios. Su liderazgo trasciende lo legal o lo racional; es emblemáticamente carismático. Se construye día con día pero no a través de las políticas públicas que promueve, sino a partir de las emociones que despierta. Todas las mañanas, AMLO construye un espectáculo político y es magistral.

Porque la conferencia de prensa es más que una oportunidad para proveer información y centralizar la comunicación. Es una puesta en escena. Es un montaje teatral. Es el lugar donde se cuentan cuentos y se tejen narrativas. Durante dos horas, los ojos del país están puestos sobre el Presidente, para escuchar qué dice y cómo lo dice; qué se anuncia y qué se denuncia; a quién va a defender y a quién va a atacar. Políticos, funcionarios, periodistas y activistas están atentos a la historia oral de la Cuarta Transformación; la que AMLO describe con afán pedagógico y mitológico. Las razones para aborrecer a los de antes y los motivos para creer en los de ahora. Un potpurrí de pronunciamientos que marcan la agenda pública. El Presidente se mete a nuestra cabeza a las 7 am y se queda el resto del día ahí.

La conferencia mañanera -como lo argumenta Gabriela Warkentin- ha cambiado la dinámica informativa del país. También ha transformado la forma de hacer y concebir a la política. Hay que prestar atención a cada palabra, estar atentos a cada gesto, interpretar el mensaje cifrado detrás del dicho desparpajado. Con un lenguaje sencillo, dicharachero, coloquial, AMLO edifica un problema y provee la forma de solucionarlo. Corrupción en el NAIM; se cancela la obra. Huachicoleo en Pemex; se cierran los ductos. Malos manejos en la CFE; se exhibe a sus expoliadores. Una Suprema Corte que protege privilegios; se interviene para que no lo haga. Irregularidades en la estancias infantiles; se paga a los abuelos para que tomen su lugar. Así va construyendo autoridad, va demostrando celeridad. Y con ello, quienes los escuchan suspenden el juicio crítico porque están frente al compónelo-todo. Mr. Clean.

Cada mañana, al definir un problema y la forma de solucionarlo, AMLO fortalece su liderazgo. Construye un problema para después denigrar a otros por no haberlo encarado. Exhibe un obstáculo y denuesta a quienes lo colocaron. El neoliberalismo y la falta de valores, el neoliberalismo y los divorcios, el neoliberalismo y la corrupción. Da información factual y señala al enemigo semanal. Anuncia y denuncia. Agrede y exhorta. Lastima y anima. La conferencia de prensa es una mezcla de noticiero presidencial, cátedra moral, y "talking points" para que sus seguidores sepan qué repetir, para que la intelectualidad orgánica sepa qué decir. Su visión de mundo se vuelve un manual de instrucciones, una pauta normativa que definirá las reacciones e interpretaciones que regirán a lo largo del día y del sexenio. Él innova -lingüística y políticamente- generando apoyo popular para sus iniciativas y enseñando los vericuetos verbales para defenderlas. Él señala el camino y la mayoría se apresta a correr en esa dirección.

Lo hacen porque sienten que AMLO entiende sus miedos, comprende sus temores, cataliza sus creencias. La furia y la rabia y el enojo y la escasez que caracterizan la vida de millones de mexicanos genera incentivos para depositar la fe en un rayo de esperanza. Un líder distinto por antitético: come tacos, tortas y tlacoyos en vez de champagne, croissants y caviar. Cada vez que sale en su Jetta o vuela en avión comercial o se para en la orilla de la carretera para beber agua de piña o se lanza contra Salinas o Zedillo o Calderón, AMLO objetiviza todo lo que odian o aman quienes lo apoyan. A partir de las 7 am, López Obrador escribe una narrativa oficial de combate a los privilegios, cambio, nacionalismo y protección paternal. Así como todas las mañanas sale el sol, todas las mañanas López Obrador está ahí. Metódicamente gratificando deseos, identificando enemigos, proveyéndole al país la historia de una transformación -iliberal y presidencialista- encarnada en él.

El presidente predicador


POR DENISE DRESSER , 10 FEBRERO, 2019
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Helo ahí, todas las mañanas. Como un cura ante su congregación. Como un párroco frente a sus feligreses. Exhortando, adoctrinando, regañando, dando lecciones de moral, citando la Biblia, apelando a los mexicanos a ser mejores seres humanos. El presidente de México frente al púlpito, desde el cual informa pero también evangeliza. Provee cifras pero también da mandamientos. No sólo es un líder electo, es un guía espiritual. Y muchos lo escuchan extasiados, esperando la siguiente lección, la próxima pauta, el nuevo código de conducta que habrá de regir a la Cuarta Transformación. Ya no será la Carta Magna aprobada por un Congreso Constituyente sino la Constitución Moral distribuida por una autoridad que no sólo quiere gobernar, aspira a salvar almas.
Por eso el catequista de la 4T habla de la pobreza noble, el divorcio reprobable, los buenos mexicanos que recibirán dádivas y los malos mexicanos que morirán quemados. La conferencia mañanera no es en realidad un ejercicio de rendición de cuentas o un tributo a la transparencia; como bien lo ha señalado Jesús Silva-Herzog Márquez, es una homilía. Entre la larga lista de evasivas, anuncios, y cifras que no pueden ser verificadas se cuela la personalidad del predicador. El que se ve a sí mismo como un héroe más, como un Juárez, un Madero, un Cárdenas. Grandes hombres que llevaron a cabo grandes hazañas. Pero lo distintivo de quien nos gobierna ahora es la apuesta al carisma como instrumento para catequizar. La banda presidencial que da permiso para moralizar. Su discurso no es uno de derechos y leyes sino de vicios y virtudes. El gobierno no instituye el estado de derecho, enseña el camino al Paraíso. El gobierno no crea condiciones para abatir la pobreza, recalca su nobleza.
Para quienes asisten y presencian y participan en la misa diaria, AMLO adquiere cualidades mágicas, forja un lazo emocional entre el apóstol y sus discípulos, se vuelve una figura paternal para una sociedad en busca de alguien en quien creer. Alguien que trascienda los estrechos confines del papel presidencial y se erija en un líder espiritual: poderoso, omnisciente, virtuoso. Apoyar a AMLO es amar a un hombre que articula la recuperación de los valores perdidos, las esperanzas arrumbadas, la paz ansiada. Apoyar a AMLO no es aprobar sus propuestas de política pública –algunas buenas, otras alarmantes– sino participar en una gesta heroica basada en la fe. Construida sobre la pasión. Edificada sobre la creencia de que un hombre milagroso producirá resultados milagrosos, al margen de la evidencia, la experiencia, la reacción de los mercados, la postura de las calificadoras, la opinión de los expertos, la normatividad, la ley misma. Poco importa todo eso cuando en Palacio Nacional cada mañana hay un mexicano magnificente que puede controlar las fuerzas de la Historia y alcanzar objetivos trascendentes. Ya no se trata de mover a México sino de salvar a México.
Para muchos mexicanos AMLO no es nada más el líder del Poder Ejecutivo, con atribuciones legales y encomiendas formales. Se le ve y se le percibe como alguien que tiene contacto con un poder superior. La historia personificada en un individuo. La historia maniquea de México encarnada en él y su lucha: los buenos contra los malos, los de abajo contra los de arriba, los conservadores contra los liberales, los privilegiados contra los desposeídos, el pueblo contra los fifí. Estar con él implica estar del lado de los ángeles, de la redención, de quienes logran multiplicar los panes y los peces, cruzar el Mar Rojo, resucitar después de todas las muertes políticas anunciadas. Estar de su lado implica creer que Pemex se recuperará a pesar de la inviabilidad del plan de negocios planteado por sus directivos, que el Tren Maya será una obra redituable a pesar de la falta de estudios de costo-beneficio, que el uso de pipas podrá sustituir la distribución de gasolina a lo largo del país sin escasez o aumento de costos, que la refinería de Dos Bocas será viable aunque un estudio del Instituto Mexicanos del Petróleo sostenga lo contrario, que los capos criminales y el pueblo enfurecido dejarán de violar la ley porque López Obrador lo pide. 
En estas épocas y como parte de la narrativa diseminada por el presidente, no es necesario examinar, vigilar, exigir o demandar transparencia al gobierno. Basta con creer en él. No es necesario cotejar cifras o pedir estudios o promover evaluaciones. Basta con ser devoto y leal, aun cuando eso corra en contra de la congruencia intelectual o la secularidad personal. Las demandas que AMLO hace de sus seguidores no son las demandas de la razón o la auscultación; son las demandas de la fe. Y eso lleva a justificar y avalar todo lo que diga o haga o proponga, aunque signifique violar la Constitución, impulsar las adjudicaciones directas, darle un poder nunca visto al Ejército, satanizar a cualquier crítico, debilitar a las instituciones o saltárselas. Como escribiera Max Weber en La sociología del líder carismático, la actitud carismática “es revolucionaria y transvalora todo; hace que un soberano rompa todas las normas tradicionales y racionales”. 
Hay muchos que celebran este tipo de liderazgo. Hay muchos dispuestos a rendirle tributo a una persona en vez de remodelar a un gobierno. Se suman con emoción y devoción, energía y entusiasmo. Pero el liderazgo carismático –como lo advirtiera Weber– engendra discípulos en vez de ciudadanos. Engendra apóstoles en lugar de construir ciudadanos. Es una forma de otorgarle autoridad a alguien para que tenga poder sobre los demás; no es una manera de darles poder sobre sí mismos. Pero el Estado moderno busca precisamente domesticar al poder vía la despersonalización de su ejercicio y su lenguaje no es el de la moral, es el de la ley. Cada mañana, desde el estrado, San Andrés busca redimir a México. Pero también lo desmoderniza.

jueves, 7 de febrero de 2019

Poncho Romo… y la noticia que no hemos dado


Salvador Camarena, 7 febrero 2019. El Financiero.

La Feria salcamarena
En estos días han arreciado las polémicas por las declaraciones patrimoniales de los funcionarios de un gobierno federal que se ha autoimpuesto la obligación de no ser “como los de antes”, de no sólo declarar sus bienes y conflictos de interés, sino transparentarlos al máximo.

Secretarios que a regañadientes han soltado prenda, funcionarios que culpan al sistema Declaranet de la Función Pública de no ayudar mucho que digamos a la hora de detallar sus bienes y conflictos, etcétera.

La polémica más reciente envuelve a la secretaria de Gobernación, a quien le apareció un departamento en Texas que no estaba en la declaración que cualquier hijo de vecina puede consultar en Internet.

Pero podría haber otros casos de igual o mayor suspicacia que el de los enredos patrimoniales de la exministra de la Corte. Por ejemplo, el de Alfonso Romo, mejor conocido como Poncho Romo, empresario norteño de fama internacional.

Tratar de resumir en un par de líneas las ramas de la economía en las que ha incursionado Romo, sería injusto con este hombre inquieto, que lo mismo es un criador de caballos de renombre mundial que un empresario non de la innovación. Y que hoy es, luego de haber ayudado a llegar a Palacio Nacional a Andrés Manuel López Obrador, su jefe de oficina en la Presidencia.

Romo ha presentado una declaración patrimonial y de intereses de lo más peculiar. Declara un solo automóvil (Land Rover de 3 millones 972 mil de pesos), dos terrenos (ni una casa habitación, ni casa chica ni grande, pues), y cero muebles (nada, ni un escritorio donde redactar sus memorias, ni un sillón para leer ni una obra de arte, vaya, así fuera una de esas de papel de china de Chucho Reyes que ya son plaga). Válgame, ni un caballo de los que tanto gusta (fue jinete olímpico) se ha quedado luego de entrar a la política.

Poncho el austero le van a empezar a decir sus amigos. Todo eso de acuerdo con su declaración, en la que da cuenta de deudas por unos 550 mil pesos, y unos ingresos mensuales por 1 millón 543 mil pesos.

¿Cómo pudo pasar Poncho Romo, de ser un empresario de la lista de millonarios de la revista Forbes, a un cuasifranciscano con un ingreso de sólo millón y medio de pesos al mes? Ese es el reportaje que la prensa no hemos publicado. A quién encargó sus empresas, a quién dejó el manejo de su capital.

En su declaración patrimonial, Romo expone que en noviembre abandonó su puesto en Vector Empresas, en esa fecha dejó de ser Presidente Honorario, y dejó de ser Consultor estratégico de Vector Casa de Bolsa, una firma que es considerada una de las mejores del país. Dejó asimismo el Consejo de Administración de Synthetic Genomics Inc., cargo que tuvo 13 años, e igual pasó con el J. Craig Venter Institute.

Y declaró que no tiene conflicto de interés alguno. En ese renglón declara que no tiene puesto, cargo, comisión, actividades, poderes (ni él ni su cónyuge o concubina, o sus dependientes económicos) en Asociaciones, Sociedades, Consejos, Filantropía y/o Consultoría. Nada. Y declaró que no tiene participaciones económicas o financieras (ni él, su cónyuge o dependientes económicos).

En su declaración reconoce inversiones por menos de 6 mdp, pero hay una cuenta que no tiene monto. Se asume que ésa es una que tiene con alguien más, pues “sólo se incorpora la información reportada de cuentas e inversiones a nombre del declarante y del declarante y su cónyuge, en este último caso se omite el monto”.

Aquí llegamos al nudo del asunto: ¿Romo metió todo su dinero ahí, en esa cuenta de la que no tenemos detalles? ¿Por qué no la transparentó? Y si sí, en qué banco está, en qué instrumentos, con qué instrucciones a sus manejadores… ¿Lo metió en un fideicomiso? ¿O donó todo?

Estas preguntas no son sobre el patrimonio de Romo, público en muchos sentidos por sus múltiples y exitosas actividades empresariales. Son en torno al probable conflicto de interés en que pudiera caer el exempresario que ahora despacha como funcionario.

Porque a Romo, como se sabe, el presidente López Obrador le ha confiado algunos encargos específicos, como los bancos de desarrollo Nacional Financiera y del Comercio Exterior.

¿Se imaginan que se llegue a dar el caso que en esos bancos, a cuyo frente hizo nombrar a uno de sus añejos colaboradores, lleguen proyectos que afecten a las empresas que él creó, o que beneficien a esos negocios que él durante buena parte de su vida, y hasta hace muy poco, promovió? ¿O que afecten el destino de su dinero… invertido o donado?

Vaya que la prensa tiene una chamba pendiente en torno a qué hizo Romo para blindarse de caer en la tentación del conflicto de interés. Y vaya que Romo tendría que ser el primer interesado en que esa historia se conociera bien, y pronto.

México no es Venezuela


Jorge Suárez-Vélez
07 Feb. 2019

AMLO quiere llegar fuerte al referéndum de revocación de mandato de 2021, para después introducir la parte más ideológica de su agenda, contando con más control legislativo, estatal y del Poder Judicial (empezando por la Suprema Corte). Necesita estabilidad económica para comprar tiempo.

Desea preservar disciplina fiscal y un entorno no hostil, de entrada, a la inversión privada. No será trivial, pues quiere recapitalizar a PEMEX, por dogma y porque cree que esa empresa le dará la renta que necesita para dejar de depender de los empresarios. La recapitalización será un desastre. Invertir en Dos Bocas, contra la recomendación del IMP y de otras voces sensatas, será el regalo más caro e inútil que un populista jamás le haya hecho a su estado natal. Cree que la producción de PEMEX se recuperará sólo porque él lo desea. Se equivoca. PEMEX le restará recursos y jamás le dará el caudal que otros populistas repartieron al exportar materias primas, en años donde China las compraba a precios elevados.

Se compara a AMLO con Chávez, porque el plan de juego se parece. No sé si sería más acertado compararlo con los Kirchner o con Lula (aunque ya quisiéramos el pragmatismo de éste cuando asumió la Presidencia, él jamás habría cancelado el aeropuerto). En cualquier caso, AMLO no entiende qué tan diferente es México.

Busca sacar dinero hasta debajo de las piedras para repartírselo a quienes votarán por él en 2021. Cancela desde guarderías hasta seguros de gastos médicos para funcionarios públicos, los despide y les baja el sueldo. Incluso, se echó para atrás en la reducción del IVA en la frontera, al hacer que quienes quieran obtenerla pasen por un engorroso trámite que disuadirá a la mayoría de intentarlo. Por ahora no creará nuevos impuestos, pues lo prometió en campaña.

No entiende que el Estado en México, en términos económicos, es mucho menor que en Brasil, Argentina o Venezuela, él necesita más del sector privado. Confía en que al asignarle negocios directamente a su Mafia del Poder, sus nuevos cuates responderán con magnas inversiones. No será así. Sólo buscan extraer grandes rentas. Sustituirá a una vieja cleptocracia por una nueva, aunque muchos jugadores serán los mismos, pues la capacidad del transa de mimetizarse es infinita.

Su equipo parece feliz de generar un entorno laboral de más confrontación, con los mismos sindicalistas corruptos y extorsionadores de antes. Le costará carísimo no utilizar a la fuerza pública para liberar una vía federal estratégica para muchas cadenas de valor, pues invita a chantajes sucesivos y crecientes. Además, es cada vez más evidente que regresará a viejas prácticas de defender a empresas nacionales a costa de dejar de fomentar competencia, desnivelándole el piso a entidades extranjeras que llevan años creyendo en México. Provocará una desaceleración de la transferencia tecnológica que nos urge, y una inoportuna caída de la inversión extranjera. México es una economía mucho más abierta. Chávez podía enajenar empresas con relativa facilidad. AMLO no podrá meterse con las poderosas transnacionales que operan en México, ni con las transnacionales mexicanas. Si lo hace, provocará una contracción económica épica.

No aprecia que vienen años complicados, debido al entorno internacional de menos crecimiento que se avecina. Hay otro ominoso nubarrón en el horizonte. La ratificación del T-MEC se complicará por el ambiente político estadounidense. Con una Cámara baja en manos de demócratas, mucho menos afines al libre comercio, hay nulos incentivos para ayudarle a Trump a obtener ese logro. Hay rancios sindicalistas que se opusieron al TLCAN original en comités importantes de la Cámara, y AMLO se deshizo del experimentado equipo de negociadores que teníamos. Seade es capaz, pero no va a poder solo.

A ver si los votantes no acabamos tomándole la palabra con su oferta de revocarle el mandato, o si, ante ese riesgo, él no arma otra farsa como el referéndum del aeropuerto.


@jorgesuarezv

jueves, 31 de enero de 2019

Caridad o derecho

JAQUE MATE / Sergio Sarmiento
31 Ene. 2019

"La verdadera libertad requiere
el Estado de derecho y la justicia,
y un sistema judicial en el que
los derechos de algunos
no se obtengan con la negación
de derechos a otros".

Jonathan Sacks


El Presidente López Obrador considera que la forma de construir una mayor prosperidad es repartir dinero en subsidios. La experiencia nos dice otra cosa. La caridad no ayuda a generar desarrollo; la inversión productiva y los empleos son el origen de la prosperidad, pero solo pueden darse dentro de un Estado de derecho, que hoy el propio Gobierno está destruyendo.

No puede haber inversión donde no hay certeza jurídica. Una de las razones principales por las que Estados Unidos se convirtió en un país rico mientras que su vecino México se hundió en la pobreza, como señalan Daron Acemoglu y James A. Robinson en su libro Por qué fracasan los países: los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza, es porque en la Unión Americana los "empresarios tenían confianza desde el principio que los proyectos que soñaban podían llevarse a cabo: tenían confianza en las instituciones y en el estado de derecho que estas generaban y no se preocupaban de la seguridad de sus derechos de propiedad".

En el México de hoy no pasa un día sin que el Presidente anuncie un programa u otro de caridad. El aumento a las pensiones de las personas de la tercera edad, las becas a los ninis, los precios de garantía a ciertos cultivos y la ampliación de la canasta básica de productos subsidiados son solo algunos ejemplos. Estos programas pueden tener mayores o menores beneficios; y, siempre que no desequilibren las finanzas públicas, pueden cumplir su papel de comprar votos y lealtades sin causar un daño excesivo a la economía. La creación de prosperidad, sin embargo, requiere de inversión productiva y generación de empleos, para lo cual es indispensable contar con un Estado de derecho.

Mientras el Presidente muestra su generosidad repartiendo dinero de los contribuyentes, rechaza su obligación de cumplir y hacer cumplir la ley. Que un gobierno se niegue a liberar un bloqueo de vías férreas que afecta la actividad económica de cientos de empresas equivale a decretar la desaparición del Estado de derecho. Ninguna empresa tendrá ya la certeza de que el Gobierno cumplirá con su función fundamental de garantizar la seguridad.

De nada sirve que López Obrador haga "un llamado a los maestros en general", que se queje de los líderes de la CNTE que no consultan a sus bases y que actúan "de manera provocadora" o que califique su comportamiento como de "un distintivo del conservadurismo", mientras no esté dispuesto a garantizar el tránsito en las vías férreas, incluso con la fuerza pública.

Las pérdidas que se están acumulando son enormes, pero los líderes de la CNTE están actuando con la confianza de que el Presidente les permitirá seguir con la extorsión. La gran pregunta es si esto se le acepta a la CNTE porque apoyó la candidatura presidencial de López Obrador o si también se le admitirá a cualquier otro grupo de presión. Otra pregunta es si la extorsión tiene luz verde en Michoacán porque el Gobernador, Silvano Aureoles, es del PRD o si también se podrá aplicar a Gobiernos de Morena.

Por lo pronto, toda la generosidad con sombrero ajeno de la que hace gala el Presidente se diluye ante las pérdidas provocadas por el bloqueo, pero más aún por la extinción de lo poco que había de Estado de derecho en el País.



MAQUILADORAS

La embestida de los sindicatos contra las maquiladoras de Matamoros, Tamaulipas, no se daría si los líderes no tuvieran la confianza del respaldo del Gobierno. Por eso han paralizado las plantas con demandas de aumentos salariales de 20 por ciento y bonos de 32 mil pesos anuales. Algunas empresas han cedido, pero por lo menos 15, con 30 mil trabajadores, han decidido cerrar.



@SergioSarmiento

La honestidad no se compra

Ricardo Elias
31 Ene. 2019

Recuerdo que de niño en mi afán por obtener una bicicleta les conté a mis papás que a un compañero de la escuela le habían regalado una porque pasó de año.

Como yo tenía buenas calificaciones me sentí con todo el derecho de pedir lo mismo. La respuesta de mi padre -quien además de haber sido educado en un mundo de carencias fue sargento en la Marina de los Estados Unidos- fue contundente: estudiar y sacar buenas calificaciones es una de tus obligaciones y en esta casa no se dan premios por cumplirlas, "end of story".

El aprendizaje fue múltiple. Primero supe que no solo no tenía derecho a recibir premios por estudiar, sino que si no lo hacía bien, lo que recibiría sería un castigo. Segundo, que todos tenemos obligaciones y responsabilidades. Y tercero, que las recompensas si las hay, se deben a esfuerzos y logros extraordinarios, no ordinarios.

Esta historia me vino a la memoria cuando AMLO anunció que para combatir el "huachicholeo" cada familia de las comunidades por donde pasan los ductos de PEMEX recibirá entre seis y ocho mil pesos mensuales. Pagar para que se respete la ley me parece un despropósito y una injusticia.

Es un despropósito porque esta dádiva no impedirá que los ladrones sigan robando. Virtudes como la honestidad no se compran, se inculcan, se imbuyen en el individuo por medio de la conciencia no de la cartera, con educación y buenos ejemplos.

Lo que único que se logrará regalando dinero, es que los ladrones y los flojos vivan más cómodos; que los que trabajamos honestamente nos sintamos como idiotas porque los impuestos que pagamos y que son producto de nuestro esfuerzo diario se destinen a subsidiar holgazanes y bandidos, o tengan fines político-electorales. No soy abogado constitucionalista ni nada que se le parezca, pero mi sentido común dice que los que pagamos impuestos, la base tributaria que sostiene al País, tenemos el derecho a impedir que el Gobierno regale nuestro dinero a los que no trabajan, o pague para que no roben.

Nuestros impuestos no deben ser utilizados para manipular políticamente la pobreza y la ignorancia, ni para disfrazar burdamente al populismo como ayuda social.

Este "coraje constitucional" me nació luego de leer un "meme" que circuló en las redes sociales y que decía: "Cuando oigo que alguien roba por necesidad, me dan ganas de decirle... seguramente yo trabajo por deporte, hijo de la chingada".

No todos los problemas se arreglan con dinero, y lo que hasta ahora el Gobierno federal ha hecho es pagar para "desaparecerlos" en lugar de aplicar la ley.

Si los pobladores de una zona huachicolera roban combustible, en lugar de detenerlos se les paga para que no roben; si los jóvenes que ni estudian ni trabajan ("ninis") se vuelven delincuentes, se les paga para que en lugar de delinquir, estudien y trabajen; si maestros bloquean vías de comunicación y ahorcan la economía del País, se les paga para que las liberen; si hay corrupción en el NAIM, se paga para cancelarlo...

Siempre he pensado que la mejor forma de "educar y dirigir" un país y cualquier institución de carácter social, es aplicando los mismos principios y mecanismos que utilizamos para educar y dirigir una familia, me refiero a una decente y trabajadora.

Darle dinero a alguien para que no robe, es como pagarle a un hijo para que se porte bien o para que haga la tarea; tener ciudadanos subsidiados es como tener hijos adultos mantenidos; aceptar chantajes para no utilizar la fuerza pública, es como dejar que los hijos hagan lo que les venga en gana para que no se enojen y nos sigan queriendo.

Los incentivos para "portarse bien" no deben ser económicos sino de conciencia. Debemos hacer lo correcto no por interés sino por convicción.

En lugar de dar dinero para que comunidades enteras respeten la ley y esperar que así se vuelvan responsables, lo que habría que darles es un curso gratuito de civismo y ética que les enseñe las ventajas duraderas que el bien común tiene sobre cualquier beneficio económico inmediato y temporal.

Si cada vez que surja un problema, en lugar de aplicar la ley el Gobierno pagará para "arreglarlo" no habrá mejor negocio en México que crear problemas para luego vender cara su solución.


"Gobernar no es chantajear".

Yo

miércoles, 23 de enero de 2019

AMLO sigue la estrategia de Chávez

En apenas un mes y medio de mandato, López Obrador ha demostrado seguir el manual nefasto que Chávez dejó en el continente.

Por Vanesa Vallejo  El Ene 21, 2019

Cuando Andrés Manuel López Obrador, conocido popularmente como AMLO, fue electo presidente de México, las dudas eran muchas. La pregunta fundamental era ¿sería un socialdemócrata más o terminaría siendo un Chávez? A poco más de un mes de su posesión, para mí es evidente que no será un socialdemócrata más, es muy peligroso y cada vez se acerca más a ser una especie de Hugo Chávez.
Quienes aún no alcanzan a percibir el oscuro camino en el que se adentra México, insisten en que el político de Morena no ha hecho hasta ahora cambios económicos que indiquen que el socialismo se tomará el país. Es cierto que el mandatario no está estatizando empresas, ni expropiando, ni proponiendo una gran y fatal reforma económica, de la misma manera que no lo hizo Chávez por lo menos en sus primeros cuatro años de mandato.
Precisamente lo más preocupante es que el presidente mexicano parece estar siguiendo al pie de la letra la estrategia usada en Venezuela para instaurar el socialismo sin que la gente se diera cuenta a tiempo. López Obrador incluso empezó, igual que Chávez, vendiendo el avión presidencial para supuestamente dar ejemplo de austeridad.
Como se ha explicado ya en este medio, Chávez, en sus primeros años tenía engañada a la mayor parte de la población, incluyendo a los empresarios, con quienes durante ese primer periodo evitó confrontaciones y llevó una buena relación.
Mientras la mayoría de venezolanos ignoraba que iban directo a la miseria del socialismo, porque igual que hace ahora AMLO no se atacaba la economía, Chávez se dedicó a concentrar el poder suficiente para luego llevar a cabo todo lo que quisiera. En la primera parte de su macabro plan modificó la constitución preparándose para lo que venía, tomó el control de la justicia, cambió el sistema de votación y se tomó el ejército poniendo a sus hombres de confianza en los lugares estratégicos.

Analizando las primeras semanas de gobierno de AMLO


Sin haberse posesionado todavía como presidente, AMLO decidió, sin números y sin mayor explicación, cancelar la construcción del nuevo aeropuerto, el NAIM. El mexicano tomó esta inexplicable medida cuando el proyecto ya estaba avanzado en un 30% y a pesar de que dicha cancelación provocaría la pérdida de más de 8 mil millones de dólares.
Muchos le advirtieron que su decisión no solo causaría las mencionadas pérdidas millonarias, sino que daría un terrible mensaje a los inversionistas. Sin embargo, el presidente no dio su brazo a torcer. Eso sí, aseguró que se pagará a los empresarios todas las multas correspondientes por la cancelación del proyecto; su interés ahora no es pelear con los empresarios.
Luego, a inicios de enero, cuando el mexicano llevaba solo un mes en el cargo, anunció un plan contra el robo de gasolina que consiste en el cierre de varios oleoductos clave que transportan combustible de las refinerías y terminales costeras a las ciudades más grandes de México.
Es decir, su idea para combatir el robo de gasolina fue cortar el suministro de la misma. Lo cual por supuesto terminó en desabastecimiento de combustible. En algunos estados como Guanajuato, la gente hace filas durante horas para intentar llenar el tanque de su vehículo.
En primera instancia es válido creerle al presidente que cerrar los ductos y generar tal caos y costo social fue lo mejor que se le ocurrió para combatir el robo de combustible, en muchas ocasiones los políticos son personas poco inteligentes. Sin embargo, luego el gobierno empieza a actuar de una forma que deja claro que no puede ser simple ineptitud. Algo oscuro hay detrás.
Después de semanas del inicio de su plan contra el robo de combustible, AMLO no había anunciado ninguna acción directa para enfrentar a los ladrones; parece que el plan era solo cerrar los ductos para siempre. Tampoco hablaba de capturados ni de fechas para restablecer el funcionamiento de los oleoductos.
Eso sí, ante el desabastecimiento en estaciones de gasolina, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, del partido de López Obrador, anunció la implementación de un programa de racionamiento, proponiendo cargar combustible solo una vez por semana, de acuerdo con la placa del vehículo. También amenazó a quienes revendan la gasolina con multas y con prisión preventiva. El gobierno mexicano ya habla de racionamiento.
El caos en México es cada vez peor. Este viernes 18 de enero una terrible tragedia ha enlutado al país. En el municipio de Tlahuelilpan, en el Estado de Hidalgo, uno de los más afectados por la escasez, al aumentar la presión en un ducto que fue perforado por ladrones, empezó a correr gasolina a raudales, unas 700 personas llegaron con contenedores al lugar a intentar llevarse el combustible, que no deja de encarecerse y que ha escaseado en los últimos días como consecuencia del plan de AMLO contra el robo.
El Ejército llegó al sitio e intentó dispersar a la multitud, al no lograrlo, se retiraron. Tenían órdenes de no intervenir, según reconoció el Gobierno. Después ocurre una explosión que hasta este momento deja 89 muertos y más de 60 heridos.
Si bien no se puede caer en el comportamiento socialista de echarle la culpa a otros por decisiones que la gente toma libremente, sí es claro que el desabastecimiento provocado por AMLO motivó a mexicanos que no eran “huachicoleros” (como se le conoce popularmente a los ladrones de gasolina) a intentar recoger combustible en una situación muy riesgosa.
Todo está mal en este plan contra el robo de gasolina y ante el caos, el costo social y ahora esta terrible tragedia. Lo más lógico sería que el presidente no insista más y encuentre otra forma de enfrentar a los ladrones de combustible. No obstante, AMLO ha dicho ya que su plan continúa. Pero, ¿realmente lo que busca el mandatario con todo esto es acabar con el robo?
Como decía antes, son muchos los mexicanos que ya sospechan que todo esto tiene una intención oscura detrás. Algunos señalan que se trata de un negocio, que AMLO igual que hizo Chávez quiere tomar el control total de Pemex y repartir el botín entre sus más importantes y fieles colaboradores.
Otros sospechan que esto, al igual que su decisión de cancelar la construcción del nuevo aeropuerto, no es más que una estrategia para demostrar que tiene el poder. Que cuando quiera, y sin dar explicaciones, puede frenar un proyecto multimillonario como el NAIM, y que, en pocos días, puede dejar al país sin gasolina y paralizar a varios estados. La intención sería decirle a los grupos de poder: “no me ataquen porque puedo perjudicarlos muy fácilmente”.
Las dos cosas son posibles y muy peligrosas. No obstante, a fines de la semana la situación empeoró, mientras los mexicanos hacían colas en las gasolineras y se peleaban en redes sociales sobre si su presidente hace las cosas bien o es un loco al estilo Chávez, en la Cámara baja y con el apoyo de 42 diputados del PRI (partido que muchos esperaban asumiera el papel de oposición junto con el PAN), se aprobó la creación de una Guardia Nacional.
El mayor miedo es que en la práctica esta Guardia Nacional se convierta en la policía militar de un régimen, igual que ocurre en Venezuela. AMLO pretende modificar el artículo 21 de la Constitución para permitir a una “Guardia Nacional” participar en la investigación de delitos y, en general, actuar como auxiliar del Ministerio Público. Tal idea estaría en contra del derecho internacional que señala que las Fuerzas Armadas no deben involucrarse en acciones propias de la persecución de delitos y administración de justicia.
AMLO quiere poner a militares a vigilar las ciudades, pretende que sean auxiliares del Ministerio Público, y todo con el mismo nombre que en Venezuela – Guardia Nacional.
López Obrador no va todavía por la economía, está siguiendo la estrategia de Chávez. En estos primeros años irá por el poder, se asegurará de tener un ejército fiel y servil, modificará cuestiones claves de la constitución, comprará a aquellos que los mexicanos creen oposición (parece que ya lo logró con el PRI), ajustará la justicia a sus intereses e intentará convencer a los empresarios de que no es peligroso.
AMLO no es peligroso, es peligrosísimo.

https://es.panampost.com/vanessa-araujo/2019/01/21/amlo-sigue-la-estrategia-de-chavez

martes, 22 de enero de 2019

Los muertos: manual de uso

Milenio, JULIO PATÁN
22.01.2019/01:57

Le llovió a Epigmenio Ibarra por un puñado de tuits derivados de la explosión en Tlahuelilpan. Pues sí. Cuando apenas empezaban a recuperarse los cuerpos, se lanzó a decir que la tragedia era producto de un “sabotaje”, parte de una “estrategia de desestabilización” del “viejo régimen”. Así: sin una prueba. Porque sí. Porque todo se permite cuando se trata de apoyar al líder, como hace al elogiar su valentía para enfrentar el huachicoleo. Se vale indignarse.

En cambio, no se vale sorprenderse. No se vale con Ibarra, del que conocemos la propensión al complotismo y la propaganda; podría escribir un manual sobre cómo usar a los muertos. Y no se vale en muchos otros casos. La explosión trajo un balconeo. Nada que ver con los estándares morales de Epigmenio, pero asimilar el robo de combustible a la pobreza así, sin análisis, sin matices, y luego sostener que los “programas de transferencia” —el eufemismo con piel de tecnicismo— propuestos por López Obrador son la respuesta, es otra forma de propaganda de esa que se nutre de cadáveres. Lo mismo pasa cuando aplaudes el hecho de que el presidente se trasladara a la zona. En efecto, habla bien de él esa cercanía, esa preocupación. Ese arremangarse. Pero, más allá de que deberían ser cuidadosos al usar sus apariciones como símbolo —recordemos el funeral de la gobernadora de Puebla—, el tuit se ve oportunista, torpe y rendido al voluntarismo. Porque no basta con ser decidido. Hay que saber impedir las muertes atroces, no sólo tener ganas de impedirlas. No se puede responsabilizar al presidente por la explosión, pero ¿convertir eso en una victoria?

Julien Benda, Mark Lilla o Tony Judt han reflexionado sobre el papel de los intelectuales en la instauración de regímenes totalitarios. Sí: la obediencia y el culto al líder son indicios de que algo va mal; utilizar a los muertos para eso, de que algo va pésimo. Los que aplauden sin cesar se sienten, de buena fe, parte de una revolución. En realidad son, ante todo, síntomas. Es un papel triste.

lunes, 23 de julio de 2018

El patrimonialismo del cartujo


Jesús Silva-Herzog Márquez
23 Jul. 2018

Sigue dibujándose el cambio más profundo y más acelerado de la política mexicana del que tengamos memoria. El sistema de partidos está hecho añicos y se va conformando un poder hegemónico capaz de dictar la ley y tal vez de rehacer la Constitución sin tener que negociar con adversarios. Pero ahí no termina el cambio. Tan importante como la ruptura del arreglo tripartita es la sacudida que se anuncia en la estructura burocrática y la amenaza que pende sobre nuestro precario sistema federal.

Algo he hablado del cambio en los partidos y espero hablar pronto del cambio en el sistema federal. Aquí me gustaría intentar una interpretación del cambio administrativo. Se anunciaba ya en los discursos del candidato presidencial. El gobierno no estaba del lado del pueblo porque estaba desconectado del pueblo. La alta burocracia ha vivido en una burbuja de privilegios y lujos. Puede advertirse una sensata sensibilidad republicana en esta crítica de López Obrador pero sus propuestas pueden resultar peor medicina que la enfermedad. Por lo pronto, no se anuncia una transición tersa en el ámbito de la administración. No es para menos. El futuro Presidente anuncia una draconiana reducción del salario de los altos funcionarios y la cancelación de prestaciones relevantes. Al mismo tiempo, declara que el 70% de los trabajadores de confianza son desechables. Y, al mismo tiempo, ha decidido la mudanza obligatoria de miles de servidores públicos que, a partir de diciembre, tendrán que rehacer su vida en otra ciudad si es que quieren conservar su trabajo.

Se ha hablado de los efectos de esta fricción y de estos anuncios. Me gustaría detenerme en el proceso de toma de decisiones. La dispersión del gobierno puede ser uno de los cambios más radicales en la historia reciente de la administración pública federal. Sacar Secretarías y dependencias de la capital es un asunto extraordinariamente complejo y costoso. Dudo que el cambio produzca las bondades prometidas y, por el contrario, imagino la mudanza como una distracción mayúscula para un gobierno cargado de proyectos y exigencias. Un derroche que desaprovecharía un patrimonio de generaciones. De llevarse a cabo la reubicación, las Secretarías tendrían que prestar tanta atención al traslado como a los asuntos de su despacho. Complejo asunto, sin duda, pero lo relevante aquí es examinar cómo llega la futura administración a la persuasión de que se trata de una buena idea. Es sencillo: se escucha al caudillo y se ponen en práctica sus deseos. A fin de cuentas es su gobierno. La convicción del futuro Presidente basta. No hace falta nada más. La SEP a Puebla, Comunicaciones a San Luis, Pemex a Ciudad del Carmen. Él y sólo él clavó los alfileres en el mapa. ¿Para qué perder el tiempo con nimiedades prospectivas? ¿Para qué arrastrar el lápiz analizando el costo de la ocurrencia si ésta es, en realidad, una iluminación?

Detrás del llamado a la austeridad se revela una convicción patrimonialista que no puede ser anticipo de buena gestión. El Presidente decide qué hacer con la casa presidencial como si ésta le perteneciera. El Presidente decide vender el avión presidencial sin examinar si esa operación es una forma razonable de cuidar los recursos comunes o, más bien, un despilfarro. El Presidente decide a dónde enviar las oficinas públicas como si fueran piezas de su ajedrez. Estamos en presencia de un nuevo experimento patrimonialista. Por sus primeros gestos, López Obrador se acerca a la administración pública como un hacendado se relaciona con sus peones. Puede tronar los dedos y reducirles el salario. Puede deshacerse de ellos si le da la gana. Puede cambiarles el horario del trabajo de un día para otro sin que importe mucho lo que dice la ley. Moviendo un dedo ordenará a sus criados que empaquen sus cosas y se trasladen a la otra punta del país. Si rompen sus familias, si pierden oportunidades de educación para sus hijos, si las mujeres tienen una desventaja adicional, si el cambio significa una merma económica para el servidor público le tiene sin cuidado. El peón debe, ante todo, demostrar su lealtad. Aunque se dé ínfulas de cartujo, López Obrador ejerce un liderazgo patrimonialista que, seguramente, terminará siendo una nueva fuente de derroche, ineficiencia y corrupción.


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