jueves, 7 de diciembre de 2017

Amnistía y violencia

Sergio Sarmiento, Mural, 7 dic. 17


"Ojo por ojo, y el mundo acabará ciego".

Mahatma Gandhi
 
 
Hubo quien dijo que Andrés Manuel López Obrador se había equivocado, que en la confusión de un chacaleo respondió sin pensar a la pregunta de un reportero: "Vamos a hacer todo lo que se pueda para que logremos la paz en todo el País, que no haya violencia. Si es necesario, vamos a convocar a un diálogo para que se otorgue amnistía, siempre y cuando se cuente con el respaldo de las víctimas, de los familiares de las víctimas".

Pero López Obrador no se equivocó este 2 de diciembre en Chilapa, Guerrero, una de las zonas más afectadas por la violencia en el País. Quizá no está comprometido con una amnistía, pero sí está considerando la posibilidad de un diálogo y un perdón. No es con más soldados, marinos y policías, dice, como se va a resolver el problema de la inseguridad.

Hay buenas razones para cuestionar un diálogo con los líderes del crimen organizado y la posibilidad de otorgarles una amnistía. Hubo un tiempo, cuando había un verdadero cártel, el de Guadalajara, en el que quizá se podría haber negociado con un capo o con un grupo relativamente pequeño de líderes del crimen. Hoy, después de décadas de guerra contra las drogas, la hidra tiene ya cientos o miles de cabezas. ¿Cómo escoger con quién negociar?

La respuesta de López Obrador a los cuestionamientos de los Secretarios de Defensa y Marina sugiere que, lejos de haberse equivocado, él cree realmente en dialogar con los líderes del crimen. En Oaxaca este 5 de diciembre dijo que sabía que a los titulares de estas dependencias "les ordenaron lanzarse en contra nuestra, pero siempre digo lo que pienso". Añadió: "La política se inventó para evitar la guerra. La paz y la tranquilidad son frutos de la justicia". Y parafraseó a Gandhi: "Ojo por ojo, diente por diente, nos dejaría ciegos o tuertos o chimuelos y no resuelve el problema".

Sería imposible, es verdad, negociar con miles de criminales a la vez. Los delitos que más duelen no los cometen las grandes bandas del narcotráfico sino grupos relativamente pequeños de delincuentes. López Obrador, sin embargo, ha entendido la exasperación de la población ante una inseguridad que no ha hecho más que aumentar en los últimos años, a pesar de que el gobierno ha gastado cantidades crecientes de dinero para fortalecer a las policías, las procuradurías y las Fuerzas Armadas. Una vez más Andrés Manuel está estableciendo la agenda de fondo en un proceso electoral.

El problema de la inseguridad no tiene soluciones fáciles. López Obrador señala en su Proyecto de Nación 2018-2024 que la inseguridad es producto del desempleo, la pobreza y la desintegración familiar. Esta idea, de que los pobres son los responsables del crimen, no es avalada por la información. Es falso que los pobres sean más proclives a cometer delitos. La información disponible sugiere que la mayoría de los criminales pertenecen a la clase media y no a los grupos más pobres. La idea de que los huachicoleros o quienes asaltan trenes lo hacen por hambre es simplemente falsa.

La estrategia de utilizar la represión para reducir el consumo de las drogas, sin embargo, no ha disminuido su uso, aunque sí ha provocado una dramática explosión de violencia. Quizá la solución no radica en reglamentar el uso del Ejército como policía, como lo hace la Ley de Seguridad Interior, ni en otorgar amnistías a los principales criminales. Una medida más sencilla, y más eficaz, sería legalizar las drogas y usar a la policía para combatir los crímenes con víctima.

 
 
¿PÁNICO?

 
Enrique Ochoa, presidente del PRI, declaró en Tlaxcala que el destape de José Antonio Meade hizo que López Obrador entrara en un "estado de pánico", lo que explica su oferta de amnistía a criminales. Curioso. Porque en todas las encuestas que he visto AMLO sigue en un cómodo primer lugar.

 
@SergioSarmiento

Narcoamnistía

Ricardo Elias, Mural, 7 dic 17.

La idea de López Obrador (AMLO) de ofrecer una "amnistía" a los narcotraficantes, para con eso -según él- pacificar el País es, por decir lo menos, una tontería.

Esto es lo que dijo: "(...) vamos a convocar a un diálogo para que se otorgue amnistía, siempre y cuando se cuente con el apoyo de las víctimas", agregando luego "con el apoyo de los familiares de las víctimas".

Supongo que añadió esto último al darse cuenta que es imposible obtener apoyo de las víctimas, porque la mayoría están muertas.

AMLO no distingue (¿o no sabe?) la enorme diferencia que hay entre otorgar una amnistía a sicarios y capos del narcotráfico, y a líderes de movimientos políticos o miembros de ejércitos revolucionarios, como la amnistía otorgada a las FARC en Colombia que además sólo aplica a quienes cometieron delitos menores, y nunca a criminales que han asesinado y descuartizado a miles de personas.

Si la violencia en el País se debe principalmente a las narcoactividades, haría más sentido analizar los pros y contras de la legalización de las drogas como medio para pacificar el País que analizar el indulto a criminales presos, lo cual más que una amnistía, sería un vil intercambio de impunidades.

Cuando los reporteros que sí son capaces de cuestionar y rebatir con argumentos las ocurrencias le preguntaron a AMLO si esta amnistía de que habla alcanzaría a los líderes de los cárteles, su respuesta fue: "Vamos a plantearlo. Lo estoy analizando. Lo que sí les puedo decir es que no va a quedarse ningún tema sin ser abordado, si se trata de garantizar la paz y la tranquilidad".

Las frases "lo estoy analizando" y "vamos a plantearlo" son muy reveladoras de quién es AMLO y cómo piensa.

La primera ("lo estoy analizando") revela que es él solo el que hace y deshace, y que la democracia y las instituciones le importan poco o nada. Como lo haría un dictador, él no propone, él decreta.

En la segunda frase ("vamos a plantearlo"), el plural que usa no lo percibo como un plural democrático o incluyente, sino como el plural mayestático que se comenzó a usar en la edad media por reyes y papas.

El plural mayestático, o "plural de majestad", consiste en referirse a uno mismo, sea hablante o escritor, mediante el uso de la primera persona del plural y usando el pronombre "nos", en sustitución de "yo", imitando el estilo lingüístico de los reyes y altos jerarcas de Iglesia, que se expresan en plural (hemos decidido otorgarle a...).

Hoy en día, la clase política utiliza este modo de hablar para ya sea diluir responsabilidades a la hora de tomar ciertas decisiones, o bien para dar la impresión de que sus ideas son apoyadas por los demás ciudadanos.

No confundamos el plural mayestático de AMLO con el plural de modestia que se emplea cuando alguien quiere no darse importancia, y que es utilizado por los mexicanos más humildes. La primera vez que identifiqué este modesto modo de hablar, fue cuando un pintor que había contratado para un trabajo me pidió un anticipo diciéndome: "¿nos da pa'l material?". Y como cuántos pintores serían, me pregunté yo, pues yo sólo lo veía a él y sin embargo me hablaba en plural.

Regresando al tema de la amnistía, es obvio que una eventual liberación de capos sería el resultado de negociaciones directas con ellos, por lo que las preguntas que AMLO debiera hacerse y responder antes de siquiera proponer semejante plan, serían: ¿qué pedirían los narcos a cambio de pacificar el País -asumiendo por supuesto que son capaces de garantizar la paz, lo cual es bastante cuestionable- y qué estaría el gobierno, en manos de AMLO, dispuesto a ofrecer a cambio?

¿Simplemente los perdonaría y dejaría en libertad a cambio de promesas de no violencia, que pueden ser tan vacías y falsas como sus propias promesas? ¿Seguirían operando sus narconegocios? ¿Los perdonaría y les incautaría todos sus bienes, es decir, los dejaría libres y pobres como empezaron, o terminarían libres y ricos?

Todo esto y muchas cosas más relacionadas con la complejidad de otorgar una amnistía confirman que de AMLO sólo se pueden esperar ocurrencias y utopías, y que a cada uno de nosotros nos dirá siempre lo que queremos oír con tal de ganar votos.


"Todo dictador es enemigo de la libertad, y un opositor a la ley".

Demóstenes
 
 
ricardoelias1@gmail.com
 
ricardoelias.mx

miércoles, 6 de diciembre de 2017

El error de López Obrador

Raymundo Riva Palacio, 6 de dic. 17 El Financiero.

Si quería captar la atención de la respetable opinión pública y la sociedad política, Andrés Manuel López Obrador lo logró con creces, aunque negativamente, por su declaración de que analizaría darle amnistía a los líderes de los cárteles de las drogas a cambio de regresar la paz a las calles mexicanas. No ha habido nadie con autoridad moral o representatividad, salvo la secretaria general de Morena, Yeidckol Polevnsky, que haya salido a defender o explicar las razones de López Obrador. Tampoco él tuvo los reflejos para enfrentar y salir de la avalancha que le cayó encima. En su propio portal no se registró la declaración que hizo el sábado en Guerrero, donde adelantó la propuesta que tanto daño le está causando. La errata comenzó a ser reconocida en casa, pero orgulloso, no la admite todavía.

Si quería López Obrador confrontarse con todos, comenzar a ser criticado por el simplismo de su propuesta y mofa en las redes sociales –donde circuló desde el lunes al mediodía un meme de Joaquín El Chapo Guzmán con la leyenda de campaña, “estaría mejor con López Obrador”–, este fue el mejor camino. Si quería seguir agraviando a las Fuerzas Armadas, fue el atajo más rápido. El gobierno no puede pactar con la delincuencia organizada, dijo el secretario de la Marina, el almirante Vidal Soberón, porque sería convertir al Estado en parte de la delincuencia organizada. ¿Habrá pensado López Obrador que su propuesta convertiría a su eventual gobierno en un delincuente? 

López Obrador necesita corregir rápidamente su dicho y rechazar esa propuesta. Su autoridad moral como líder depende de ello y no puede refugiarse en su base electoral, que es incondicional y a la que no le importa estar dentro de la ley o en la ilegalidad, o que sus dichos y ocurrencias le causen daño político a aspiraciones presidenciales, o lo descalifiquen como un aventurero que no entiende la complejidad de los temas de fondo. No puede jugar con su gradería que, en dos elecciones presidenciales, ha mostrado ser insuficiente para llegar al poder.

Desde el lunes, varios analistas han mostrado lo inútil que ha sido esta medida en experiencias internacionales. Tiene una doméstica, emprendida por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto en Michoacán, donde, en 2013, con la finalidad de liquidar a Los Caballeros Templarios, armó grupos paramilitares, denominados grupos de autodefensa civil, con protección del Ejército y la Policía Federal, inspirados e infiltrados por los cárteles Jalisco Nueva Generación y de los hermanos Beltrán Leyva. Esas acciones representan el elemento más vulnerable que tiene el presidente Peña Nieto para que pueda ser llevado a cortes internacionales acusado de genocidio. ¿Qué nadie le explicó a López Obrador aquel episodio que consideraría repetir, a nivel nacional, de ser presidente?

Una línea de discusión en los medios comenzó, en cambio, a socializarse. Si López Obrador plantea la amnistía para los líderes de los cárteles de las drogas, ¿no está buscando también financiamiento del narcotráfico para su campaña presidencial? Cercanos a López Obrador aseguran que es un disparate, pero al igual que las técnicas que él maneja, las percepciones se van construyendo hasta convertirlas en realidad. Para que una percepción cobre legitimidad –que no es lo mismo que legalidad o certeza–, debe haber elementos que la alimenten. López Obrador los tiene. Recientemente en Guerrero, donde hizo esa declaración, nombró como su coordinador de campaña al exalcalde de Acapulco, Félix Salgado Macedonio, de quien se escribió en este espacio en febrero de 2007: 

“¿Qué tanto se metió el alcalde de Acapulco con los cárteles de las drogas? No hay acusaciones contra él a nivel federal, ni averiguación previa en marcha. Sí se tiene indicios en el gobierno federal de que hubo dinero del narco en la campaña de Salgado Macedonio, de los dos cárteles que se disputan Acapulco, el de Sinaloa y el del Golfo, que encabezan los hermanos Beltrán Leyva y su socio Joaquín El Chapo Guzmán, y el recientemente extraditado a Estados Unidos, Osiel Cárdenas”. 

Los nexos oscuros de López Obrador en Guerrero no le ayudan en absoluto. En 2006, Salgado Macedonio acumulaba 20 amenazas de muerte y había bajado cerca de 30 kilos de peso por las angustias. Salvó su vida por la protección federal y porque los cárteles comenzaron su guerra de unos contra otros. Otro asociado a López Obrador en Guerrero es Lázaro Mazón, que fue secretario de Salud en el gobierno de Ángel Heladio Aguirre, quien lo separó (del cargo) después de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa por su relación con el alcalde de Iguala, José Luis Abarca, a quien presentó a López Obrador para que lo apoyara en su carrera política. Abarca está preso por aquél crimen, y se han ido recopilando evidencias que lo vinculan directamente con aquella desaparición y el asesinado de varios de esos estudiantes.

López Obrador va a seguir abriendo espacios para que lo critiquen o denuesten si no lo frena. Las analogías se van a trazar rápidamente con Venezuela, donde ya lo han estado equiparando con el finado Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro, que han tenido conexiones con los cárteles de las drogas y crearon un incipiente narcoestado. Es claro lo que tiene que hacer el precandidato presidencial aquí: rectificar y establecer una postura contundente contra los criminales, sin matices. O está a favor, o está en contra de los cárteles de las drogas. No hay más para dónde hacerse. Como es su comportamiento público, está entre el todo o el nada, sin nada en medio.

Twitter: @rivapa

martes, 5 de diciembre de 2017

AMLO busca financiar campaña con el narco: El Bronco



México no puede negociar con el narco, advirtió Jaime Rodríguez Calderón, aspirante a la candidatura independiente a la Presidencia de la República.
Al término del foro “Fortaleza Ciudadana, Compromiso por la Seguridad”, el también gobernador de Nuevo León condenó la propuesta del líder nacional y dueño de Morena, Andrés Manuel López Obrador, respecto a perdonar al crimen organizado.
Aseguró que este tipo de acuerdos no han funcionado y atribuyó el planteamiento del representante de Morena a su búsqueda de recursos para financiar su campaña y captar simpatías.
“No debemos de poner en duda que este país no pude negociar con los narcos, no ha funcionado en ninguna parte (del mundo). Si fuera una intención real no creo que sea conveniente, no es conveniente para México, eso es peligroso”, expresó.
De ser así, cuestionó, quién pagaría por la muerte de millones de personas, tanto civiles como policías, en la lucha contra la delincuencia organizada.
“No podemos jugar en ese sentido para ganar votos o de ganar simpatías… a lo mejor Andrés Manuel quiere poner a Caro Quintero de Secretario de Finanzas, a la mejor quiere poner al Chapo en el tema de Secretario de Seguridad Nacional, ya los perdonó”.
Refirió que es muy fácil hablar cuando no se ha sido víctima de la delincuencia, y más aún en caso de López Obrador, quien suma más de 18 años de vivir del erario.

Perfidia contra las Fuerzas Armadas

Pablo Hiriart, El Financiero, 5 dic 17

De la manera más grotesca, desde el flanco de Morena y de algunos anayistas se ha hecho creer que el problema de la criminalidad en México es culpa del Ejército y no del narco.

Morena y su candidato presidencial han exigido el retiro inmediato del Ejército a sus cuarteles, a la vez que promueven una amnistía a los capos del narcotráfico.

Sí, una amnistía a “los que han matado bebés delante de sus padres. Han obligado a hermanos a mutilar a sus hermanos. Han sacado los ojos a militares vivos para jugar con ellos antes de matarlos”, como lo expresó de manera cruda pero verídica el consultor Xavier Tello en redes sociales.

Pero el cinismo no para ahí.

En el programa de gobierno de Morena, presentado el 20 de noviembre, se plantea crear una Guardia Nacional con el apoyo de 214 mil 157 soldados y 55 mil 574 marinos “para garantizar la seguridad de los mexicanos y serenar al país”.

Los legisladores de Morena han arremetido contra la Ley de Seguridad Interior que se votó en Diputados y hoy estará en el Senado, pero su Proyecto Alternativo de Nación, página 63, apunta: “Si el ejército mexicano continuará en las calles (sic), sería necesaria una ley de seguridad interior, ya que no es factible que el ejército continúe haciendo labores de seguridad pública que no le corresponden sin un ordenamiento legal apropiado”.

Han rechazado el mando policial único en las 32 entidades federativas –que es la alternativa a la presencia del Ejército en las calles– porque, lo han manifestado en la tribuna de la Cámara de Senadores, “se trata de una imposición de Estados Unidos”.

Pero en el programa de gobierno presentado el 20 de noviembre, proponen “retomar al mando único policiaco” con 32 corporaciones estatales.

¿De qué se trata el juego?

Se trata de que a México le vaya mal, para que a ellos les vaya bien. La máxima cubana: “mientras peor, mejor”.

El PRD y el anayismo también están contra la Ley de Seguridad Interior, que da un marco jurídico a las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública, muy a su pesar y por incompetencia de los civiles o perfidia como la de AMLO y Morena.

Si no están de acuerdo con la presencia del Ejército en las calles, que pidan el regreso a sus cuarteles en los estados que gobiernan. Así de fácil. Está entre sus facultades, nadie se los puede imponer.

A ver, Silvano Aureoles, ¿por qué pide apoyo del Ejército en Michoacán, y su partido vota contra de la Ley de Seguridad Interior en el Congreso?

Demasiado cinismo.

Peor aún los anayistas, como el gobernador de Chihuahua Javier Corral, que exhortó a los senadores del PAN a rechazar la Ley, y a la vez pide que por favor los soldados no salgan de su estado.

En Chihuahua la criminalidad iba hacia abajo, se ponía como ejemplo de control de la violencia, pero con la llegada de Corral los asesinatos se dispararon al grado de darse uno cada cinco horas, ya es de nuevo la segunda entidad con más crímenes y regresaron las matanzas.

Las víctimas en esa entidad no son únicamente delincuentes, sino que también alcanzan a periodistas, empresarios, niños y civiles inocentes.

A ver Corral, pida que se vaya el Ejército de Chihuahua. ¿Dónde está la congruencia? Si ése es el problema, la solución es fácil.

La Ley de Seguridad Interior establece un plazo para que las Fuerzas Armadas permanezcan en las calles de un estado: un año. Así debe ser. Y aplicarla.

Si no se presiona a gobernadores y políticos irresponsables para que armen buenas policías estatales (recursos han tenido a manos llenas), seguirán empleando al Ejército para contener un poco la criminalidad, y desde luego que esa no puede ser la solución permanente.

Mientras, usan al Ejército, lo calumnian en el Congreso y en los medios de comunicación, y piden la amnistía para quienes les arrancan los ojos a los soldados.

La 'pax narca' de Andrés Manuel

Riva Palalcio, El Financiero 5 dic 17.

De manera innecesaria, Andrés Manuel López Obrador, quien sería presidente de la República si en estos momentos se realizaran las elecciones presidenciales, dijo estar abierto a analizar la propuesta de darle amnistía a los líderes de los cárteles de las drogas a cambio de que se comprometan con la paz. La propuesta no viene incluida en el proyecto de nación que dio a conocer en noviembre, pero no es algo que haya estado fuera de su cabeza durante algún tiempo. La diferencia es que, si en otros momentos parecía una más de sus ocurrencias, hoy, ante la inminente campaña electoral, se convierte en un arma. La más letal, en su contra, la disparó el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, quien afirmó que esa idea haría de México un narcoestado.

López Obrador tiene una lengua muy suelta, que como dice unas cosas, dice otras, y se corrige sin prurito alguno. Así sucedió con su propuesta de descentralizar las secretarías de Estado, que menos de 24 horas después rectificó y dejó en su lugar actual a dependencias como las que albergan las Fuerzas Armadas. Ya explicaría las razones de ese cambio, dijo para justificar su súbito cambio de señal, sin que hasta ahora haya aportado claridad sobre la marcha para atrás. Pero ahora, con la amnistía que propone para los líderes de los cárteles de las drogas, volvió a lastimar a las Fuerzas Armadas y, sobretodo, a los familiares de decenas de miles de víctimas de la cruenta lucha contra las bandas criminales.

No entiende mucho López Obrador del tema del narcotráfico, aunque critica de manera regular todo tipo de estrategia. No combatir al narcotráfico durante los primeros ocho meses del gobierno de Enrique Peña Nieto, ignora, provocó el reforzamiento de los cárteles de las drogas y el inicio del fin de la inútil estrategia de seguridad en la administración, que en buena medida le costó la candidatura presidencial a su arquitecto, el secretario de Gobernación. La propuesta de amnistía la acompaña de una estrategia integral que, si se excluye el perdón a criminales, es lo mismo que propuso el expresidente Felipe Calderón en 2009, y buscó concretar Peña Nieto desde el principio de su gestión. La única analogía con su propuesta es con Vicente Fox, quien la planteó como expresidente en 2011. Lo preocupante no es la falta de novedad en sus ideas, sino lo reiterativo de su propuesta para perdonar criminales, que sugiere que no es una “locura”, como la calificó el presidente del PAN, Ricardo Anaya, sino una semilla que está floreciendo en su cabeza.

Alexia Incómoda, el nombre bajo el cual conversa una de las personas más informadas en seguridad y política que habitan el universo de Twitter, recordó el lunes, como contexto de los dichos de López Obrador, que esa propuesta la ha hecho a lo largo de todo el año, comenzando en Sinaloa, cuando la Marina realizó operativos quirúrgicos en contra de las bases de apoyo de Joaquín El Chapo Guzmán, y cuando en febrero sus comandos abatieron a Juan Francisco Patrón Sánchez, apodado El H-2, quien era el jefe de plaza del Cártel de los Beltrán Leyva, enemistados con Guzmán y el Cártel del Pacífico desde 2008, en Nayarit. La historia del perdón a criminales por parte de López Obrador no es nueva. La idea de cómo se puede trabajar desde el poder con el narcotráfico, tampoco. Quizá tampoco originalmente de él.

El pacto con los narcos desde el poder ha dominado los libretos más exitosos en la producción de telenovelas de Epigmenio Ibarra, director general de Argos Comunicación, que desarrollan las vinculaciones criminales con funcionarios de los tres niveles de gobierno. La historia de las narconovelas producidas por la empresa cofundada por Ibarra en 1992, comenzó en 1996 con 'Nada Personal'. En 2012 produjo 'Infames', que planteó la relación de los líderes del narcotráfico con una poderosa Secretaría de Hacienda, donde la mano derecha del titular era familiar de uno de los líderes. La más famosa de todas sus narconovelas es 'El Señor de los Cielos', que recrea la vida de Amado Carrillo, el jefe del Cártel de Juárez, y jefe de todos los barones de la droga, que acordaba con la presidencia la pax narca, cuya primera temporada se transmitió en 2014. De ella se desprendió 'El Chema', en 2016, que recrea la vida de El Chapo Guzmán.

Ibarra, quien ha trabajado o estado cerca de López Obrador desde hace unos 15 años, es uno de los principales responsables del aparato de propaganda del precandidato presidencial, quien a través de sus redes sociales hizo virales temas como el movimiento #YoSoy132, o cruzadas contra Peña Nieto en el mundo virtual, como el aglutinado en el hashtag #RenunciaYa. Paralelamente, ha hecho a Peña Nieto responsable del 'crimen de Estado' por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en 2014. Probablemente, vista la propuesta en este contexto, es Ibarra quien sembró en su cabeza la idea de amnistiar criminales.

López Obrador, en todo caso, es el responsable de sus palabras, al ser el diseminador y promotor de esta propuesta y pensar incorporarla a su proyecto de nación. Bien se vería México de concretarla: el Ejército y la Marina a los cuarteles; los jefes de los cárteles de la droga, asesinos de militares y policías, a las calles. La pax narca renacería bajo su gobierno. A menos que rectifique la propuesta.

AMLO amnistía a la mafia... la de verdad


4/DIC/17 Jorge Fernández Menéndez.

No es la primera vez que López Obrador interrogado sobre qué hacer para recuperar la seguridad habla de Paz, amor y de otorgar una amnistía a los narcotraficantes. Lo dijo en la campaña del 2006 y del 2012. En ambas tuvo respuesta de los grupos criminales: candidatos suyos pudieron hacer campaña en distritos vedados para otros candidatos e incluso para representantes del entonces IFE, sobre todo en Guerrero. Fue notorio el activismo en su favor en entidades como Tamaulipas, por parte, sobre todo, de los grupos relacionados con Osiel Cárdenas.


En esas campañas Andrés Manuel tuvo el apoyo implícito de los grupos criminales, como lo tendrá ahora no sólo por la propuesta de declarar una amnistía sino también porque su propuesta de seguridad pública omite cualquier alternativa de lucha contra el crimen organizado, retira al ejército y la marina de esas responsabilidades y deja el terreno libre para la operación de los grupos criminales.
         Pero el tema va más allá de la irresponsabilidad manifiesta que siempre ha tenido el candidato de Morena en estos temas (durante su periodo en la Ciudad de México la inseguridad se disparó hasta niveles inigualables, muy superiores al día de hoy y su respuesta fue que era una queja de los pirruriscapitalinos), llega también al ámbito ideológico.
         Para López y quienes actúan como sus usinas de pensamiento, como Epigmenio Ibarra, el narcotráfico y la violencia que de él se deriva, debe ser tratado como si habláramos de una guerrilla opositora al gobierno. Por eso plantean negociar con él y López Obrador  insiste una y otra vez en que se trata de una lucha del pueblo contra el pueblo. Epigmenio suele presentar de la misma forma el tema en sus novelas, como Ingobernable, donde no hay diferencias entre los narcotraficantes, los fayuqueros, la guerrilla, la oposición.
         Hay medios cercanos a estos grupos que venden la idea, una y otra vez, de que los desaparecidos son un símil de los miles de desaparecidos que ocasionaron las dictaduras militares de los años 70 en Centro y Sudamérica, sobre todo en Argentina, obviando el hecho elemental de que aquella fue una brutal estrategia de Estado contra sus opositores políticos y que la enorme mayoría de los desparecidos en México son personas eliminadas por los grupos criminales en guerra, sobre todo, con otros grupos criminales, y son también, muchos, hombres y mujeres que simplemente pagaron con su vida no haber pagado chantajes o rescates de secuestros realizados por los propios grupos criminales.
         Los narcotraficantes a los que quiere amnistiar AMLO, no tienen bandera política o social alguna más allá de sus negocios y la acumulación de dinero y poder, a través de la violencia, la corrupción, la intimidación. Resulta absurdo que López Obrador se diga un luchador contra lo que llama la mafia de poder y sea tan indulgente con la mafia a secas.
         Los personajes a los que López Obrador quiere indultar (una forma de acceder a sus recursos y apoyos) son genocidas: son criminales que han acabado con la vida de miles y miles de mexicanos y lo han hecho simplemente por hacer negocio. Son criminales que en la mayoría de los casos no sólo introducen drogas en otros países (en Estados Unidos los opiáceos han causado 60 mil muertes este año) sino que también las venden entre nuestros hijos. Son miles los jóvenes mexicanos muertos por consumir drogas o por sus secuelas. Son criminales que se dedican también al secuestro, a la extorsión, al huachicoleo, que roba miles de millones al patrimonio público, que son el principal factor de corrupción del país.
         Nunca, ninguna democracia del mundo ha hecho un pacto o una amnistía como la que propone López Obrador con los grupos criminales. Lo ha hecho pero no de forma pública, el gobierno de Vladimir Putin con sectores de la mafia rusa que terminaron unificados en los hechos con los principales grupos de lo que fue la KGB (por cierto, ¿han visto qué bien trata el órganos oficial de Putin, el Rusia Today a López Obrador?)
         Fox decía que la amnistía con los narcos podía ser similar a la que se realizó en 1994 con los zapatistas. Gente del entorno de López dice que ahí está el ejemplo del acuerdo de Colombia con la FARC. Olvidan que más allá de que ambos grupos tuvieron algún contactos (muchos en el caso de las FARC) con el crimen organizado, en esencia eran, son, grupos políticos, guerrillas con una ideología compartible o no, pero con objetivos políticos. Por eso se podía y debía dialogar con ellos, y por eso se pudo llegar a acuerdos. Por cierto, en Colombia lo más complejo fue deslindar de los acuerdos a grupos de las FARC que se habían involucrado tanto en el narcotráfico que ya, simplemente eran parte de él. Esos grupos despojados ya de cualquier bandera ideológica siguen trabajando para quien siempre lo hicieron, los criminales.
         La campaña y la propuesta de López Obrador está destinada a abrir el camino a los criminales, no a cerrárselo. No se trata de analizar estrategias que pueden ser más o menos acertadas para combatir el crimen, sino de rendirse ante el él para incorporarlo a una lógica de gobierno, como hicieron en su momento Putin (el que más éxito tuvo en ello), pero también los gobiernos de Cuba y sobre todo de Venezuela.
         No se trata sólo de la amnistía a los narcotraficantes, sino también de la intención de desmantelar toda la institucionalidad de seguridad en el país: al ejército y a la marina los califican de represores y de perpetrar masacres; no quieren una ley de seguridad interna ni ninguna norma que permita darle un curso legal a la lucha contra los criminales. La suya, en estos temas es, simplemente, una estrategia criminal más, de una irresponsabilidad e ignorancia inaceptables.

lunes, 4 de diciembre de 2017

AMLO ya huele la derrota

Pablo Hiriart, 4 dic. 17 El Financiero

La mejor prueba de que la candidatura presidencial de José Antonio Meade cayó bien en la población, es que López Obrador montó en cólera y perdió la compostura.

Se puso furioso y volvió a ser él.

Adiós a la quietud y bonhomía de abuelito que le quisieron dar sus publicistas, y regresó a ser el político colérico, intolerante y grosero contra los que no piensan como él o no se le suman.

Volvió a gritonear en los mítines porque le dolió en lo más profundo la candidatura de Meade.

Le gritó “señoritingo”, “títere”, “pelele”, “corrupto” y otros improperios propios de un hombre que pierde la cordura cuando tiene enfrente a alguien éticamente intachable, técnica y académicamente superior.

Lo acusó de deshonesto. Eso es grave y valdría la pena, por el bien de la transparencia y en beneficio de los votantes, que ambos dijeran en un debate público de qué han vivido y cuántos impuestos han pagado por sus ingresos.

Es importante que lo hagan porque muy probablemente uno de los dos será el próximo presidente de México.

López Obrador arrancó su campaña contra Meade con varias mentiras: “ni con la abrumadora campaña mediática del destape, la mafia del poder pudo colocar a Meade en segundo lugar. Además de honestidad le falta carisma”.

A ver. Eso de que no está en segundo lugar lo tomó de la encuesta publicada el jueves por el diario Reforma, que en su primera plana pone a Meade un par de puntos debajo de Ricardo Anaya. Es decir, en tercer lugar.

Sin embargo, esa encuesta, como informa el diario en páginas interiores, se levantó antes del destape de José Antonio Meade.

Lo acusó de traer una “abrumadora campaña mediática” con su destape. Por favor. Si alguien ha tenido una abrumadora campaña presidencial en todos estos años ha sido López Obrador, quien ha captado la atención de los medios porque es el único candidato presidencial en campaña.

Si Meade está en todos los medios de comunicación es porque es noticia que el PRI lleve a un candidato ciudadano, lo que nunca había ocurrido en la historia de ese partido.

Y si aparece en los medios con una fuerte presencia es porque no le tiene miedo a dar entrevistas a todos.

López Obrador se intimida ante un entrevistador, o sólo acepta hablar con quienes piensan como él. Al periodista que lo cuestiona, lo agrede, porque en el fondo casi todo enojo es miedo.

¿Deshonesto Meade?

Otra mentira. Y muy fácil de comprobar. Que digan ambos, López Obrador y Meade, de qué han vivido en los últimos diez años. Que lleven sus recibos de ingresos y sus comprobantes fiscales.

Esa prueba la pasa Meade y no López Obrador. Por eso está colérico, iracundo, furioso. Enfrente tiene a un rival que lo supera en estatura ética. Se le cae su bandera principal.

Su discurso en Tacámbaro fue patético. “Títere”, “señoritingo”, “pelele”, le dijo a Meade, y volvió a la carga al siguiente día en Guerrero.

¿Dónde quedó la paz del abuelito tras la paloma?

Sería mejor que lo emplazara a un debate para hablar de los temas nacionales, pero volvió a lo suyo: al discurso grosero, agresivo, sin búsqueda de diálogo ni de confrontación de ideas y de biografías.

AMLO tiene miedo. Vuelve a hablar de “imposición”.

Huele la derrota.

Twitter: @PabloHiriart

miércoles, 29 de noviembre de 2017

¿A cuál López Obrador creerle? ¿Al de Romo o al de Ackerman?


LEO ZUCKERMANN

Yo creo que a los dos porque AMLO, precisamente, tiene esas dos caras para jugar en dos pistas distintas. Usa a Romo (y Romo lo usa a él porque así es la política) para presentarse como un candidato moderado al cual los empresarios no tienen por qué temerle.

03 de Abril de 2017
Hace poco, en el programa de televisión que conduzco en FOROtv, tuve una buena plática, de sustancia, con Alfonso Romo sobre el proyecto de gobierno de Andrés Manuel López ObradorRomo es un exitoso empresario regiomontano que está encargado de coordinar la elaboración de dicho proyecto. Analizamos diversas propuestas que describe el candidato presidencial de Morena en su más reciente libro, La salida: decadencia y renacimiento de México. Después de una hora de charla, me quedó claro que Romo ve en AMLO a un político pragmático, moderado en muchos sentidos, que no cometería ningún tipo de locuras de ganar la Presidencia.
Unos días después de esta entrevista, López Obrador viajó a Nueva York y Washington como parte de sus giras para promover su candidatura presidencial en Estados Unidos. Ahí, presionado por uno de los padres de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, acusó, de manera indirecta, al Ejército mexicano por lo ocurrido la fatídica noche del 26 de septiembre de 2014. Esta misma postura —de la presunta culpabilidad de las Fuerzas Armadas— ha sido impulsada por el editorialista de La JornadaJohn Ackerman, quien acompañó a López Obrador en esa gira internacional. Ackerman es un militante de la izquierda radical. Está en todo su derecho. Hace unos días, en su espacio editorial, defendió al régimen político de Nicolás Maduro en Venezuela considerando que ese país era “más democrático y respetuoso a los derechos humanos que México”. Yo, desde luego, no estoy de acuerdo, pero ése es otro tema. Lo que quiero destacar en este artículo es el papel de Ackerman en la campaña de AMLO. El también académico de la UNAM trabaja activamente a favor del tabasqueño a quien considera como la única salvación para el país por los grandes cambios que haría de llegar a la Presidencia. El de Ackerman es un López Obrador diametralmente distinto al de Romo: un político ideológico de la izquierda más pura que impulsaría una verdadera revolución.
La pregunta, entonces, es a quién creerle: ¿Al López Obrador de Romo o al de Ackerman?
Yo creo que a los dos porque AMLO, precisamente, tiene esas dos caras para jugar en dos pistas distintas. Usa a Romo (y Romo lo usa a él porque así es la política) para presentarse como un candidato moderado al cual los empresarios no tienen por qué temerle. Utiliza a Ackerman (y Ackerman a él) para quedar bien con la base electoral de la izquierda más radical.
Esta manera de actuar de López Obrador no es nueva. Ya la vimos. En su campaña presidencial de 2006, convivían dos políticos muy diferentes en el círculo lopezobradorista: Manuel Camacho y Gerardo Fernández NoroñaCamacho era el personaje sensato cuyo objetivo era convencer al electorado más moderado, en particular a la clase empresarial. De hecho, el día después de las elecciones, pensando que López Obrador había ganado, escribió en El Universalque había llegado el tiempo de la moderación y unificación del país. AMLO, sin embargo, había perdido y, desde la noche del 2 de julio, comenzó su radicalización que lo llevaría a la toma de Reforma y su autodeclaración como Presidente Legítimo. Número uno en esta línea de acción se encontraba Fernández Noroña, un provocador experto —como hoy Ackerman— en insultar a todos los que cuestionaban la verdad divina del líder.
Como en su momento me costaba un trabajo endemoniado visualizar a CamachoFernández juntos en una reunión de campaña, hoy no puedo imaginarme la misma escena con Romo y Ackerman. Por un lado, el empresario juicioso, creyente en el libre mercado y acostumbrado a tomar decisiones con base en la evidencia empírica. Por el otro, el activista fanático, ferviente opositor de la economía capitalista y habituado a lanzar graves acusaciones sin prueba alguna en contra de personas e instituciones. En medio, López Obrador, diciéndoles la verdad a ambos, pero también engañándolos. Usándolos dependiendo las circunstancias. Si el viento sopla a su favor, sacando a Romo para serenar los ánimos. Si el viento va en contra, activando a Ackerman para exacerbar emociones. Son las dos caras de AMLO: con la que se puede dialogar civilizadamente en un programa de televisión y con la que es imposible hacerlo porque, a las primeras de cambio, ofenden a sus interlocutores.

martes, 28 de noviembre de 2017

Meade, un rival complicado para AMLO

PABLO HIRIART, El Financiero, 28 nov. 17

A partir de ayer López Obrador ya tiene compañía en la carrera presidencial, donde ha reinado en solitario por carecer de rival enfrente.

Gesticula, alardea, provoca, grita y se burla a sus anchas en el ring electoral porque no había opositor con quien medirse.

Ahora ya hay competidor, José Antonio Meade, un rival complicado para el líder de Morena.

Es complicado porque la corrupción ha sido el eje del discurso de López Obrador durante años y ha tenido éxito, pero ante Meade se queda con pocos argumentos.

El próximo abanderado priista puede explicar muy bien de qué ha vivido y cuántos impuestos ha pagado. López Obrador no.

Por más que estire el cuento de que “la gente” le daba 50 mil pesos mensuales durante una década –hasta que asumió la presidencia de Morena hace apenas doce meses–, no podrá comprobar que con eso cubra el enorme gasto que ha implicado su campaña presidencial durante tanto tiempo, que incluye caravana de camionetas Suburban y viajes en avión casi cada semana.

Con Meade se va a estrellar en ese tema.

Es cierto, le podrá echar en cara la falta de crecimiento, los bajos salarios, la inseguridad rampante y las trapacerías de muchos priistas, pero en Morena no son un ejemplo de probidad ni de eficacia. No hay partido que se salve del escrutinio público y salga limpio.

Van a contar las personas en esta elección. Y Meade es menos vulnerable que López Obrador.

Será un rival complicado para López Obrador, y también para el Frente Ciudadano por México.

Ha sido el PRI, hasta el momento, el único en llevar como candidato –si se consuma la postulación de Meade– a un ciudadano sin partido que nunca ha tenido militancia alguna.

No es que sea un atributo especial carecer de historial militante, sino que ahora hay un Frente que se proclama “ciudadano”, integrado sólo por partidos y no hay siquiera una consulta a los ciudadanos para elegir al candidato.

Han hecho todo lo posible por cerrarles el paso. Ahí está Miguel Ángel Mancera, a quien le bloquean el camino a la candidatura, pese a ser el artífice del Frente. Y a Margarita Zavala, cuando dejó de ser militante de un partido le indicaron que “el que se fue, se fue”.

Dentro de los independientes fuertes, tampoco hay quién sea ciudadano sin trayectoria partidista.

Fue el PRI, el partido más rígido, el de la nomenclatura y la verticalidad excluyente, el que se atrevió a postular a un candidato ciudadano.

Guste o no, Peña Nieto leyó mejor que los líderes de los otros partidos el hecho de que la población quiere un candidato ciudadano que esté blindado contra la corrupción.

¿Quiere decir lo anterior que Meade tiene ganada la presidencia? Desde luego que no, ni de lejos.

El rival a vencer es López Obrador, quien se encuentra muy por delante de los demás aspirantes hipotéticos en todas las encuestas.

La diferencia está en que ahora AMLO ya no va solo, sino que tiene enfrente a un adversario con autoridad moral para hablar de corrupción, y con calificaciones técnicas muy por encima de las suyas para conducir al país en tiempos de incertidumbres económicas.

¿Quién va a crear más empleos, lograr mayor crecimiento económico y traer más inversión?

Son preguntas que también van a pesar y van a votar.

Con Meade, AMLO la tiene difícil, en lo personal y en lo profesional.

Pero, ojo, no ha perdido. Sigue siendo el gran favorito.

Y Meade, para levantar vuelo, tendrá que demostrar que representa a una corriente social amplia, y no a un grupo de burócratas altaneros, perfumados e insensibles.

Twitter: @PabloHiriart

viernes, 24 de noviembre de 2017

¿No que no…? ¡El dictador AMLO!

México
Es posible que recuerden que los legisladores de Morena fueron los más críticos de que el titular de la PGR se convirtiera, de manera automática, en el fiscal general.
A eso le llamaron “fiscal carnal” y fue motivo de una madriza gratuita al gobierno federal y al propio Peña Nieto.
Posiblemente recuerdan que una de las críticas más recurrentes a Morena y a López Obrador es que —por la vía democrática— pretende destruir no solo las instituciones, sino la democracia misma.
Todo ello a pesar de que la claque de AMLO muestra, hasta el cansancio, su adoración a Nicolás Maduro y a las dictaduras venezolana y cubana.
Pues resulta que el propio López Obrador se encargó de confirmar que en su hipotético gobierno promoverá “un fiscal carnal” y que por la vía de la represión a enemigos y adversarios propone instaurar una dictadura al mejor estilo venezolano.
¿Lo dudan?
En su “Proyecto de Nación 2018-2024”, el dueño de Morena, Andrés Manuel López Obrador, propone reformar el artículo 102 de la Constitución —modificado apenas en 2014— para que el presidente de la República nombre de manera unilateral a un fiscal “que se encargue de la específica atribución de investigar y perseguir aquellos delitos que quebranten la seguridad pública”.
El documento dice textual: “El presidente tendría el mando directo sobre un Ministerio Público con facultades plenas de investigación y ejercicio de acción penal, y concentraríamos en una sola oficina todas las áreas”.
¿No es eso lo que dizque pretendía Peña?
Además, Obrador prevé un “plan B” ante la dificultad para reformar la Constitución, “por las condiciones políticas de México en 2018” y ante la posibilidad de que el Congreso “no tenga mayoría clara en un solo partido político”.
El “plan B” consiste en “crear un Bloque Nacional de Seguridad, por llamarlo de alguna forma”, que, dice expresamente, dependa del Presidente de la República “y que tenga como único objetivo regresar la paz pública a nuestro país”.
Como parte del plan AMLO, el Presidente “deberá hacer un llamado a un gran pacto nacional” en el que el fiscal general designado por el Senado comisione de manera temporal al subprocurador de delincuencia organizada a fin de que “rinda cuentas y tome las acciones que el Presidente de la República le ordene”. Es decir, quiere su fiscal personal.
En pocas palabras, López Obrador propone —en su Proyecto de Nación— no solo violentar la Constitución, sino saltarse al Congreso mediante “un pacto político” para que el Presidente pueda nombrar un fiscal a modo y tomar en sus manos el control de la procuración de justicia y de la seguridad pública.
Es decir, cuando “Obrador sea presidente” iniciará una persecución de adversarios y enemigos políticos, ya que la fiscalía estará bajo su mando directo y unipersonal. ¿Y de ese fiscal carnal nada dicen los aplaudidores de AMLO?
Lo curioso es que se trata de una copia de lo mismo que hicieron los Castro en Cuba; Chávez Maduro en Venezuela, entre otros sátrapas.
Por eso preguntamos. ¿Dónde quedó la gritería de los legisladores de Morena y su condena a un inexistente “fiscal carnal” de Peña Nieto? ¿Por qué no dicen nada del intento de golpe de Estado que propone AMLO en su Proyecto de Nación?
¿Por qué nada dicen los lopistas respecto al intento de AMLO de reproducir persecuciones políticas de dictaduras bananeras? ¿Por qué callan sobre la violación constitucional propuesta por AMLO en su Proyecto de Nación? 
Actualmente, el artículo 102 constitucional señala que el fiscal general de la Nación será designado conforme a una lista de aspirantes propuesta por el Senado y enviada al Ejecutivo. A su vez, el Ejecutivo enviará de vuelta al Senado una tercia de la que será elegido el fiscal general.
AMLO pretende borrar esta disposición o bien, como él mismo dice, si no puede reformar la Constitución por la adversa composición del Congreso —en el cual su partido no tendría mayoría—, crearía de facto un bloque de seguridad controlado y centralizado en sus manos.
En el Proyecto de Nación, AMLO no deja nada entre líneas y menos a la imaginación. Está claro que aspira a su propio “fiscal pelele” nombrado por él o bien propone hacer a un lado al Congreso y a la Constitución para asumir el control del Ministerio Público y la fuerza pública.
Durante su discurso del pasado domingo, Obrador aseguró que no copiará el modelo venezolano pero, en los hechos, propuso crear un régimen político policiaco, idéntico al de Nicolás Maduro.
En dictaduras como la cubana, la venezolana y, en general en los gobiernos autoritarios, el Congreso es un estorbo. Por eso AMLO propone ingorar al Congreso y aspira a su propio fiscal.
La confesión de un futuro dictador.
Al tiempo.