martes, 20 de marzo de 2018

AMLO oculta lo que hará


La divisa de López Obrador en su discurso contra la pobreza y la desigualdad ha sido “el cambio del modelo económico”.
Y ahora, de manera misteriosa y súbita, esconde esa intención con propuestas que nada tienen que ver con el tema.
Ha optado por la estrategia ocultar su proyecto para que no se le escape la presidencia.
Nadie que haya oído a López Obrador en estas décadas, desde su combate a las reformas a comienzos de los noventa y hasta apenas unos meses, puede decir que no lo escuchó decir que hay que cambiar el modelo económico.
Hoy, de manera deshonesta para los votantes, escabulle el tema.
Porque combatir la corrupción, como ofrece, no es cambiar el modelo económico.
Corrupción hay en el capitalismo, en el socialismo, la hubo en la Colonia, en la Edad Media y en la antigua Grecia (Diógenes buscaba con una lámpara, a pleno sol, a un hombre honesto en Atenas).
Sea franco, le piden a López Obrador.
Desde el Consejo Coordinador Empresarial hasta algunos de sus seguidores que le creen el discurso y les extraña que ya no hable del cambio de modelo, están desconcertados ante el silencio taimado del puntero en las encuestas presidenciales.
Explíquelo. En qué consiste el cambio de modelo.
AMLO no lo hace porque esconde lo que hará. No le conviene decirlo ahora.
Hacer ajustes a la reforma energética no es cambiar el modelo económico del país.
Cancelar la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México tampoco es cambiar el modelo.
Dijo a los banqueros que no va a expropiar ni a nacionalizar empresas. Excelente –si fuera verdad.
Entonces, ¿en qué consiste su cambio de modelo económico?
Ya anunció que no va a subir impuestos ni hará cambios fiscales. ¿Le creemos?
Si no va a modificar la política fiscal, ¿qué va a cambiar del modelo económico?
López Obrador ha repetido hasta el cansancio que la pobreza ha aumentado en el país –lo cual es totalmente falso– por culpa del modelo económico neoliberal.
Muy bien, tal vez tenga razón en que el modelo falla y será un gusto apoyarlo si propone algo diferente y sensato, pero no lo hace.
Ahora su discurso es única y exclusivamente contra la corrupción, y deja lo demás sin tocar.
Pablo Hiriart 20 marzo 2018.
Es estrategia de campaña porque oculta lo que va a hacer.
Si su única inquietud fuera combatir la corrupción, que se postule para titular de la Fiscalía Anticorrupción y seguramente tendría el apoyo casi unánime de los legisladores.
Desde ese puesto se puede combatir más la corrupción que desde la presidencia, pues tendrá facultades específicas, dientes, y será autónoma.
AMLO quiere cambiar el modelo económico del país, lo cual sería atendible y digno de analizar, pero no dice lo que pretende hacer. Lo esconde.
Hasta sus seguidores están desconcertados, pero le guardan obediencia porque lo conocen y es muy posible que el silencio sea una treta para soltarnos el estatismo echeverrista, las expropiaciones y una economía cerrada al mundo como ocurría en el México que añora (donde también había, y mucha, corrupción).
O tal vez no. Y resulte ser lo que ahora nos dice y nada más: un presidente que no cambiará nada, salvo de lugar el aeropuerto.
Fitch, una de las tres grandes calificadoras del mundo, no se traga la historia del presidente inofensivo y cree que sí vendrían cambios drásticos al modelo económico.
Pero AMLO los oculta. No se atreve a hablar de ellos y prefiere lanzar mensajes contradictorios a través de Alfonso Romo, para engañar a los votantes.
Ahí está el quid de su peligrosidad.

lunes, 12 de marzo de 2018

Votar por López Obrador es un suicidio para México: Vargas Llosa


AMLO, la oveja y el tigre

Pablo Hiriart, El Financiero, 12mzo18.

Ante banqueros y ante el presidente, López Obrador se ha puesto piel de oveja, pero amaga con soltar al tigre, para que nada impida su triunfo en la elección de julio.
Le dice al presidente que va a pasar a la historia si no interviene en la elección. Vamos, si gana él.
Y ante los empresarios advierte que va a dejar suelto al tigre si hay fraude, es decir, si no gana él. Nunca en su vida ha aceptado una derrota.
Esa es su esencia, similar a la de Chávez, que lo convierte en un peligro: el pueblo contra las instituciones si no se hace su voluntad.
El tigre es el pueblo. Y él encarna al pueblo.
Con los banqueros también se mostró con destellos de sensatez y bromista: respetuoso de la iniciativa privada, afecto al Estado de derecho.
¿Cree que no lo conocemos? ¿Que nunca lo hemos visto ni oído?
Es el mismo discurso tranquilizador de Chávez cuando ganó la presidencia por la vía del voto.
No olvidemos que los presidentes de los dos partidos que apoyan la candidatura presidencial de AMLO (Morena y PT) son abiertamente chavistas.
Él, por su parte, ha prometido:
Amnistiar a criminales.
Derogar “las reformas salinistas que hundieron el país”, entre las que están el TLC y la privatización de la banca, por cierto.
Entregar la educación a la CNTE y derogar la reforma educativa.
Tirar la reforma energética.
Cancelar el nuevo aeropuerto que se construye en Texcoco.
Y ante los banqueros dijo que, en resumen, lo único que hará es acabar con la corrupción.
Omitió decir que investigará a quien le pida 'el pueblo', como expuso recientemente. Y ahí caben legisladores, empresarios, periodistas…
Ya sabemos lo que piensa de la Corte: unos corruptos que “nunca han dado fallos en favor del pueblo”, como si esa fuera su labor.
Ahora su aliento chavista lo oculta con una nueva modulación de las palabras, muy lentas, para que no salga el verdadero AMLO: impulsivo e iracundo.
Quienes le acompañan en la búsqueda de la Presidencia son chavistas y maduristas de corazón y lo han expresado.
La presidenta de su partido, Yeidckol Polevnsky, tenía, hasta hace poco, una plataforma en Facebook para defender la revolución bolivariana: “Hay que conocer la historia de Venezuela para valorar lo mucho que hizo el comandante Chávez… Ayúdenos a difundir la verdad, ayúdenos a hablar de la grandeza de Hugo Chávez, de lo grande que es el gobierno bolivariano de Venezuela”.
¿Qué pretende Morena con nuestro país? Lo respondió claramente el presidente de la Comisión de Honestidad y Justicia de la dirección nacional de ese partido, Héctor Díaz Polanco: “Digámoslo directo: la integración de México en la revolución bolivariana”.
Lo dijo en un discurso en Caracas la senadora de Morena y pieza clave en la movilización de ese partido en las colonias populares de la capital (donde vive el tigre), Dolores Padierna: “Y por eso decimos: seguimos con Nicolás Maduro en el camino abierto por el presidente Chávez: la causa de la revolución bolivariana, la causa del socialismo, las causas de Hugo Chávez triunfarán”.
La semana pasada el PT, que postula a AMLO, invitó a México a Adán Chávez Frías, hermano de Hugo, a dar una conferencia.
El candidato de Morena a la Cámara de Diputados, Gerardo Fernández Noroña, viajó a Caracas para estar presente en el aniversario luctuoso de Chávez, el día 8 de este mes, desde donde escribió:
“Los que sostienen que hay crisis humanitaria en Venezuela son unos farsantes, unos verdaderos miserables… En la campaña de acoso contra el hermano pueblo bolivariano de Venezuela, se ha llegado al extremo de excluir de la próxima Cumbre de las Américas, a realizarse en Lima, al presidente Nicolás Maduro… Lo real es que Venezuela construye una nueva vía económica con su iniciativa del Petro. Criptomoneda que sostiene su valor en las reservas petroleras venezolanas”.
Bueno, esos son los que pueden llegar al poder en diciembre, más Napoleón Gómez Urrutia, la secuestradora Nestora Salgado, etcétera. Delante de ellos va AMLO con piel de oveja.
Y si no gana será por 'fraude'. Ahí les va el tigre, el pueblo, contra las instituciones.

viernes, 9 de marzo de 2018

En congreso del PT 'Hubo saludos hasta de Unión Soviética'


Cd. de México (09 marzo 2018).-
Hay latas de coca cola y seven up y café y galletas en las mesas. Un joven costarricense atraviesa el vestíbulo con una playera roja con la hoz y el martillo. Un Che Guevara estampado en la mochila de una guatemalteca.

En la entrada de un auditorio del hotel Fiesta Americana, Roger Taboada distribuye el "Correo Bolivariano. Órgano oficial de Todos Somos Venezuela".

"Apostamos por el socialismo", dice Taboada, un profesor y periodista que tiene esperanzas en Andrés Manuel López Obrador, si bien no para que convierta a México al socialismo. "Con que sea democrático, eso ya sería una revolución", dice.

El PT organizó su seminario "Los partidos y una nueva sociedad". Los comunistas, los socialistas, los que quieren derrocar al capitalismo se reúnen en el foro de izquierdas.

Adán Chávez, hermano mayor de Hugo Chávez, estaba invitado, pero canceló. El PT insiste en que eso fue un invento de quienes quieren desprestigiar a López Obrador relacionándolo con Venezuela.

Pero Fernández Noroña, que un día antes estuvo en Venezuela y saludó a Nicolás Maduro, dice que sí estaba invitado.

"Ayer lo vi en Venezuela y le dije 'mañana nos vemos allá en el seminario del PT'. Adán sí tenía pensado venir, ya me habían dicho que estaría y se le complicó porque está la presión con la oposición en Venezuela", afirma.

El PT volvió privado su seminario de este año. Ni siquiera informó que sería en este hotel de Paseo de la Reforma, en un auditorio con vista a la estatua de Cristóbal Colón. Y en el vestíbulo una docena de guardias con brazalete rojo escanean gafetes en la entrada.

El guatemalteco Edgardo Stuardo Batres, asesor del único diputado de Winaq, el partido de Rigoberta Menchú, afirma que hay un embate de la derecha en America Latina, apoyada por el "imperialismo norteamericano".

"El planteamiento debe ser de que la izquierda latinoamericana debe de ganar todos los poderes posibles en cada una de las lecciones, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial", plantea.

Luego de que cierran la puerta del auditorio, una banda de guerra toca dos veces el Himno Nacional que escuchan más de una centena de invitados.

Más tarde, cuando salen a la comida, el salvadoreño Ever Martínez, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), cuenta que el líder del PT, Alberto Anaya, les informó que López Obrador lleva una ventaja de más de 40 puntos.

Y el venezolano Juan Ramón Guzmán añade que el publicista Antonio Solá, el inventor de la frase "Lopez Obrador es un peligro para México", les dijo ahora que ya no lo es.

El ex perredista René Bejarano, camino al Hotel Imperial, destaca el debate de ideas.
"Aquí hay muchos puntos de vista, ahorita la intervención del Partido Comunista de la Federación Rusa, por ejemplo", comenta.

Del auditorio sale también el colombiano Francisco González, quien estuvo 40 años en las FARC con el alias de Édgar López.

"Hubo saludos de Cuba y de la Unión Soviética", cuenta, y corre buscando el tercer piso del hotel para comer.

Dos funcionarios de la Embajada de Corea del Norte portan en las solapas un pin de la cara del líder supremo Kim Jong-un y traen un mensaje para los mexicanos.

"En el Partido del Trabajo de Corea del Norte tenemos disposición de apoyar la causa justa del Partido del Trabajo en México", dijo Un Chol Jong, segundo secretario de la representación diplomática.

jueves, 1 de marzo de 2018

Elegir a López Obrador sería suicidio

Ismael Rivera
MADRID.- En la víspera del inicio de las campañas electorales en México, el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa advirtió del suicidio democrático que cometerían los mexicanos de elegir como Presidente, en los comicios del próximo 1 de julio, al candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador.
Cáustico en sus apreciaciones sobre el ex jefe de Gobierno de Ciudad de México, el escritor de origen peruano aseveró que López Obrador representa una democracia populista y demagógica, con recetas que están absolutamente fracasadas en el mundo entero, por lo que deseó que los mexicanos voten con lucidez y que no voten con el estómago.
A pregunta expresa de REFORMA sobre si estaría dispuesto ha debatir con López Obrador sobre su propuesta de Gobierno, toda vez que el líder de Morena se autodefine como un liberal, Vargas Llosa lanzó una carcajada.
"¿Él se considera un liberal?", cuestionó mientras seguía riendo, sin dar una respuesta al respecto.
"Mi esperanza es que haya suficiente lucidez como para ver a dónde conduce ese suicidio de votar por el populismo, de votar por la demagogia, con recetas que están absolutamente fracasadas en el mundo entero", apuntó.
Entrevistado durante la presentación su último libro "La llamada de la tribu", una autobiografía intelectual y política en la que contrasta las discrepancia y semejanzas de siete autores liberales que han marcado su vida, el escritor también reconoció que existe un grave riesgo de que en las elecciones de México el crimen organizado pueda intervenir para tratar de influir en el resultado.
Y es que desde su óptica, los mexicanos deben tomar en consideración la tragedia que ocurre en Venezuela, donde dijo que se ha impuesto una dictadura.
REFORMA.

miércoles, 28 de febrero de 2018

México puede convertirse en una democracia populista y demagógica: Vargas Llosa


MADRID (apro).— El Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, alertó este miércoles que un triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones de julio próximo en México, significarían “un retroceso para México”, ya que lo convertiría en “una democracia populista y demagógica”.
“Tengo la esperanza de que haya lucidez en México, ante el populismo, la demagogia y las recetas fracasadas como en el caso de Venezuela, donde ahora el 90 por ciento quisiera salir de esa sociedad frustrada y fracasada”, dijo el escritor peruano durante la presentación de su libro “La llamada de la tribu”, una autobiografía intelectual y política.
Se cuestionó “si van a ser los mexicanos tan insensatos de votar por eso, teniendo el ejemplo de Venezuela enfrente”.
“Algunos países prefieren suicidarse, espero que eso no ocurra porque sería muy trágico para México, donde algunas cosas andan mal, pero otras bastante bien. Esperemos que el populismo no gane en México”.
Al término de la presentación de su libro en la Casa de América, el escritor cuestionado directamente por un posible triunfo de López Obrador, el candidato de Morena, respondió, “yo espero que no gane López Obrador, creo que sería un retroceso para el país”.
Vargas Llosa criticó las elecciones convocadas en Venezuela, que consideró “una farsa, porque hay mucho que no hay elecciones libres allí”.
Aseguró que serán unas “elecciones manipuladas y un fraude monumental, por la impopularidad del gobierno de Nicolás Maduro”.
En este sentido, el autor de La Fiesta del Chivo criticó al expresidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, a quien calificó de “ingenuo”, al llamar a los venezolanos a participar en esos comicios.
“(Esas elecciones) son una mentira flagrante, con la que Maduro persigue eliminar a la Asamblea Nacional”.

Fuente: PROCESO.

viernes, 23 de febrero de 2018

Germán, senador de Morena

Pablo Hiriart

23 de febrero 2018 El Financiero.
Hace algunos meses recorté (trabajo a la antigüita) un artículo de Germán Martínez Cázares que me pareció particularmente brillante, sobre la cobardía y abyección de los que se pasan a Morena porque ven inevitable el triunfo de López Obrador.
'Obediencia anticipatoria' se llama el texto de Germán Martínez, publicado en Reforma el 29 de marzo del año pasado, que arranca con una pregunta:
“¿López Obrador ganó, ya, la presidencia? Una mezcla de inevitabilidad histórica, derrota anticipada, cobardía cívica, cargada política, cuidado de negocios y trasiego de privilegios se siente en el ambiente. El rey se pasea, sus súbditos salen a vitorearlo”.
Al final del artículo Martínez Cázares da el antídoto para no irse a la cargada y conservar el decoro. Cita un texto de un profesor de Yale, titulado 'Sobre la tiranía', del que transcribe una de las lecciones del siglo XX: “No obedezcas por anticipado… la mayor parte del poder del autoritarismo le ha sido otorgado libremente… La obediencia anticipatoria es una tragedia política, significa adaptarse instintivamente, sin reflexionar, a una nueva situación”.
Y aplica el párrafo anterior a AMLO: “Ese ‘prontismo dócil’ no pregunta ‘qué cambió’ en quien presume haber cambiado; es la rana de Esopo, dispuesta a cargar al escorpión, con la simple promesa de que no lo picará… ja-ja-ja”.
Con ese rasero juzgó a Miguel Barbosa, en el texto referido, cuando éste se pasó a Morena para obtener una candidatura: “El senador Barbosa sin complejos ejecutó en lo alto de su circo el vuelo en el trapecio, intentó brincar de la barra horizontal del PRD a la de Morena, pero ¡sin soltarse de ninguna! (ni del dinero de la coordinación)”.
Apuntó algo digno de aplauso: “Es una herejía periodística exigirle (a López Obrador) aclarar sus nexos en Guerrero con los gobiernos manchados con la sangre de estudiantes de Ayotzinapa. Nadie tampoco le cuestiona que en la era de las energías renovables, quiera construir una refinería de petróleo”.
Del próximo senador de Morena también recorté un texto que es de una claridad meridiana acerca de su ideología: 'Cárdenas ha muerto', publicado en el mismo periódico cuando se aprobó la reforma energética. Dice:
“Un funeral. Con asombroso tino los diputados perredistas organizaron en el Palacio Legislativo unas pompas fúnebres por la muerte de Lázaro Cárdenas. ¡Acierto total! Efectivamente, la reforma energética ‘lo mató’; ojalá, su obra, jamás resucite!” .
Sustenta su dicho: “Aunque sea difícil entenderlo por tantos años de culto público, biografías acríticas y fanatismo político, el general Cárdenas representa muchas de las causas del atraso del país. La reforma energética representa reparar una de ellas. Verdadera hazaña derribarlo de su pedestal mitológico. El logro es del presidente Peña, pero también, y en gran medida, de la oposición socialmente útil del PAN”.
Remató su texto con una imagen fuerte –que no comparto: “Divinizar a Cárdenas le costó mucho al país. El régimen priista poco a poco se alejó de su pasado. El PAN le dio una victoria al futuro y a la modernización. La izquierda, huérfana de su Tata Lázaro, ¿por qué no propone expropiar los medios de producción, reanudar la lucha de clases y colectivizar los esfuerzos laborales? Hay conceptos políticos repugnantes, y difuntos que apestan”.
Lázaro Cárdenas no apesta en la historia del país, pero Martínez Cázares tiene todo el derecho a decirlo y López Obrador en hacerlo su candidato.
Pues ya tenemos a Germán arriba del trapecio, con el alacrán en la espalda. Suerte al momento del aguijonazo.
Suerte a Germán en su nuevo partido. Y una felicitación a quienes votarán por él.

martes, 20 de febrero de 2018

Candidatos de Morena, ¿la esperanza de México?

Pablo Hiriart
20 FEB. 18
La lista de candidatos de Morena al Senado es veneno para López Obrador. No hay teflón que aguante poner juntos a Napoleón Gómez Urrutia, Nestora Salgado, Félix Salgado Macedonio, apoyados por Elba Esther Gordillo y su familia.
¿Ellos son 'la esperanza de México'?
Puesto de otra manera: si no puedes con “la mafia del poder”, alíate a ella e incorpórala a tus listas.
A eso le llaman tener principios.
Gómez Urrutia, el líder del sindicato minero que jamás ha entrado al socavón de una mina (su padre sí) y que está acusado de quedarse con 50 millones de dólares de los trabajadores, va a ser senador por Morena porque AMLO lo puso en un lugar preferente de sus aspirantes plurinominales.
Desfalcó y se fue a vivir a Canadá bajo la protección de los poderosos dirigentes de sindicatos metalúrgicos de ese país. Obtuvo un amparo en México y al parecer por ello no podría ser detenido en caso de que regrese al territorio nacional.
Si lo aprehenden cuando vuelva al país, sería visto como una maniobra de venganza política por aliarse a López Obrador. Eso no va a ocurrir porque enturbiaría el proceso electoral y convertiría en víctima a su jefe.
Y ya en México, Napoleón Gómez Urrutia va a ser senador. Es decir, va a tener fuero, que es igual a impunidad. Ya la libró.
Otra candidatura de Morena al Senado es la de Nestora Salgado, que armó un grupo paramilitar en la costa chica de Guerrero, donde secuestraban y extorsionaban, maoísta, con estrecha cercanía a la guerrilla.
Ella estuvo presa por el delito de secuestro. Salió libre porque hubo irregularidades en los procedimientos al momento de su aprehensión, no porque fuese inocente.
También va al Senado, por Morena, Félix Salgado Macedonio, quien fue alcalde de Acapulco y se dedicó a la farándula en yates de lujo que quién sabe quién pagaba, mientras al puerto entraron para siempre los más peligrosos cárteles criminales del país.
Acapulco se vino abajo con Félix Salgado Macedonio, entre fuertes versiones de sus ligas con grupos de narcotraficantes que hasta el día de hoy no dejan en paz a esa plaza que debiera ser una mina de oro para los guerrerenses.
Todos ellos, y su candidato presidencial , cuentan con el apoyo de la exlideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo, su yerno, su nieto y su incondicional Rafael Ochoa, exlíder formal de ese sindicato, y que ahora arma las 'redes progresistas' para el apoyo cibernético de la campaña de López Obrador.
Así, con esa compañía, AMLO se propone liberar a México de la corrupción, de la violencia, y darnos un país mejor a todos.
Se presentan como “la esperanza de México”.
Y sin duda, ganen o pierdan, estarán en los puestos directivos en el Poder Legislativo de la República.
Si ganan la presidencia, tendrán el poder total.
Pero no es seguro que ganen. La señal de duda la mandó la también candidata plurinominal al Senado por Morena, la exministra Olga Sánchez Cordero, que sería secretaria de Gobernación en caso de que triunfe AMLO.
Su postulación al Senado nos indica que no creen en la victoria de López Obrador.
Ella misma lo dijo, “la elección es incierta”, por lo que prefiere pájaro en mano: una senaduría plurinominal. Y si ganan, venga pues la Secretaría de Gobernación.
Ahí está parte del abanico que va a acompañar a López Obrador en la conducción del país desde el Poder Legislativo.
Ellos son el soporte intelectual de lo que viene… si es que gana.

AMLO: intolerancia a la crítica

7/02/2018. Jorge Fernández Menéndez. No creo en las versiones AMLove porque el candidato de Morena lleva demasiados años demostrando que es un hombre irascible e intolerante.
Su incapacidad para aceptar una crítica la conocen todos los que han trabajado con él: Andrés Manuel ordena, no pregunta, no acepta jamás una entrevista con un crítico porque el sólo hecho de serlo lo convierte en enemigo; si llega a un acuerdo con un medio, por ejemplo, y algún columnista o comunicador lo critica le reclama a los dueños de que violaron los acuerdos que habían alcanzado (y más de una vez pedido, no sé si logrado, que sus críticos dejaran ese medio). Puede admitir entre los suyos a todos los que acusó en el pasado de corruptos (y muchos lo eran y lo son) simplemente porque se acercaron a su persona, pero no puede aceptar un diálogo fluido con alguien que lo contradiga. 
No suele aceptar tampoco conversaciones con alguien que no haya sido "filtrado" previamente por alguno de sus hijos, sobre todo Andrés. Incluso uno de los principales disidentes del PRD que se fue por una candidatura a Morena reconoce en privado que durante largos meses no pudo ver a Andrés Manuel porque  no lo recibía y que el único contacto con el líder vía Andy. 
​Para nadie es un secreto que tengo diferencias importantes con López Obrador desde hace años, pero no siempre fue así: cuando Andrés Manuel fue presidente del PRD tuve, como muchos otros, una relación profesional intensa y pública con él. Cuando ganó la jefatura de gobierno de la ciudad de México, me concedió (yo trabajaba entonces en MVS y Milenio) una de las primeras, quizás la primera entrevista desde que había asumido el cargo. Fue muy cordial, de más de una hora, se trasmitió por MVS sin corte alguno. Todos, aparentemente, estábamos muy satisfechos. Pero a Andrés Manuel no le gustó. Nunca supe por qué, no recuerdo si fue César Yáñez el que me lo comunicó, más como un comentario que como una advertencia. Pero desde ese día, que debe haber sido el 8 o 9 de diciembre del 2000, López Obrador nunca ha vuelto a darme una entrevista, misma que he pedido innumerables veces.
​Fui muy crítico durante su gestión sobre todo cuando traicionó a Cuauhtémoc Cárdenas (un hombre con el que se puede tener desacuerdos, pero que es un paradigma de verticalidad y respeto) y a Rosario Robles, y cuando se terminaron de exhibir los actos corruptos de sus más cercanos colaboradores, como René Bejarano y Gustavo Ponce Meléndez. Todos los que preguntamos entonces qué sabía el jefe de gobierno de las actividades de dos de sus más cercanos colaboradores nos convertimos en parte  de la mafia del poder.
​Unos años después publiqué un texto que sigo considerando absolutamente legítimo que se tituló De qué vive López Obrador. El mismo terminó circulando durante años en la red y medio mundo le ha agregado cosas de su cosecha, pero en el original simplemente nos preguntábamos de qué vivía, una pregunta legítima para quien durante cinco años no había tenido ninguna actividad productiva remunerada (y que desde fines de los 80 hasta ahora, salvo su periodo al frente del gobierno capitalino, tampoco la había tenido). Se desencadenó la ira de Andrés Manuel y sus allegados por haber osado realizar esa pregunta que cualquiera hubiera podido responder con toda tranquilidad. Decíamos entonces que no se podía tener una vida política intensa y activa, mantener a sus hijos en universidades privadas y en el extranjero, haber formado otra familia, tener un niño pequeño, sin ingresos. Preguntábamos de dónde provenían, porque Andrés Manuel insistía que nunca ganó más de 60 mil pesos mensuales entregados por su partido. Nadie ha visto jamás su declaración fiscal, su declaración de bienes no dice nada. Aseguró, muchos años después que vivía de las regalías de sus libros algo que los que hemos publicado y mucho sabemos que no puede ser cierto en México. Saber de qué vive un candidato, un político, es una pregunta tan legítima como preguntar ahora de qué vivió Marcelo Ebrard los pasados cinco años en París, Nueva York y Houston, ya que no trabajó durante todo ese período.
​Así llegamos al día de hoy donde López Obrador acepta gustoso a Alfonso Durazo, a Gaby Cuevas, a la familia de Elba Esther, a Greg Sánchez y los suyos, a Cuauhtémoc Blanco y a tantos más que hasta hace unos días eran parte de la mafia del poder. Pero fue suficiente que Jesús Silva Herzog Márquez, al que nadie puede calificar como un defensor del actual gobierno, criticara en un texto absolutamente respetuoso esas incorporaciones diciendo que habían llevado a Morena hacia el "oportunismo", para que le llegara la condena desde la alturas y López Obrador colocara a Jesús y a Enrique Krauze en el carro de los corruptos y mafiosos del poder. Imposible un debate con él, imposible una diferencia. Ahí, cuando pierde el control es cuando muestra su verdadero rostro. El que asusta y preocupa. Y eso no cambiará hasta que Andrés Manuel acepte dialogar con sus críticos, no sólo con sus incondicionales.
​Y ni hablemos de la idiotez suprema de uno de sus ideólogos, John Ackerman, insultando a todos los que vieron el domingo el súper bowl, un "deporte capitalista" (sic).

Germán, ¡político del montón!


México
Lo primero, reconocer que me equivoqué. ¿Por qué?
Porque a Germán Martínez sí le llegaron al precio. Y, como suele ocurrir, el tiempo lo puso su lugar.
Y es que el ex presidente del PAN está entre los políticos que olvidaron ideología, ideales e ideas por un vulgar “hueso”. Vulgar clase política.
Y viene a cuento porque en el Itinerario Político del 1 de febrero recordamos dos ocurrencias del presidente Álvaro Obregón que son parte de la picaresca de la clase política mexicana.
La primera, cuando Obregón dijo que sería el presidente más honesto… “Porque solo tengo un brazo para robar”. La segunda, cuando acuñó lo que hoy se considera epítome de la corrupción: “Nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos”.
El tema surgió luego que Germán Martínez reveló “una joya de la forma y el fondo” utilizados por Andrés Manuel López Obrador para estimular la cooptación, traición y deslealtad a partir del reparto de cuotas.
Es decir, AMLO estimula la codicia e impunidad —con la entrega de cargos públicos— y con ello dobla ideas, ideales e ideologías.
Como recuerdan, el ex presidente del PAN reveló que AMLO lo había invitado a ocupar la Fiscalía General en su hipotético gobierno, cargo que el ex jefe del PAN dijo rechazar.
Por eso, aquí dijimos que Germán Martínez “es uno de los políticos con la más sólida educación y con los principios mejor colocados. En realidad es un ideólogo del PAN y uno de los demócratas más acabados”.
Y es que en su momento, el jefe panista también renunció a la dirigencia de los azules, por vergüenza, luego de una escandalosa derrota.
Al final dijimos que lo importante no era “si Germán Martínez cree o no en López Obrador, tampoco si López Obrador engaña a Germán Martínez o engaña a todos los ciudadanos. No, lo importante es la revelación de la metodología empleada por Obrador para despertar la codicia de los políticos”.
Queda claro que la codicia se desata con los cañonazos de AMLO, al mejor estilo de Álvaro Obregón; “cañonazos que resistió Germán Martínez”, rematamos.
Sin embargo, me equivoqué. La realidad terca e inflexible demostró que el implacable tiempo siempre coloca a todos en su lugar.
Y es que Germán Martínez se dobló ante los cañonazos de López Obrador; olvidó ideas, ideales e ideología del PAN por un plato de lentejas.
Me equivoqué porque Germán Martínez no es el político con los principios mejor colocados, tampoco es un ideólogo del PAN y menos uno de los demócratas más acabados. Tiró al bote de basura toda su historia partidista, a cambio de una plurinominal de Morena en el Senado. Un plato de lentejas.
La realidad mostró que Germán Martínez es un político del montón, de los que se derriten al calor de un pequeño hueso, de los que se acuestan como férreos defensores de los principios que Gómez Morín convirtió en partido político —el PAN— y despiertan bañados por el populismo de izquierda y el servilismo “chabacano” al mesías.
Dilo si no la siguiente declaración: “Estoy listo para apoyar lo que ordene el candidato… Soy de los que con orgullo va a entregar volantes de López Obrador porque quiero que sea presidente… Porque con López Obrador habrá un mejor mañana”.
¿Qué debió pasar en la cabeza de Germán Martínez para producir un cambio ideológico de 180 grados? ¿Dónde quedaron lecturas, ideas, doctrina, congruencia, principios…?
Aquí documentamos la cachaza de “los políticos basura” que han saltado de un partido, a un segundo partido, a un tercer partido sin hacer gestos por tragar sapos y serpientes. Y hoy se confirmó que “el hueso” derrite lo mismo la fortaleza ideológica del más iletrado, que del llamado “intelecto de angora”.
Lo curioso es que Germán Martínez ratificó su amor a Morena y a López Obrador, justo cuando el tres veces candidato presidencial nos regala, a los mexicanos todos, la más acabada pieza de su ambición dictatorial.
Y es que en su discurso de aceptación de la candidatura presidencial, Obrador no solo regresa a lo más viejo del PRI, sino que construye su retórica al más puro estilo de Goebbels, el teórico del nazismo criminal de Hitler.
¿A qué nos referimos?
Solo los ciegos como Germán no la ven; López Obrador convierte las peores aberraciones de su personalidad en méritos de campaña y de gobierno, como la locura, la necedad, la tozudez y las ocurrencias. ¿El Hitler mexicano?
Habrá entendido el inteligente y culto Germán —derretido por un escaño— que detrás “de las nuevas virtudes” de AMLO; de “la locura, la necedad, la tozudez” y el fanatismo, está Goebbels?
El tiempo pone a cada cual en su lugar. El tiempo puso a Germán Martínez en el bote de basura.
Al tiempo.

martes, 6 de febrero de 2018

Los hijos de Andrés Manuel



El Estado Mayor de Andrés Manuel López Obrador es sanguíneo. La cúpula real de Morena, el partido que bautizó como Movimiento de Regeneración Nacional para que la masa lo vinculara subliminalmente con la Virgen de Guadalupe, y quienes están en la línea de sucesión de su control por la vía de la herencia política, no son sus compañeros de trabajo político de décadas, sino sus hijos. López Obrador tiene cuatro, tres de su primer matrimonio con Rocío Beltrán, quien falleció en 2003 -José Ramón, Andrés y Gonzalo-, y uno más, menor de edad, de su segundo matrimonio, con Beatriz Gutiérrez –Jesús Ernesto-. Los tres primeros forman el cinturón que rodea al candidato presidencial, y ante quienes todos tienen que someterse y pasar sus aduanas para llegar a él.
Andrés es el más importante, en todos los sentidos. Es el preferido de López Obrador, que tiene un lenguaje de cuerpo muy expresivo y no puede ocultar su preferencia por “Andy”, como lo llaman en el entorno más cercano del tabasqueño. “Andy”, el único de sus hijos mayores a quien López Obrador saluda de beso, controla la agenda de su padre –él decide a quién ve y cuándo-, y tiene bajo su responsabilidad la Ciudad de México. La precandidata de Morena al gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, no hace nada que no tenga la aprobación de “Andy”, o que no haya pasado por él. Andrés y la presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, integran lo que cuando perdió una encuesta secreta ante Sheinbaum para la candidatura capitalina Ricardo Monreal calificó, sin mencionarlos como “la nomenklatura”.
José Ramón, el mayor, es el coordinador estatal de Morena en el estado de México, donde el partido ha tenido un avance significativo y fue una pieza central en la pasada elección por la gubernatura para que Delfina Gómez, la candidata morenista, derrotara por 56 mil votos al candidato priista, Alfredo del Mazo, quien se levantó con la victoria por los votos que le dieron los partidos coaligados al PRI. José Ramón fue el responsable de formar seis mil 500 comités seccionales del partido en el estado, que sirvieron como defensa del voto aunque, dicho dentro de los órganos de poder de Morena, no fueron suficientes para cumplir el objetivo. Cuando menos en cuatro municipios, explican internamente, el voto rural priista fue completamente atípico y clave en la victoria de Del Mazo.
La experiencia del estado de México ha sido el ejemplo tomado por Gonzalo, el tercer hijo de López Obrador, para hablar de la importancia de los comités seccionales, cuya coordinación le entregó su padre. Estos comités son una distribución territorial de defensa del voto que López Obrador, dicho por él mismo, nunca pudo armar en el PRD. La estructura de defensa del voto fue instaurada en 2015, casi un año después de que Morena obtuvo su registro como partido en 2014. Cuando López Obrador se la encargó a Gonzalo, le exigió que cada una de las 68 mil secciones electorales del país estuviera compuesta por cuando menos ocho personas, que incluirían a un RC (representante de casilla) y a un RP (representante de partido); que debía haber un coordinador por cada 10 secciones urbanas, y otro más por cada cinco rurales. En junio del año pasado, Gonzalo cumplió la tarea.
Si bien el trabajo que realizan Andrés y Juan Ramón es fundamental para mantener el bastión lópezobradorista en el Valle de México, el de Gonzalo es esencial para aspirar realmente a la victoria en las elecciones del primero de julio. “Hay que avanzar como la humedad”, decía López Obrador al describir cómo debía ser el armado de esos comités seccionales, que fueron fundamentales para que Morena fuera apareciendo como partido en comunidades, regiones y estados donde no había figurado nunca. La confianza en él es tan grande, que los cinco coordinadores regionales nombrados por López Obrador la semana pasada –Bertha Luján, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Rabindranath Ramírez y Julio Scherer-, tienen a Gonzalo como su jefe directo.
El carácter endogámico del liderazgo real y formal en Morena no ha sido analizado dentro del partido. De hecho, se le considera como algo natural, derivado de una decisión de facto de López Obrador. Nadie lo cuestiona, ni nadie la reclama en la actualidad. Esta estructura de poder sería impensable en otro partido en México, donde la sola incorporación de personas cercanas a los liderazgos es motivo de ácidos cuestionamientos, curiosamente, mayoritariamente de las trincheras que defienden a López Obrador. Paradójicamente, en el caso de López Obrador, su palabra es absolutista.
Si los partidos en el mundo no son democracias sino estructuras verticales, en el caso de Morena su conformación es monárquica. La verticalidad es autoritaria –las asambleas a mano alzada y las encuestas secretas para designar candidatos son una de sus expresiones más públicas-, y los cimientos para la transición de Morena después de López Obrador, encuentran su modelo en las viejas casas reales europeas, donde el poder no se entrega mediante el ejercicio democrático o derivado de un sistema de méritos, sino que se cede a la misma sangre. El heredero de López Obrador es, como primero en la línea de sucesión, “Andy”.
López Obrador puede hacer todo lo que quiere con Morena porque el movimiento es él. Nadie le alza la voz; nadie objeta estas decisiones. Los hijos, aunque inexpertos en muchos momentos, tampoco le han fallado. El control vertical lo reproducen cabalmente, legado claro del pensamiento del candidato.

miércoles, 17 de enero de 2018

El futuro no es de Meade

Raymundo Riva Palacio, 17ene18, El Financiero.

La urgencia por reencauzar la campaña presidencial de José Antonio Meade tiene una razón de fondo: los mexicanos quieren que pierda el PRI, y que entre Andrés Manuel López Obrador o Ricardo Anaya salga el próximo presidente. Esta es la conclusión de un análisis realizado por Ronald Anton, director de la consultoría ecuatoriana CPI Latinoamérica, a partir de datos demoscópicos sobre las preferencias electorales, que anticipan un futuro ominoso para Meade y para el presidente Enrique Peña Nieto, que busca, a través del candidato, la continuidad de sus políticas y la consolidación de sus reformas. Esto no va a ser posible, si se analizan objetivamente las tendencias del electorado.

Anton publicó recientemente un diagnóstico de 22 páginas titulado 'Crónica de una alternancia anunciada', donde sólo ve una competencia real entre López Obrador y Anaya, “ambos representando el cambio que pide la sociedad, frente a un PRI que se encuentra con el presidente peor evaluado en la historia de México, con un partido que trae los máximos negativos, con seria desventaja territorial, con una constante pérdida de intención de voto en todas las campañas presidenciales y con un candidato que no termina de gustar a los electores”. Las condiciones objetivas que enfrentan Peña Nieto, Meade y el PRI son totalmente adversas, de acuerdo con el análisis del consultor.

“Desde la llegada del PRI a la presidencia en 2012, el partido ha sufrido una debacle constante”, apuntó. “En 2012 controlaban 21 gubernaturas, pero desde entonces, ya con Enrique Peña Nieto como presidente, el PRI ha perdido un total de 24.9 millones de electores y gobierna solamente en 14 estados (15 si sumamos Chiapas gobernada por su aliado el Partido Verde): Campeche, Coahuila, Colima, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Estado de México, Oaxaca, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, Yucatán y Zacatecas”.

Cuando asumió Peña Nieto la presidencia, el PRI gobernaba arriba de 51 por ciento de los mexicanos; en la actualidad gobierna a 43 por ciento. Esta pérdida de poder territorial, a juicio de Anton, es otro factor a tomar en cuenta para entender la baja probabilidad de ganar las elecciones presidenciales. El consultor lo explica a partir de la disminución de aprobación que tiene el PRI, más allá de sus candidatos a puestos de elección popular.

Esta disminución de poder territorial también se ha registrado en los congresos locales, donde según el análisis del consultor ecuatoriano, el PRI pasó de tener 463 legisladores en 2015, a 361 en 2017. “Aunque sigue siendo el partido que más diputados tiene, ha perdido gran parte de los congresos donde contaba con mayoría”, indicó Anton. “Desde 2015, tan sólo ostenta la mayoría absoluta en los congresos de Campeche, Guerrero, Estado de México, Sonora y Yucatán, perdiendo con ello más poder local”.

Anton no lo precisó, pero salvo el Estado de México, ninguno de los restantes se encuentra entre las 10 entidades con mayor peso electoral en el país, y aún en esa entidad, la tierra del presiente Peña Nieto, en la elección para gobernador el año pasado, el PRI como partido obtuvo 56 mil votos menos que Morena; sólo la coalición con otros tres partidos evitó un monumental descalabro en el estado.

En los estudios que revisó, Anton encontró que la tasa de rechazo al PRI es de 57.4 por ciento, contra 40 por ciento de rechazo del PAN, 37.5 por ciento de Morena y 34.1 por ciento del PRD. “De todas las elecciones que se han sucedido desde que Enrique Peña Nieto es presidente –explicó Anton–, en todos los estados donde los gobernadores del PRI tenían una valoración ciudadana por debajo de 50 por ciento, los electores cambiaron el partido que gobernaba el estado”. Tampoco ayuda la aprobación a la gestión de Peña Nieto, donde entre siete y ocho de cada 10 mexicanos desaprueba su actuación presidencial. “El fuerte rechazo con el que cuenta tanto el partido como la figura del presidente –afirma el consultor–, dificulta la revalidación del mandato del PRI”.

Como contraste, la coalición Por México al Frente que tiene como abanderado a Anaya, gobierna a 48.6 por ciento de los mexicanos en 16 estados, incluida la Ciudad de México, el bastión de la izquierda, donde el PRI se encuentra en un lejano cuarto lugar de preferencias electorales. El PAN gobierna 12 estados, que es el mayor número que jamás haya gobernado, entre los cuales se encuentran tres de las seis entidades con mayor peso electoral en el país. En el Senado ocupa más de 50 por ciento de los escaños, y en el Congreso federal tiene más de 40 por ciento de las curules. Por lo que toca a los congresos locales, los frentistas tienen una presencia de casi dos a uno en el país. Morena no tiene esos números, pero es un partido que apenas nació electoralmente en 2015. Sin embargo, tiene lo que ningún otro, a López Obrador como candidato, que en dos intentonas presidenciales anteriores logró el apoyo de 35.29 por ciento del electorado en 2006, y 31.57 por ciento en 2012, y que puntea ampliamente las encuestas.

Este contexto, que habla de una complejidad política creciente en México, estimó Anton, ofrece un escenario de gran dificultad para que el PRI pueda ganar las elecciones presidenciales. El escenario de victoria de López Obrador es real, afirmó el consultor, pero la alianza en el Frente le dan a Anaya la suficiente fuerza para contender contra él y ganarle. Meade no está en este rango. El rechazo social al partido y la baja popularidad de Peña Nieto, lo están hundiendo. ¿Podrá revertir esta crónica anunciada de una derrota? Todo es posible, ciertamente, aunque parezca imposible.

¿A qué le tiran los empresarios que están con AMLO?

Pablo Hiriart, El Financiero, 17ene18.

En su reciente gira por Nuevo León, el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador presentó a Tatiana Clouthier y Alfonso Romo como los puntales de su campaña.

Con esos nombres más otros empresarios que ha presentado en el equipo con el cual gobernaría, busca tranquilizar al sector privado con el mensaje de que no es un Chávez ni es partidario de una economía socialista.

Sin embargo, lo es.

Los miembros de la iniciativa privada que le acompañan sin duda actúan de buena fe, pero trabajan para el adversario de todos sus ideales.

Más ingenuos aún: creen que van a convencer a López Obrador de que, cuando esté en Palacio Nacional, deje de lado todo lo que ha prometido, se olvide de lo que piensa, y sea un adalid de la libre competencia y apertura de mercados.

A su edad, estos empresarios todavía creen que el olmo puede dar peras.

En su oficina privada López Obrador tiene dos retratos, del Che Guevara y de Salvador Allende.

Ambos con virtudes (especialmente el segundo), pero partidarios de una economía socialista, de la expropiación de fábricas y de la estigmatización de empresa privada como fuente de injusticia social.

¿O por qué tendrá al Che y a Salvador Allende en su escritorio?

¿Por qué dos de los tres presidentes de partidos de la coalición de AMLO, Yeidckol, de Morena, y Anaya, del PT, sostienen una aguerrida defensa de la 'Revolución Bolivariana', de Chávez y de Maduro?

¿Nada más porque se les ocurrió venerar a los impulsores de la economía socialista en América Latina?

En nombre de ese guevarismo mataron a Eugenio Garza Sada en Nuevo León. ¿Ya lo olvidaron?

Estos empresarios, ingenuos, creen que van a 'controlar' a López Obrador. Es lo que dicen en reuniones privadas.

Pero AMLO anunció que va a derogar “todas las llamadas reformas estructurales”.

¿Creen que siempre no?

Luchó a brazo partido contra la reforma energética –que va a dar resultados positivos dentro de algunos años–. Y escribió cartas a los directivos de las principales petroleras del mundo (entre ellos a Rex Tillerson, actual secretario de Estado de Estados Unidos y entonces CEO de Exxon), para decirles que cuando llegue al poder los expulsaría. Les puso por escrito que tomaría represalias.

¿Lo van a persuadir de que no lo haga?

Ha afirmado hasta la saciedad que va a echar abajo las evaluaciones de maestros y toda la reforma educativa.

¿Lo convencieron de que no?

Ha anunciado una y mil veces que va a frenar el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México para construir uno en la base de Santa Lucía.

¿Ya les dijo en corto que era mentira y que las empresas seguirían trabajando en Texcoco?

Nombró a los dueños de medios de comunicación que eran mafiosos y actuaban contra el pueblo de México. Luego, por arte de magia, a esos mismos personajes los mencionó como ejemplares. ¿Ya le creyeron?

AMLO ha dicho que va a amnistiar a criminales.

Que va a entregar la rectoría de la educación a la CNTE (fue público ese ofrecimiento).

Va a exiliar a millones de capitalinos porque se propone 'descentralizar' prácticamente toda la administración pública federal.

Ha prometido que va a regalar dinero a todos.

Y dice que si eso es populismo, que lo consideren populista.

Bueno, pues aquí estamos ante el caso de empresarios que piensan que una vez que AMLO llegue al poder lo van a controlar.

Allá ellos si se quieren jugar su futuro y no lo quieren frenar ahora por la única vía admisible: el voto.

viernes, 12 de enero de 2018

AMLO, su retrato en 'The New York Times'

Por Pablo Hiriart, El Financiero, 12ene18.

El retrato de López Obrador apareció ayer en The New York Times que, sin mencionarlo ni enfocarse en él, lo exhibe con un texto que –en mi opinión– bien podría ser su radiografía.

Nicholas Kristof reseña el libro How Democracies Die (Cómo mueren las democracias), de próxima aparición, y presenta a sus autores como “dos politólogos especializados en (estudiar y explicar) cómo las democracias se deterioran y mueren, (que) son los compiladores de cuatro signos de alerta para determinar si un líder es un autoritario peligroso”.

Los cuatro signos del líder político “autoritario peligroso” según los profesores de Harvard, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, son los siguientes:

1.- “El líder muestra sólo un débil compromiso con las reglas democráticas”.

2.- “Él o ella niega la legitimidad de los oponentes”.

3.- “Él o ella tolera la violencia”.

4.- “Él o ella muestra cierta debilidad por restringir o frenar las libertades civiles o a los medios”.

La conclusión de los profesores de Harvard citados por The New York Times, es por demás desalentadora:

“Un político que encaje con al menos uno de estos criterios es motivo de preocupación”. Es una conclusión desalentadora para México porque López Obrador, que encabeza las encuestas rumbo a las elecciones presidenciales de julio, cumple no sólo con uno, sino con los cuatro criterios para identificarlo como un “político autoritario peligroso”.

Pero sigamos con el texto publicado ayer por Nicholas Kristof:

“Solemos asumir que la amenaza a las democracias proviene de golpes de Estado o revoluciones, pero los autores señalan que en los tiempos modernos las democracias son más susceptibles de marchitarse en manos de insiders, que ganan poder inicialmente por medio de elecciones. Eso es lo que pasó, en alguna u otra medida, en Rusia, Filipinas, Turquía, Venezuela, Ecuador, Hungría, Nicaragua…”.

Y a la lista anterior, de autoritarismos peligrosos que han asesinado las democracias, pronto habría que agregar a México (apunto yo).

El redactor del New York Times pone un ejemplo que para nosotros es un espejo en el que algunos, o muchos, no se quieren ver: “Venezuela era una democracia relativamente próspera, por ejemplo, cuando el demagogo populista Hugo Chávez explotó las frustraciones de ciudadanos comunes para ser electo presidente en 1998”.

¿Lo vemos o no lo vemos?

¿Lo queremos entender o no lo queremos entender?

Con una de esas cuatro características mencionadas el dirigente político es un “autoritario peligroso”, y AMLO tiene las cuatro.

-¿Muestra débil compromiso con las reglas democráticas? En el caso de nuestro “autoritario peligroso” su compromiso no es débil, sino nulo. Jamás, nunca, ha aceptado el resultado de una elección en la que haya perdido. Para él las reglas electorales se hicieron para violarlas y las autoridades, desde la Suprema Corte hasta el INE, son alcahuetes al servicio de la mafia del poder.

-¿Niega la legitimidad de los oponentes? Desde luego. Sus oponentes son peleles de mafiosos, todos. No le da crédito ni respeto a uno sólo. Tan no son legítimos sus oponentes, que cuando perdió por primera vez la presidencia se declaró, él, “presidente legítimo”, en un evento en la Plaza de la Constitución y designó un “gabinete legítimo” al que hizo jurar.

-¿Tolera la violencia? No sólo la tolera, sino que la defiende, como en el caso de sus aliados de la CNTE que queman autobuses, golpean a policías y humillan (rapan) a maestros que se quieren evaluar.

-¿Muestra cierta debilidad por restringir libertades civiles o a los medios? ¿Cierta? Va mucho más allá. Restringe la libertad de tránsito cuando se enoja, manda tomar el Congreso cuando no le convienen las votaciones e insulta a periodistas y medios que lo critican.

Así que ahí está, en la edición de The New York Times de ayer y en un libro de dos profesores de Harvard que saldrá la próxima semana, el retrato de López Obrador. Aunque no lo mencionen… porque aún no ha llegado al poder.

Twitter: @PabloHiriart

martes, 9 de enero de 2018

Los dos AMLOs

Jorge A. Meléndez Ruiz
09 Ene. 2018

Hace unas semanas revisé el "proyecto de nación" de Morena. Al terminar no pude de dejar de pensar en la novela "El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde".

Tras repasar sus 415 paginitas (por tamaño no queda) cada vez me queda más claro que hay dos AMLOs. Uno es razonable y hace la tarea... y otro es un tipo visceral con ideas muuuy malas. Como diría Jack el destripador, vámonos por partes. Empecemos por el plan.

Es un documento bien estructurado. Se nota que le metieron chamba: trae mucho dato, análisis y benchmarks interesantes. Al final, dividiría mis conclusiones en tres partes:

1. Cosas que preocupan:

· Populismo. Ejemplo, las reformas estructurales: "se consultará a los ciudadanos si se mantienen o se cancelan... y se respetará la decisión de la mayoría". ¿Qué qué? Primero, lleva años atacándolas. Segundo, ¿qué decidirá un electorado poco educado? ¡Tirarlas! Perdón, pero hay muchas cosas buenas en las reformas. La postura madura sería ajustar lo necesario, por ejemplo en la pésima ejecución de algunos aspectos. Tirarlas así nada más es retrógrado.

· Simplismo. Ejemplo, la corrupción: "El pueblo mexicano es decente. Por tanto, simplemente, se requiere de voluntad política. Erradicar la corrupción depende en gran medida de la voluntad política y capacidad del titular del Ejecutivo y la autoridad moral de los gobernantes". Así de fácil... López Obrador tiene la varita mágica. Sí, cómo no...

2. Las típicas vaguedades. El documento está lleno de obviedades. Por ejemplo:

· Ley Federal de Combate de Conflictos de Interés.

· Proceso de recuperación del salario mínimo de manera paulatina.

· Investigación minuciosa y cancelación de empresas fantasma.

· Realizar las inversiones necesarias en Pemex.

· Favorecer la economía social, solidaria y cooperativa en la contratación gubernamental.

· Gestión adecuada de Zonas Naturales Protegidas.

· Participación aleatoria de vigilantes ciudadanos.

Hay cientos en el plan: lo que en inglés se conoce como "motherhood and apple pie". Nadie está en contra de la maternidad y el pastel de manzana. Decir que "se erradicarán empresas fantasmas" no significa que se vaya a hacer. Faltan los "cómos". El proyecto está lleno de "qués"... ah, y de muchas leyes y comités ciudadanos. Típico de cualquier político.

3. Lo que tiene sentido. En lo general, todo lo económico tiene un amplio diagnóstico analítico, benchmarks y propuestas (muchas vagas y algunas malas). En el gasto público por ejemplo se incluye un listado (sin detalle de cómo se obtuvo) de ahorros y reasignaciones que superan los 400 mil millones de pesos.

Digamos que el proyecto de nación de Andrés Manuel representa al Dr. Jekyll. Sin ser algo fantástico y aun teniendo vaguedades y aspectos inquietantes, por lo menos revela un apego al trabajo.

Pero luego el rayito toma alguna poción y se aparece el Mr. Hyde de Macuspana. López Obrador sigue diciendo demasiadas idioteces.

El ejemplo más reciente es "la amnistía al narco", una idea malísima. Tiene razón Pepe Toño Meade: es ponerse del lado de los victimarios. No sólo eso, sino que también muestra ese pensamiento mágico tan típico del tabasqueño. ¿A poco cree AMLO que perdonando a los narcos se acabarán los crímenes? Por Dios.

Así por el estilo son muchas de las cosas que dice y hace López Obrador en entrevistas, mítines o escritos:

· Atacar las evaluaciones educativas magisteriales y mostrar simpatía por fuerzas retrógradas como la CNTE.

· Abrazar teorías del compló buscando siempre culpables afuera de sus acciones o su círculo.

· Prometer regalar dinero a distintos grupos (ninis, jubilados, etc.).

· Ofrecer amnistía también a políticos corruptos del pasado.

· Rodearse de gente con pasados oscuros y decir que "se han reconvertido". Una especie de "purificación a la Tlatoani".

· Proponer simplezas ingenuas sobre temas complejos, como todo lo relacionado a hidrocarburos.

Entonces, ¿a quién hay que creerle? ¿Al Dr. Andrés o a Mr. López? Para mí, esa es la pregunta central que un votante racional deberá responder en los siguientes meses antes de decidir su sufragio.

De la resolución de esta novela dependerá en mucho el futuro de México, ¿no le parece?


EN POCAS PALABRAS...

"Me puedo liberar de Mr. Hyde en el momento que quiera".

Dr. Jekyll


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